20 años de cine medioambiental


El Festival de Cine Medioambiental de Washington, que inauguró el martes su vigésima edición, proyectará en las próximas dos semanas 17 trabajos documentales de Latinoamérica y España, además de otras cinco producciones internacionales que se adentran en la realidad hispanoamericana.

“El cine latino todavía no da la atención debida al medioambiente, siguen siendo documentales muy enfocados a temas sociales, pero hay quienes sí se dedican a ello y ha ido creciendo con los años”, subrayó Maribel Guevara, la programadora de cine latinoamericano del Festival.

Por ello, el evento ha programado 17 filmes latinos para esta edición producidos en España, Brasil, Argentina, Uruguay, Colombia, Ecuador, Costa Rica, México, Belice y la Guayana Francesa.

Guevara destacó el filme “Rehje”, en el que la directora Anais Huerta se adentró en los fuertes contrastes vividos por una indígena entre Ciudad de México y su pueblo nativo, y que se suma al trabajo también mexicano “Jardín en el mar”, que reclama la protección del área de Baja California.

El Festival también aprovechará la reciente nominación de Lucy Walker al premio Óscar al mejor trabajo documental para hacer una retrospectiva sobre esta directora, que incluye la proyección del filme “Waste Land” sobre el mayor vertedero del mundo, Jardim Gramacho, en Brasil.

Proveniente de España, se proyectará por primera vez en Estados Unidos el documental sobre la desertización del mar de Aral de la cineasta Isabel Coixet, “Aral: The lost Sea”.

También llegan a la capital estadounidense las producciones “¿Cuánto pesa su edificio, señor Foster?”, codirigida por el español Norberto López Amado y el afincado en Madrid Carlos Carcas, y “Sucumbíos tierra sin mal”, del riojano Arturo Hortas, que analiza los efectos de la extracción petrolífera en Ecuador.

Guevara considera que el Festival de Cine Medioambiental de Washington se ha convertido en estos 20 años en el decano del documental de materia ambiental y en un referente para otras iniciativas internacionales.

“Es una ciudad en la que tenemos una gran facilidad para contar con expertos ambientales de organizaciones internacionales basadas aquí y nos permite reflexionar después de las proyecciones con ellos”, relató Guevara, que ve este factor “clave para haber ido creciendo” al no solo entretener, como hace el cine en esencia, sino también educar.

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