A Lieberman lo comparan hasta con un cerdo

Además de ministro de Exteriores y de líder ultraderechista en Israel, el controvertido Avigdor Lieberman es ahora también fuente de inspiración de una ácida exposición artística en Tel Aviv, en la que se le compara incluso con un cerdo.

La muestra, titulada "Yvet", en referencia al nombre que recibió al nacer en la actual Moldavia en 1958, y que él cambió al emigrar al Estado judío, presenta obras de una veintena de creadores israelíes que recibieron el encargo de plasmar a Lieberman con total libertad de técnica y estilo.

"Contacté con artistas cuyos anteriores trabajos me gustaban. Quería hacer algo diferente. En vez de montar una exposición con obras que ya habían hecho, les dije: Haced lo que os inspire Lieberman, lo que queráis. Sea lo que sea, lo exhibiré", explica a Efe la comisaria, Doreet Levitte Harten.

El resultado: pocas piezas figurativas, un crisol de materiales y colores, y una primacía de las referencias al miedo y la brutalidad.

Uri Katzenstein, por ejemplo, juntó cuatro taladradoras con tiras de plástico para representar "un mecanismo del día a día que pierde el control" y remitir así a las "ideas y emociones" de Lieberman, cuyas propuestas xenófobas sobre los palestinos y exabruptos le han vetado la entrada a algunas capitales.

Lieberman ha llegado a mandar "al infierno" al presidente egipcio, Hosni Mubarak, y a sugerir que Israel lance una bomba atómica en Gaza para acabar con el movimiento islamista Hamás.

La noción de fuerza, tan visible en el físico y en el lenguaje corporal del responsable de la diplomacia israelí, impregna otras de las creaciones, que permanecerán expuestas hasta el próximo día 2 en la pequeña galería de arte Hamidrashá, en el corazón de Tel Aviv.

Es el caso de una larga fusta que forma el nombre de Lieberman, compuesta por Liav Mizrahi; de dos martillos paralelos unidos por clavos, de Erez Israeli; o del lienzo en tonos rojos y negros en que Oren Ben Moreh retrata a un imponente Lieberman en su tierra natal (donde en la vida real ejerció de gorila de discoteca).

La pieza más polémica es, sin embargo, una sencilla escultura de un cerdo sonriente, una provocadora idea de la joven Zoya Cherkassky que le ha valido la acusación de haber cruzado la frontera que separa la libertad de expresión del insulto.

"Como persona de izquierdas tengo una visión muy negativa de Lieberman y, para mí, esta pieza es una reacción emocional. Hubiera representado de la misma manera a Bibi (el primer ministro, Benjamín Netanyahu)", afirma Cherkassky sin dudar.

En una perspectiva más técnica, la artista disfruta al explicar cómo "fuera de la sala la pieza no sería más que un cerdo, pero dentro de ella lleva a cada uno a hacer sus propias asociaciones".

Otro creador que ha dejado la corrección política en el trastero es Ronen Eidelman, quien ha querido romper los arraigados mitos positivos en Occidente sobre figuras como el Premio Nobel de la Paz, Simón Peres, o como el ministro de Defensa, Ehud Barak.

Eidelman ha pegado imágenes recortadas de los rostros de varios políticos israelíes junto a la frase "Ich Bin Ein Liberman" (Yo soy Lieberman, en alemán).

Se trata de un guiño al famoso "Ich bin ein Berliner" (Yo soy berlinés) pronunciado por John F.Kennedy en Berlín occidental en 1963 para mostrar su apoyo a la Alemania capitalista, dos años después de la construcción del muro que dividiría la ciudad durante tres décadas.

"La referencia histórica existe, pero es sobre todo una forma de aludir a cómo estos políticos hablan una lengua europea con un registro alto, es decir, a cómo se presentan ante el mundo como hombres de paz preocupados por los palestinos, cuando en realidad son incluso más responsables que Lieberman de las políticas de Israel", argumenta.

La exposición no ha sentado nada bien en algunos sectores de Israel y ha llevado incluso a un colectivo de derechas, el Foro Legal por la Tierra de Israel, a escribir a la Fiscalía General del Estado para pedir que se investigue a sus organizadores y al Ministerio de Educación para que corte la financiación al centro académico superior de Beit Berl, del que depende la galería.

"Pese a la importancia de la libertad de expresión y la necesidad de protegerla, este derecho democrático no puede ser un refugio y una excusa para la incitación o para quienes usen el arte para hacer un llamamiento a la violencia", denuncia la organización.

La comisaria defiende el derecho a provocar y establece un paralelismo: "Al igual que Lieberman puede decir lo que dice, nosotros, desde la libertad del arte, también podemos".
Antonio Pita
Tel Aviv, Israel

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