A mi también me robaron


Esta mañana, cuando apenas degustaba el primer café del día junto a mi esposa y pequeño hijo, y en la compañía excepcional de mi ‘mother in lo ve’ Myriam y mi ‘sister in love’ Íngrid (me perdonan la ‘gringada’, pero me suenan mucho mejor que suegra y cuñada), quienes llegaron el martes en la noche desde Nilo (Cundinamarca), donde tienen su pequeño reino, me sorprendió una llamada del banco en el que tengo una cuenta y más la razón de la misma.

Dos días atrás yo había activado una nueva tarjeta que me habían enviado y ayer realicé tres pagos en diversos establecimientos, por lo que la joven de servicio al cliente del banco llamaba para comprobar que esos cargos eran reales y no tenían nada que ver con un robo de tarjeta o de identidad. ¡Qué susto!

Bla, bla, bla... le contesté todas las preguntas y también le agradecí la llamada, pero no pude menos que recordar una nota aparecida recientemente en un periódico local en el que se referían al paraíso del robo de identidad en el que se ha convertido el Sur de la Florida y mencionaban el nombre de varios individuos responsables de apropiarse de los datos de miles de inocentes como el suscrito.

Uno de los pillos en cuestión se había robado más de 26 mil números del ‘social security’ y los andaba vendiendo al mejor postor. Una operación a gran escala. Así de simple.

Esos mafiositos (por cierto vi muchos nombres procedentes de islas francófonas) no solo usan esos datos robados para pedir tarjetas de crédito, ordenar compras y otras vagabunderías, sino que hasta se atreven a introducir ante el servicio de rentas internas, el famoso IRS, solicitudes de reembolso de taxes, aprovechándose de resquicios que deja abiertos ese organismo, al que hasta hace poco yo mismo consideraba como un ‘duro’. Un ‘teso’.

¡Qué duro, ni que teso, ni que carajos! Le meten goles y se los meten seguido. Incluso autogoles. A mí (por eso lo de inocente que deslicé arriba) me la tienen velada desde el año 2009, porque alguien cobra mis reembolsos de impuestos y a pesar que puse la queja al IRS, los han seguido pagando al ladrón de mi número de SS y no ha habido manera de que le pongan un tatequieto a ese o esos bandidos. ¿Será que hay una suerte de complicidad interna? No sé, les confieso que lo he llegado a pensar.
Alfredo Mantilla
editor@elcolombiano.net

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