A sangre fría, porque l’amour tiene poco que ver con l’etat

Aunque los franceses le prestan cada vez menos importancia al matrimonio, nunca antes en su historia moderna se había divorciado un líder galo

PARIS — Los franceses —en la derecha y en la izquierda— recibieron la noticia de que el Presidente Nicolas Sarkozy y su esposa, Cecilia, se divorciaron con una sorprendente cantidad de sangre fría y despreocupación colectiva.


En parte es porque los franceses ya no tratan al matrimonio como una institución particularmente sagrada. La tasa de matrimonios aquí se ha desplomado en más de 30 por ciento en la última generación, y casi uno de cada dos matrimonios termina en divorcio. También es porque los franceses aún parecen pensar que si Sarkozy recorre el Palacio del Elíseo solo, no es asunto de nadie más que de él mismo.


Según un sondeo realizado después de que se dio a conocer la noticia el jueves pasado, 79 por ciento declaró a Le Divorce de “poca o ninguna importancia” en la vida política del país. Un asombroso 92 por ciento de las más de 800 personas encuestadas dijo que el divorcio no cambió su opinión del presidente.


“En Francia, aún no ponemos a la moralidad privada en el centro de la vida política”, dijo Stephane Rozes, director de CSA, el grupo de investigación que realizó el sondeo. “Los medios y la élite política quizá quieran exagerar la historia, americanizarla, pero el pueblo francés es más sofisticado. Pueden comprar las revistas People, pero siguen creyendo profundamentw que la vida política de los políticos necesita ser protegida”.


Ciertamente, como bien saben los franceses, los líderes de otros países han visto a sus matrimonios fracasar espectacularmente mientras están en el poder y han sobrevivido.


A fines de los años 80, el Primer Ministro Andreas Papandreou de Grecia dejó a su esposa para casarse con una asistente de vuelo de la mitad de su edad. En 1990, el Presidente Carlos Menem de Argentina sacó a su esposa de la residencia presidencial porque ella era demasiado crítica de sus políticas; ella posteriormente lo acusó de ser infiel y demandó el divorcio, y él se casó con una ex Miss Universo. En 2003, el Primer Ministro Goran Persson de Suecia se divorció de su esposa, y fue fotografiado con una nueva amiga cuatro semanas después.


Pero nunca antes en su historia moderna se ha divorciado un líder francés. Napoleón Bonaparte se acercó más cuando se las ingenió para conseguir la anulación de su matrimonio de 13 años con Josefina, de 46 años de edad, para poder seguir siendo un buen católico y aún así casarse con la joven Archiduquesa María Luisa de Austria, quien le dio un hijo y una dinastía.


Primeros matrimonios más recientes permanecieron juntos, pues las primeras damas eligieron guardarse sus penas para sí mismas. Danielle Mitterrand vivió con la realidad de que Francois llevada una doble vida, con una amante y una hija que nació fuera del matrimonio. Bernadette Chirac confesó en un libro que sufrió de celos terribles, pero nunca dejó que Jacques se fuera. “El día que Napoleón abandonó a Josefina, perdió todo”, le advirtió varias veces.


Pero Cecilia Sarkozy fue diferente. Nunca fue un secreto que la ex modelo, que estuvo ausente durante gran parte de la campaña electoral de este año y se negó a vivir en el Palacio del Elíseo, no era apta para desempeñar el papel de primera femme. Al preguntarle en 2005 cómo imaginaba su vida en 10 años, respondió: “En Estados Unidos, corriendo en Central Park”.


En una larga entrevista en el periódico L'Est Republicain el viernes, reconoció que dejó a Nicolas Sarkozy en 2005 durante varios meses porque se había enamorado de otro hombre, y había pedido el divorcio porque ya no quería las presiones y demandas de la vida pública.


“El divorcio de Nicolas y Cecilia Sarkozy casi pudiera ser considerado un signo —al tiempo modesto y espectacular— de una modernización de la vida pública”, señaló un editorial en el sitio Web político francés Rue89, que añadió que finalmente las exhibiciones rituales de felicidad y los dramas telenoveleros de la política han terminado.


Más importante que las confesiones personales de Cecilia Sarkozy es el destino del “soltero del Palacio del Elíseo”, como el diario popular Le Parisien describió a Nicolas Sarkozy en la primera plana del viernes. No se sabe cuánta vida social tendrá Nicolas Sarkozy, un adicto al trabajo y abstemio.


Después de que Cecilia Sarkozy lo dejó hace dos años, fue románticamente vinculado a una de las periodistas más prominentes de Le Figaro, pero se las arregló para suprimir la mayoría de los informes noticiosos. Vanity Fair en septiembre lo designó uno de los hombres mejor vestidos en el mundo, señalando el traje de lana azul de Prada que usó en su toma de posesión en mayo pasado, su reloj Breitling y sus lentes de aviador de reflejo plateado de Ray-Ban.


Los franceses han encontrado humor en el primer divorcio. En la radioemisosa Europe 1 el viernes, el comediante Nicolas Canteloup, personificando a Nicolas Sarkozy, pidió al locutor ayuda con un anuncio de corazones solitarios. “Voy a poner, 'hombre joven, atlético, que practica el jogging, recientemente divorciado”' y “'en buena situación”' que está “'buscando una mujer seria para una relación”', dijo.


Fue interrumpido por una llamada de una mujer que se identificó como Segolene Royal, la oponente socialista de Sarkozy en la elección presidencial, cuya relación con su pareja de largo tiempo terminó después de la elección. “No es Madame Royal, sino Mademoiselle Royal”, dijo la mujer (también interpretda por Canteloup), y añadió que por algún tiempo había querido el puesto de primera dama de Francia. (Confesó, sin embargo, que Sarkozy “no es mi tipo”.)


Sarkozy ha dado tantos puestos de alto nivel a mujeres que sólo tiene que volverse hacia su Gabinete para encontrar a la pareja apropiada para cualquier ocasión oficial o conversación. Michele Alliot-Marie, la mujer que es su ministra del Interior, fue previamente la ministra de Defensa.


Rachida Dati, la mujer que es su ministra de Justicia, tiene un padre marroquí y una madre argelina (lo acompañará a la visita de estado a Marruecos esta semana).


Christine Lagarde, la mujer que es su ministra de Finanzas, antes administraba Baker & McKenzie, una importante firma de derecho internacional con base en Estados Unidos, y habla un inglés tan elegante que en ocasiones lo prefiere sobre el francés.

Rama Yade, su viceministra de asuntos exteriores y derechos humanos, tiene 31 años y es de origen senegalés; Sarkozy se refiere a ella como su “Condi Rice”.


Si Sarkozy quiere encontrar una guía para vivir solo como presidente, podría investigar la vida de Gaston Doumergue. Abogado, protestante e hijo de un vitivinicultor, Doumergue era soltero cuando fue elegido el décimo segundo presidente de la Tercera República en 1924. Su presidencia fue tan tranquila que ni siquiera hay una calle de París que lleve su nombre.


Pero a los 68 años, 12 días de dejar el poder en 1931, sucedió algo maravilloso. Se casó en el Palacio del Elíseo. Su novia, Jeanne, fue descrita por los medios en ese entonces como rica, cincuentona y su enamorada de la niñez, y divorciada.


ELAINE SCIOLINO

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