Actitudes de votantes hispanos maduran más rápido que las de los políticos

Inmigrantes optimistas e idealistas de hoy, podrían detenerse inexorablemente

En la medida que cada oleada sucesiva de inmigrantes ha llegado a los Estados Unidos y ocupado su papel en la corriente económica central, con el transcurso del tiempo, sus actitudes y preferencias han cambiado. Resulta razonable entonces que las preocupaciones de un inmigrante reciente se transformen considerablemente cuando compre una vivienda, inicie un negocio y funde una familia en su nuevo país.



Esta evolución la están experimentando ahora los hispanos. Un nuevo estudio confirma que cuando cifras significativas de hispanos inician negocios y fundan familias, sus puntos de vista políticos cambian en una forma que nadie habría podido imaginar.



En un electorado estrechamente dividido como éste, con tanto que poner en juego este año, el despertar hispano es un fenómeno que los líderes políticos de ambos partidos ignoran, a su cuenta y riesgo.



Un reciente estudio realizado por Impacto Group LLC confirma que en la medida que los hispanos siguen a otros grupos de inmigrantes en el camino al cumplimiento del “sueño americano”, sus valores y aspiraciones se transforman, al igual que sus perspectivas políticas. De forma similar a los irlandeses, italianos y europeos del Este, los hispanos se están integrando a la corriente principal. Y al hacerlo, aquellos que están ubicados en el sitio más alto de la escala económica se hacen más propensos a votar, y de repente sus votos están estimulados por un mayor interés en las cuestiones económicas.



Mientras los líderes de ambos partidos políticos se debaten en torno a las sutilezas de la política migratoria, los hispanos han creado más de dos millones de pequeños negocios exitosos, muchos de éstos en estados “decisivos” como la Florida y Nuevo México. Ellos afrontan riesgos económicos, trabajan duro y crean empleos. También ponen su sangre y su sudor en esos pequeños negocios, que consideran una herencia para sus hijos.



Y son precisamente los propietarios de esos negocios, esta nueva comunidad de empresarios hispanos y sus respectivas familias, quienes podrían determinar si el presidente Bush podrá igualar o superar su proeza de ganar el 35 por ciento del voto hispano en el año 2000, y, en el proceso, poner en acción el voto hispano por primera vez en la historia reciente.



El estudio de Impacto encuestó a propietarios hispanos de negocios en Arizona, California, Florida, Nevada y Nuevo México, propensos a votar en las próximas elecciones de noviembre. Entre los resultados de la investigación figuran los siguientes:



* 8 de cada 10 dueños hispanos de negocios encuestados creen que el gravamen federal a la propiedad conocido como “Impuesto de Transferencia” es injusto, mientras que el 71% aseguró que apoyaría a los candidatos que se oponen al mismo.



* Sólo 1 de cada 3 dueños hispanos de negocios ha podido tomar medidas para prepararse con vistas a la tasa del 41 al 49 por ciento del Impuesto de Transferencia.



* Uno de cada cuatro cree que sus herederos se verían obligados a vender al menos parte del negocio para abonar el Impuesto de Transferencia. La mitad de los participantes conocen un negocio de propiedad hispana que ha confrontado problemas para el pago del gravamen, incluyendo algunos que han tenido que liquidar.



La minoría de los negocios de propiedad hispana que han podido tomar medidas para reducir la responsabilidad ante el Impuesto de Transferencia, aseguran que constituye un obstáculo para la habilidad de cumplir los objetivos de la compañía, al dedicar tiempo, energía y recursos a asuntos ajenos al esfuerzo productivo.



Lo que está ocurriendo es que en la medida que los hispanos comienzan a alcanzar el “sueño americano”, se concentran mucho más en mantenerlo y transferir sus éxitos ganados con esfuerzo a la próxima generación. Si bien persisten algunas cuestiones preocupantes como la inmigración, la atención médica y la educación, en particular; hay otros temas, como el rechazo al Impuesto de Transferencia, que están comenzando a ocupar una posición primordial.



Estos propietarios hispanos de negocios han emprendido enormes riesgos financieros. Con frecuencia, tuvieron que pedir dinero prestado a amigos y familiares para la creación de sus negocios y para mantenerlos a flote. Por todo esto, sienten una especial responsabilidad, como hispanos, de transferir a sus hijos todo lo que han logrado edificar.



A diferencia de otras oleadas previas de inmigrantes, que transfirieron los resultados de sus esfuerzos a generaciones exitosas; la mitad de las haciendas, establecimientos y negocios creados por jóvenes empresarios hispanos será confiscado por el Tío Sam, como pago de un impuesto a la propiedad. El crecimiento de una clase alta de hispanos estadounidenses, surgida de largas horas de trabajo por los jóvenes inmigrantes optimistas e idealistas de hoy; podría detenerse inexorablemente.



Al menos en lo que respecta al Impuesto de Transferencia, los votantes hispanos están madurando con mayor rapidez que las actitudes de la clase política de artífices de la palabra, generadores de opinión, hacedores de imágenes y candidatos que prolifera en los Estados Unidos. Los hispanos saben de sobra que el impuesto pone en peligro todo aquello por lo que tanto han trabajado, y quieren eliminarlo. Para ello, apoyarán a los candidatos que compartan ese mismo punto de vista, independientemente del partido a que pertenezcan.



Y la clase política de la nación debe ponerse a tono con esta realidad, por su propio bien.



*Presidente en funciones de la Cámara de Comercio Hispana de los Estados Unidos.









J.R. Gonzales*

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