Algo huele mal…


Los distintos episodios se van sucediendo como en una interminable y vertiginosa cascada. Así es todo en Colombia. No termina de concretarse la contratación de James Rodríguez por parte del Real Madrid español y ya en calles, ventorrillos y chiringüitos de todo el territorio nacional empiezan a vender las camisetas chimbas con el número 10 y el nombre del crack colombiano a la espalda. Y nadie se asombra. Los avivatos de siempre son rápidos y quieren aprovechar la efervescencia futbolística que dejó el paso triunfal de la selección colombiana por Brasil y en particular la soberbia actuación del goleador y autor del mejor gol del Mundial, el hoy 10 merengue.

Pero a pesar de su fuerza, de la pasión que despierta, esta vez el fútbol —el circo— no lo arropa todo y por los costados se cuelan señales —ninguna buena— que prenden las alarmas y ponen sobre el tapete la fragilidad en que se mueve el proceso de paz que adelantan el gobierno colombiano y la guerrilla de las Farc en La Habana. Un diálogo que hoy pareciera pegado con babas.

Hace unos días pude ver un video (confieso que no sé si es viejo o reciente) en el que uno de los negociadores de la guerrilla en la isla de los hermanitos Castro, concretamente el bautizado como Seusis Pausivas —¡qué nombrecito— Hernández, alias Jesús Santrich, ese que anda con lentes oscuros y de quien se dice que padece degeneración ocular, aunque algunas fuentes señalan que es un disfraz como el del actor Jack Nicholson (mi hermano Armando también sufre en recintos cerrados, pe-ro ni de vainas se quita las gafas), quien se burlaba de las víctimas de sus atropellos advirtiendo que ellos eran el ejército del pueblo y más que victimarios eran víctimas. En otro aparte le preguntan si le pedirían perdón a las víctimas y tararea aquella canción ‘Quizá, quizá quiza’ y suelta una carcajada burlona. ¡Payaso!

Paralelamente recrudecen los atentados guerrilleros en muchos frentes, la oposición pide mano fuerte con la guerrilla y las encuestas dan cuenta de un descenso en el respaldo de la población al proceso de paz y es bien sabido que el presidente JotaEme le para muchas bolas a esas cifras y por vez primera asomó la posibilidad de suspender el proceso si las Farc siguen con el bochinche. ¿Y, qué va a pasar? Que ellos no van a parar y Santos, que ya ve lejos el Nobel de la Paz, estará ante la disyuntiva del ‘to be or not to be’. Huele mal.
Alfredo Mantilla
editor@elcolombiano.net

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