¡Alvarito, el que se chupa el dedito!


Que tire la primera piedra el que considere que el expresidente Álvaro Uribe es tan despistado que en el ejercicio de cualquiera de los cargos de poder que ha ostentado (Aeronáutica Civil, Gobernación de Antioquia y Presidencia de Colombia, para solo citar esas ‘chanfainas’ ejecutivas) era fácil nombrar a uno de sus colaboradores cercanos sin que él dijera “esta boca es mía” y sin que supiera hasta el más mínimo detalle de la hoja de vida del personaje en cuestión. Eso no se lo cree ni Lina.

Yo no quisiera estar de nuevo en estas de tocar con las espinas de una rosa al consentido de millones de paisanos, pero es que a mí —como también le debe suceder a un resto de colombianos— me resulta difícil creer que al exjefe de estado le pusieron un elefante —como a Samper— a sus espaldas y él nunca supo cuánto pesaba moralmente.

Para aquellos que no están al tanto de este nuevo episodio del novelón nacional, les cuento que tiene que ver con el caso del general en retiro Mauricio Santoyo, acusado por un fiscal estadounidense de tener nexos con el narcotráfico, y quien llegó a ostentar el cargo de jefe de seguridad del expresidente paisa.

Lo jodido del asunto es que el cuestionado exmilitar no sólo estuvo cerca de Uribe en los pasillos de la Casa de Nariño, sino que también 'mosqueó' en la Gobernación de Antioquia e incluso ejerció de ‘espaldero’ mayor cuando don Alvarito era apenas un proyecto de cien puntos atravesado en el camino del puntero Horacio Serpa y de la siempre segundona Noemí Sanín, camino a la Presidencia. Por cierto, ¿alguien sabe cuántos de los 100 puntos de la propuesta uribista se quedaron sin cumplir?

Pero hay más en esta bizarra mala memoria del memorioso ex: Santoyo fue procesado por la Procuraduría por ‘chuzadas’ en Antioquia y aunque después una mano ‘pelúa’ le echó tierrita al caso, ¿cómo es que alguien con tal antecedente puede ubicarse en el entorno de un jefe de estado? ¿Quién lo arrimó hasta allí?

Hay más, pero no queda espacio. Sólo me resta advertir que no puedo creer que tantas personas y situaciones oscuras alrededor de Álvaro Uribe sean simple coincidencia. Algo debe haber, ¡nojoda!
Alfredo Mantilla
editor@elcolombiano.net

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