Ando volando bajo…

Nada mejor que la letra de un tango, un vallenato o de un corrido mexicano, para tocar el fondo del corazon latino...



No se, pero para mi tengo que si a nuestro conflicto nacional se le ha permitido ocupar 2/3 de la vida de connacionales que hoy tienen 60 años y toda la vida de los que son menores de cuarenta, bueno, es porque los colombianos andamos ‘volando bajo’, ¿o no?



Por muchos años pensamos que nuestro conflicto de orden público sería como todos los anteriores, pasajero, si dejáramos que nuestros politicos lo arreglaran con leyes y nuestras FF.AA. con balas. Pero... ¡no!, tal como apunta el formidable verso de César Vallejo, “el muerto siguió muriendo...”



Llegó luego el problema de la droga y pensamos que los politicos y las FF.AA. se encargarían de solucionarlo. Pero “el muerto siguió muriendo”. Llegó el problema del paramilitarismo y pensamos que los políticos y los soldados nos harían el favor de arreglar la cosa. Pero “el muerto siguió muriendo”. Llegó el desbarajuste total, la economía por primera vez afectada por la violencia, torrentes de sangre, políticos y paramilitares en compadrazgo. Llegó un presidente iluso a tomarse de la mano con las farc sin entender lo que hacía, llegó el narcotráfico en masa, Colombia toda en el fondo de la paila, y pensamos que era cuestión de políticos y militares arreglarnos el problema, “pero el muerto siguió muriendo”.



Llegó en el 2002 un político prometiendo cambiarlo todo y comprometió a las FF.AA. a apersonarse de la pacificación nacional. Los indicadores básicos muestran que ha habido progreso. Las FF.AA. se han oxigenado. Volvió un módico de optimismo al espíritu ciudadano, pero, a pesar de todos los esfuerzos, toda la buena voluntad y todo el trabajo, en el fondo “el muerto sigue muriendo”.



¿Vamos bien? ¿Es la solución apenas cuestión de tiempo? ¿De reelección?



En el fondo, los anteriores interrogantes son innecesarios, a la luz de las lecciones que ofrece la historia univesal y en especial la nuestra. No ha existido pueblo en conflicto interno, y menos uno en conflicto tan macho como el nuestro, que haya salido adelante sólo en merced al trabajo de un presidente y las FF.AA. Hablo de salir adelante permanentemente, porque soluciones temporales y prosperidad a medias, eso lo puede producir un presidente de armas tomar. El héroe en la historia ha sido necesario, pero el héroe siempre ha sido el mástil de todo un pueblo en movimiento, no el de un pueblo en calma chicha. Y el ciudadano colombiano no se muestra activo.



El muerto de Vallejo siguió muriendo después de que 20, después de que 1000, después de que 1 millon de personas se le acercaron a decirle “vuelve a la vida”. El muerto se echó a andar sólo cuando lo rodeó toda la humanidad y le dijo: “¡Levántate!”.



Es de creerse que a Colombia le sucederá lo mismo. Sólo saldrá adelante si los colombanos todos, no si el presidente, no si las FF.AA. y unos pocos mas se apersonan del gran dilema que tenemos. La tarea es para todos los colombianos.


¿Es posible decir que la ciudadanía lo entiende? No parece.



Se da la impresión de que los colombianos nos la jugamos toda de una manera deshonrosamente fácil. O que siga gobernando el mismo presidente. O que suba otro a gobernar. En esas dos opciones estriba el máximo de la participación ciudadana y eso no es suficiente.



Por un lado están los políticos de siempre, politiqueando. Que asambleas, que candidatos, que votos, que convenciones y componendas, lo apenas mecánico y menos importante de la democracia republicana. Por el otro lado están dos clases de ciudadanos.



1. Los uribistas. Es decir, los que no hacen nada propio para incidir en la lucha pragmática por el cambio, pero que absuelven su culpa y sus conciencias apoyando con el voto al político que ha prometido luchar por todos, el presidente, para que él haga el trabajo que su negligencia e irresponsabilidad no les permite hacer a ellos mismos. Ésta es la participación por encargo. La participación expresa en un cheque en blanco. La responsabilidad de millones de personas puesta en una sola. Es la claudicación de todas las obligaciones ciudadanas, menos una.



2. Los anti uribistas. Es decir, los que desean a otro en el estrado presidencial. Seleccionado entre un grupo descolorido de candidatos no superiores a Uribe, y muchos de ellos inferiores. Son los que apoyaran con su voto al elegido candidato por la oposición, pero con la mentalidad de siempre: acomodar un nuevo gobierno en beneficio de grupos diferentes a los que están medrando del poder ahora. Son los que no han adelantado en tres años de oposición una agenda programática para resolver cada aspecto de la problemática colombiana. Son los que se han opuesto a los múltiples errores de Uribe, pero sin capacidad para movilizar la conciencia y el brazo colectivos alrededor de enunciados convincentes.



¡No! Sólo la totalidad de los colombianos, tomando la batuta del cambio en la mano, reunidos en un número infinito de organizaciones, proponiendo las soluciones (no sólo proponiendo a quien debe traer las soluciones), sólo nosotros, la masa democrática pensante y actuante de nuestro país diciendo con hechos “vuelve a la vida” podría hacer que Colombia se eche a andar. A andar permanentemente. Pongámonos a volar alto, nosotros, y ya veremos como nos seguirán las aves políticas. Así sí encontraremos el cóndor óptimo, no para que nos guíe, sino para guiarlo en la presidencia, que es propiedad inalienable de todos los colombianos.



Jairo Sandoval
jfsando@msn.com

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