Apetito voraz y manoseo del rabo presidencial


Con cada día que pasa se les abre más el apetito a los negociadores de las Farc en La Habana. Y no es que estén pidiendo langosta, cochinillo, jamón cinco jotas, faisán y platillos sofisticados que ni conocían —que igual los piden— sino que tienen la certeza que la administración de JotaEme apostó su exiguo capital político a la eventual firma de un acuerdo de paz y por eso se están saliendo del libreto prediseñado y con cada pasito tuntún de las conversaciones, ellos se aventuran a exigir un poquitito más para ver que obtienen. En lenguaje coloquial, saben que le pueden coger el rabo al presidente y lo están manoseando sin contemplaciones. ¡Abusadores!

Yo no sé si usted se ha paseado por los alcances del debatido tema agrario que ya fue pre aprobado, pero yo estuve leyendo algunos apartes y no veo cómo la siguiente administración —y la de más allá— podría cumplir con todas las implicaciones de ese compromiso. Es más, no tengo que meterle poderes síquicos al asunto para asegurar que don Alvarito y sus amigos —agrupados en el exclusivo club de los terratenientes— le van a poner un cargamento de troncos a las ruedas de esa reforma. ¡Puedo jurarlo!

Para colmo de males, las últimas cifras de encuestas desnudan la gran debilidad de la actual administración y el rechazo mayoritario de la población a una eventual reelección de JotaEme y eso no hace más que envalentonar a las Farc para seguir midiéndole el aceite al presi. Mala cosa.

En esa tónica, ayer salieron pidiendo avanzar hacia “la democratización real” de Colombia, con una “redefinición de los poderes públicos, eliminación del carácter presidencialista del Estado, descentralización profunda, la reconversión de las Fuerzas Armadas y una reforma judicial a fondo.

También reclamaron una reforma electoral que regule la contienda política “en equidad e igualdad de condiciones”, que erradique el “clientelismo” y las prácticas “corruptas” y garantice la participación de las fuerzas opositoras.

¡Qué gracioso!, curiosamente lo mismo que exigió la exsenadora Piedad Córdoba en una reciente diatriba en República Dominicana, donde reveló que quiere ser presidenta y —tan inocente ella— volvió a jurar que no tiene nada que ver con las Farc. ¡Tan bella!, la casi viuda chavista...
Alfredo Mantilla
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