“Así ‘descubrí’ a la Shakira que hoy asombra al mundo” (IV Parte)

Saboreando las dulces mieles de los primeros triunfos

Shakira iba creciendo tanto en edad como artísticamente y luego de muchas presentaciones locales y regionales, entre las que se recuerdan una para las secretarias de CADES, donde se ganó un premio para viajar a Estados Unidos; otra en un pueblo, donde asistió muy poca gente y hubo que acudir a llevar vecinos recolectados casa por casa; y un triunfo indiscutible en el Amira de la Rosa, con lleno total y acompañada por su propio grupo.



Y llegaron sus 15 años, donde hubo dificultad para conseguir un sitio donde le cobraran lo más económico. Hubo un alma generosa que le cedió un pequeñísimo local en el Hotel Royal, para unas 20 ó 30 personas entre padres, hermanos, la abuela y mi esposa Lourdes.



Una periodista, Mónica Ariza, que le admiraba mucho, le presentó a un ejecutivo de la Sony en el Hotel El Prado y ella cantó a capela en un salón y el hombre se fue impresionado a Bogotá. Esa conexión quedó allí. Como a los 17 ó 18 años deciden sus padres irse para Bogotá a probar suerte. Le sirvió de asistente Mónica, hasta cuando empezó a conseguir algunos contratos y fue despedida y no se supo más de ella. Shakira jamás se ha referido ni a ella ni a esos comienzos, por lo menos públicamente.



En Bogotá la vida fue difícil. Vivía en pensiones, se trasladaba en bus en distancias larguísimas para pruebas musicales. Consiguió una secretaria de nombre María Sánchez, que era periodista muy conocida y quien prometió presentarle gente del medio. Y lo hizo. Trabajó años con Shakira. Más adelante, y siendo Shakira ya famosa, cuando María se casó se le presentó a la boda sin avisarle, en un detalle sin duda grandioso y para no olvidar jamás. Sin embargo, María escribió un libro negativo sobre Shakira que fue repudiado por sus padres hasta el punto de que se habló de demanda. En ese libro María y una compañera de oficio, Ana Sofía Sierra, presentan a una Shakira inadaptada en Bogotá, ansiosa de surgir a la brava, que se enamoraba fácilmente, mal vestida, físicamente propensa a la gordura y que recibía muchas humillaciones en las estaciones de radio donde no la querían recibir. Que tuvo que aceptar participar en un concurso de “la mejor cola” para ver si llamaba la atención y al ganar comenzaron a fijarse en ella.

Hasta que conoció otras personas que cambiaron su vida en Bogotá: El ejecutivo de la Sony que la presentó a su jefe y empezó a grabar; y Patricia Téllez, que fue su mejor amiga siempre hasta su muerte. De entonces se recuerda la presentación que hizo en el lanzamiento de una revista, donde opacó a las cantantes extranjeras Thalía y Paulina Rubio ante el asombro de los miles de asistentes.



De la parte romántica los investigadores de esa etapa capitalina le atribuyeron con mucha ligereza romance con actores, cantantes nacionales y extranjeros como Ricky Martin, lo que a lo mejor, conociendo a los periodistas de farándula, fueron simples amistades o especulaciones publicitarias.



Cuando ya se hablaba de Shakira en Bogotá, luego que la promocionó Alejandro Villalobos, tan escuchado en su programa, empezó a enviarme recados telefónicos diciéndome gentilmente que cuando fuera a Bogotá tenía que bajarme en su casa. Nunca lo hice, porque siempre llegaba a la casa de una famosa mentalista y vidente de nombre Maribel Moreno, quien terminó siendo la consultora del tema para navidades en las revistas “Vanidades Continental” y “Cosmopolitan”.



Un día, sin embargo, le anuncié que quería ver como le iba en Bogotá. Se puso feliz y me dijo que me iba a invitar a almorzar. En ese momento ya era súper conocida por la novela el OASIS. Me alojé en casa de Maribel y mi objetivo era recibir a Julio Iglesias en horas de la noche que venía con Talhía a grabar el video “Besa Morena”. Como la llegada era en la noche, me fui al apartamento de Shakira. Estaba con una amiga y sus padres. Nos tomamos varias fotos y me dijo que fuéramos a almorzar al lugar que yo quisiera. Le dije que quería un sitio antioqueño. Así lo hicimos. Y no fue filtrarse que estaba allí para que comprobara que ya era famosa en Bogotá. Tuvo que firmar autógrafos a los comensales, empleados del lugar incluyendo cocineros. Cuando ya estábamos en los postres de pronto me dijo “se que te alojas donde una mentalista y quiero que me lea la suerte”. Sus padres protestaron de inmediato y le prohibieron que fuera, pero ella se levantó del asiento y me dijo ¡sígueme! Nos fuimos en su carro a la casa de Maribel que recibió sorprendida la visita. Luego de la charla, Maribel le preguntó “¿qué deseas, carta o mano?”.

“Mano” contestó Shakira…



Y lo que le dijo Maribel —ya fallecida por cáncer en el páncreas— fue preciso en todo. Le dijo lo siguiente:



“Vas a triunfar primero en Venezuela, en el amor veo a un hombre del trópico que te hará sufrir mucho y mucho mayor que tú. Conquistarás el mundo y no habrá lugar donde no se escuche tu música. Y luego vendrá a tu vida un hombre del sur pero no será el definitivo en tu vida”…



Al correr de los años esa predicción se cumplió al pié de la letra.



Cuando Shakira empezó a “comerse el mundo” anunció visita a Bogotá con Emilio Estefan y me envió un recado: que estuviera con ella ese día y llevara a Maribel porque quería saber cómo iba a ser la relación con Emilio. Así lo hice. Maribel le dijo a su madre delante de mí que le dijera a Shakira que esa unión duraría cerca de un año y no era conveniente porque vendrían celos de la esposa de Emilio. Que no se hiciera muchas ilusiones. Y tal como lo pronosticó Maribel, ocurrió.



Cuando regresamos del restaurante le pedí a Shakira que me acompañara a recibir a Julio Iglesias y ella tan linda como siempre me dijo que no era tan importante como para estar allí. Me fui al aeropuerto y estuve con Julio 3 días acompañándole en sus desplazamientos profesionales. Durante la grabación en un rancho en las afueras de Bogotá, me tocó sentarme cerca de un argentino ejecutivo de la Sony que había llegado con Julio en su avión. En un aparte de la conversación que teníamos, me dijo que la semana anterior, en una convención que hubo en Los Ángeles, California, había conocido a una jovencita que había impresionado a los ejecutivos de la empresa cuando se presentó en una prueba de talentos. El argentino me decía que no recordaba el nombre y le pregunté ¿si era físicamente pequeña, de pelo ensortijado y con buenas caderas?... se rió y dijo que sí. Le dije: “a esa niña yo la ayudé, fui su primer promotor y se llama Shakira”. El argentino me dio una tarjetica con este recado: “dígale a Shakira que persevere que puede llegar a ser la cantante número uno del mundo”... Me fui al apartamento de Shakira y le conté el episodio. Nunca la vi tan contenta al ver el recado y la tarjetica. Cosas de la vida...



Cuando Julio terminó la grabación en la madrugada, me dijo que lo acompañara al aeropuerto para despedirle. Antes de subir los escalones de su propio avión —seguramente él recuerda lo que le dije que fue textualmente— “Mi querido Julio, estoy promocionando una cantante que en su momento venderá más discos que tú”. Él sonrío, me abrazó y me dijo “si tú lo dices habrá que creerte”…



Lo que pasó después lo sabe el mundo. Primero tuvo un fracaso grande con el disco Peligro, atribuido al promotor argentino Eduardo Paz, casado con la actriz Lorna Cepeda, más adelante el trancazo de “Donde estás corazón” y le llegó el momento de volver a Barranquilla en plan de GANADORA, para presentar en el estadio Romelio Martínez, aquel fatídico concierto del 16 de agosto de 1996, que en el próximo capítulo de esta serie he titulado: “El concierto que todos quieren olvidar”, que lo dividiremos en dos partes por la investigación minuciosa que hice, que más bien parece un relato policial y cinematográfico, analizando punto por punto lo que ocurrió y quiénes eran las victimas fallecidas: 4 muertos, una niña que se suicidó porque la madre no le dio permiso para ir al concierto y decenas de heridos.



Como adelanto puedo decirles que todos los jóvenes muertos tenían algo en común: DESOBEDECIERON A SUS PADRES QUIENES LE NEGARON EL PERMISO PARA IR…



(Próximo capítulo: el concierto que todos quieren olvidar)



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Edgar García Ochoa
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