Cálculo moral: negociar o no negociar, he ahí el dilema

No parece existir una fórmula correcta para lidiar con secuestradores y menos si se trata de casos en los que está en juego la vida de muchos rehenes

Quizá nunca sepamos lo que desencadenó la matanza del viernes en una escuela de Beslán, en la fracturada región rusa del Cáucaso. Las fuerzas especiales rusas dicen que tuvieron que tomar por asalto el plantel cuando los militantes dispararon contra algunas de las mil o más personas que tenían en rehenes en el interior.



La mayoría de los 30 militantes no sobrevivieron para contar su versión de los hechos. Tampoco sobrevivieron unos 200 civiles, y quizá muchos más; jóvenes, madres y maestros perecieron al inicio del año escolar en medio de las explosiones y el fuego cruzado de un rescate que resultó horrible.



Nunca lo sabremos y quizá no importe. Al tomar en rehenes a cientos de niños, la gente que precipitó la carnicería de Beslán elevó un poco más la escala del horror.



Y al responder con su típica fuerza bruta, los rusos han vuelto a plantear la más aterradora de las ecuaciones: ¿Cuántas vidas inocentes equivalen a la de un terrorista? ¿Dónde está el punto en el que una carnicería de civiles deja de ser daños colaterales en la batalla contra el mal, y empieza a fomentar al mismo terrorismo que causó tal sacrificio?



"Una vez más" es la frase operativa, porque el manejo que tiene el gobierno ruso para estos casos de terrorismo, como el de los rehenes de Beslán, se ha vuelto el mínimo denominador común de tales crisis.



Hace casi dos años, las fuerzas especiales rusas resolvieron la captura de unos 750 asistentes a un teatro del centro de Moscú, inyectando un poderoso tranquilizante en el sistema de ventilación del auditorio, matando de paso a 250 de las personas que trataban de liberar. Los funcionarios médicos insistieron después en la improbable versión de que muchas de las víctimas habían muerto por tensión y otras causas. Nunca se publicó el número verdadero de muertos e incapacitados.



Muchos expertos sostienen que la aterradora cuota de la operación simplemente alentó a que los terroristas -islamistas extremistas que exigen la independencia de Chechenia- tramaran más horrores. En Beslán, el ciclo parece haber comenzado de nuevo.



"No se hizo nada para salvar vidas" en Beslán, declaró en entrevista telefónica desde Moscú Pavel Felgenhauer, analista militar y agudo crítico de la política antiterrorista del Kremlin. "No tengo ninguna consideración para con captores que ponen a niños inocentes en la línea de fuego. Pero entre las fuerzas especiales también hubo una descarada desconsideración por la vida humana", agregó.



Empero, incluso si suponemos que fuera correcta la condena de Felgenhauer, que es ampliamente compartida, contra la insensibilidad del poder ruso, aún persiste la pregunta: ¿Cuál es la mejor forma de lidiar con tal locura calculada?



Una incógnita de la ecuación, dice Giandomenico Picco, veterano negociador en casos de rehenes para las Naciones Unidas, es la intención de los terroristas. En épocas más inocentes, Picco ayudó a solucionar secuestros y tomas de rehenes por terroristas que tenían metas específicas y asequibles. Esto ya no es el caso hoy en día.



La diferencia, sostiene, es si los terroristas tienen una objetivo táctico -un interés de corto plazo que pueda satisfacerse mediante negociaciones- o uno estratégico, como la destrucción de los valores occidentales, que muy probablemente nunca se alcance.



Picco no conoce los fines últimos de los captores de Beslán, pero afirma que su meta distante, una Chechenia independiente, podría abarcar la división. El sitio, agrega, fue "una operación realizada para subrayar un argumento: crear una atmósfera de miedo entre la población civil rusa, y demostrarles a sus seguidores que realmente son capaces de llevar a cabo una operación de esa naturaleza".



No es simplemente cuestión de disuadir a aquellos cuyo único objetivo es demostrar que pueden sembrar el caos. Aun más, los occidentales rara vez han tenido la oportunidad de intentarlo. "Sólo podemos hacer una comparación teórica entre lo que hicieron los rusos y lo que nosotros podríamos haber hecho" en Beslán, dice Picco, "porque nunca hemos estado en esa situación".



Pero hay algunos paralelismos burdos. Israel lucha todos los días contra los militantes palestinos que tratan de hacerse de un territorio islámico para su patria. La Gran Bretaña ha combatido desde hace decenios contra los militantes católicos que quieren una Irlanda del Norte separada. Francia combatió a los separatistas argelinos, ante quienes acabó cediendo. Las tensiones religiosas y nacionalistas en la región de Cachemira continuamente encienden la actividad terrorista en la India, que reclama parte del territorio cachemiro ocupado por Pakistán.



Rusia siempre ha estado en desacuerdo. Ha tomado una postura de línea dura contra las negociaciones con los separatistas chechenos por el control político. Hay un historial de brutales represiones de Rusia contra los chechenos que tiene raíces muy profundas en toda la región.



Si bien los islamistas están lejos de ser incoentes en este guerra -aunque para muchos cada vez están más bajo un control extranjero radical-, los representantes más moderados se han pronunciado en favor de que haya negociaciones para dirimir la disputa con el Kremlin.



A raíz del asalto contra Beslán, funcionarios rusos de la región dijeron que tratarían de hablar con el ala política del movimiento separatista checheno para explorar caminos para llegar a la paz en la región. El Kremlin, que rígidamente ha rechazado tales aperturas en ocasiones anteriores, esta vez dijo que dichas pláticas eran un asunto mermante local.



"Muchos dirían que el caso checheno tiene mucho en común, como en una plantilla, con la cuestión de Irlanda del Norte", asegura PIcco. "Es sólo una cuestión política, y sólo la política la resolverá".



Dependiendo del punto de vista, la última concesión para entablar tratativas señala que tras varios de terror y muerte, Rusia se ve obligada a sentarse a la mesa de negociaciones. O, por el contrario, que el Kremlin está adoptando una posición más realista sobre lo que necesita hacer para apaciguar su flanco separatista.







Por MICHAEL WINES

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