Cielos limpios: Estados Unidos le gana a China


Esta semana, una nube de esmog fotoquímico procedente de China se adentró en Japón. Este hecho pone de manifiesto la realidad de que la polución atmosférica de China está empeorando, a pesar de las lamentaciones acerca de que el “mundo nos está superando” en lo que respecta a las energías limpias.

Esa cita es del año 2009 y pertenece a Steven Chu, entonces secretario de Energía del presidente Obama. Chu presentó su dimisión el pasado viernes en una carta en la que sugería que quienes no estaban de acuerdo con él vivían en la “Edad de Piedra”.

Los progresistas se han estado quejando durante mucho tiempo de que China destina más dinero que Estados Unidos a iniciativas en pro de las energías limpias. El exsenador Jeff Bingaman (D-NM), presidente del Comité Energía y Recursos Naturales del Senado hasta que se jubiló este año, se quejaba de que Estados Unidos “no puede competir al mismo nivel con países que tienen firmes normativas industriales cuando nuestras propias normativas han sido incoherentes y erráticas”.

El presidente Obama se expresó poco después de que los medios de comunicación hubieran empezado a dar cobertura al escándalo de Solyndra, manteniendo su respaldo a las energías limpias con el argumento de que Estados Unidos podría perder terreno ante otros países. “No cederé la industria eólica, solar o de baterías a China o Alemania porque aquí rechacemos alcanzar el mismo compromiso”, indicó.

Sin embargo, la inversión de China en las energías limpias no ha producido mejoras en la calidad de su aire. El Índice de Calidad del Aire, utilizado por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), mide las partículas presentes en el aire hasta un nivel de 500, que es 20 veces más que el estándar de calidad del aire de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sólo en enero, la cantidad de partículas en el aire de Pekín superó en dos ocasiones las capacidades de medición.

El problema de la contaminación en China no es un problema del dióxido de carbono (CO2), pues el CO2 es invisible, inodoro y no es tóxico. El problema de China es con la contaminación tóxica, del tipo que en Estados Unidos hemos reducido espectacularmente desde 1980. Puesto que China no está dispuesta a eliminar las emisiones realmente tóxicas, cuando la tecnología efectiva y asequible para hacerlo ya se está comercializando, ¿por qué va a pensar nadie que de verdad se preocupa por reducir las emisiones no tóxicas de CO2? Desde luego que no si nos atenemos a su historial.

A pesar del gasto de China en energías renovables, sus emisiones de CO2 han superado ampliamente a las de Estados Unidos. En 2010, Estados Unidos había disminuido sus emisiones de los 5,650 millones de toneladas de 1998 a 5,600 millones de toneladas. Mientras tanto, China emitió 8,950 millones de toneladas en 2010, comparados con los 3,650 millones de 1998. Las cifras más recientes ponen el objetivo de Estados Unidos en menos de 5,400 millones de toneladas para 2013, mientras que está previsto que China alcance 9,700 millones de toneladas o incluso más, aunque es algo difícil de estimar debido a que China ya no hace pública la información sobre sus emisiones. Lo que sí es seguro es que China es, de lejos, el mayor emisor de CO2 del mundo.

Sea cual sea la carrera de subsidios gubernamentales en la que esté participando China, es una carrera que no queremos ganar. Los políticos que piensen que la normativa energética de China es un modelo para Estados Unidos sólo tienen que mirar alguna fotografía de Pekín.
por Rudy Takala & Dr. David Kreutzer

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