Claves para sobrevivir a la temible “edad del pavo”

La adolescencia resulta tan desconcertante y difícil de manejar para los hijos que la viven como para los padres que la padecen. Los mayores comprueban azorados, que su “pichón” comienza a levantar vuelo, aunque sin conocer hacia dónde, y que se está transformando, aunque todavía ignoran en qué...


Desde hace unos meses, los pensamientos y emociones de Luís, su cabeza y su corazón, se han convertido en una vorágine de problemas, inseguridades, incertidumbres y contradicciones.


Reacciona de forma impredecible, se muestra testarudo al discutir con sus padres, se opone a todo y a casi todos, se expresa poco y cuando habla lo hace mediante murmullos o a los gritos.


Aunque en su interior no sabe quién es ni tampoco lo que quiere, y cambia continuamente de ideas y propósitos, se comporta como si fuera el “dueño de la verdad” y siempre intenta ganar las discusiones, para encontrar la estabilidad de la que carece.


Marta, una adolescente compañera de instituto de Luís, tampoco es ya la misma: se ha vuelto contestataria, una “rebelde sin causa”, una opositora sistemática a lo que le dicen los adultos. Su propia cara se ha modificado, y debe mirarse al espejo para acostumbrarse y adaptarse a su nueva imagen.


Ella quiere emanciparse y ser autónoma, demostrar que es distinta a sus padres. Quiere que la reconozcan como alguien independiente, pero al mismo tiempo no se muestra responsable a la hora de estudiar, ordenar su habitación, cuidar a sus mascotas o gastar racionalmente.


Los padres de Luís y Marta, sienten que sus hijos han sufrido una metamorfosis ante sus ojos, se han transformado en una nueva persona que les resulta extraña, cambiante, imprevisible, diferente de la que era, a veces casi un desconocido para sí mismo.


Ellos hacen lo posible para vivir en paz con sus hijos pero surgen continuos conflictos, tratan de comunicarse, pero les dicen que “no los comprenden”. Pierden la paciencia y se multiplican las batallas. La convivencia se torna cada vez más difícil.


Además, la falta de sintonía con sus hijos les hace temer que se “descarríen”, anden “en malas compañías” o caigan en algunas de las conductas de riesgo propias de esa etapa, como el fracaso escolar, el consumo de alcohol y drogas, las conductas marginales o el aislamiento.


De acuerdo a estudios recientes, la llamada “edad del pavo” de los adolescentes empieza cada vez antes y se acaba más tarde, y tiende a ocasionar mayores problemas.


Antes, esta etapa que marca el final de la adolescencia y el logro del equilibrio personal y que supone adaptaciones que conducen a la integración psico-social, la integración afectiva y sexual y la asunción de ciertos valores por parte del joven, duraba alrededor de cuatro años, pero ahora en muchos casos empieza a los 12 años y en ocasiones se prolonga hasta la veintena


Para el sociólogo español Luís Sáez, este fenómeno se debe a la influencia de la sociedad de consumo, ya que “los padres tienen cada vez menos tiempo para dedicar a sus hijos y intentan compensarlo comprándoles bienes materiales”.


Esta falta de dedicación y atención paternas conduce a carencias de normas y valores en los adolescentes lo que les lleva a sufrir problemas de inestabilidad, adaptación social y psicológicos.


Consejos para ayudar a los hijos


Sea como sea, el problema de los padres no consiste en la mayor duración de “la edad del pavo”, sino en con ayudar a sus hijos en esta difícil etapa. Estos son algunos de los consejos de los expertos para conseguirlo:


• Evite adoptar posiciones extremas como la prohibición total, la protección excesiva, ola obsesión por saber todo lo que hace su hijo o hija. Es preferible actuar con flexibilidad, tolerancia e inteligencia.


• En lugar de desgastarse discutiendo por temas sin importancia, ejerza ante su una explicación firme y razonada sobre cómo ciertas costumbres, diversiones o prácticas pueden ir en contra de la salud, la seguridad, los estudios, la buena alimentación y el descanso del adolescente.


• Intente comprender que su hijo está viviendo un proceso transitorio de construcción personal y emancipación, que usted atravesó en su momento, y que ahora se refugia en una masa protectora que le da seguridad ante un mundo adulto que considera amenazante, pero después ya madurará.


• Manténgase bien informados respecto cómo evolucionan los sentimientos, emociones, cuerpo y relaciones sociales de su hijo adolescente.


• Intente mantener una comunicación abierta con su hijo o hija, haciéndole sentir que siempre estará disponible, en cualquier circunstancia, interesándose por lo que le agrada y disgusta, escuchándole con paciencia e interés, y tratando de ponerse en su para comprenderle mejor.


• Facilite la independencia del adolescente, cediéndoles poco a poco mayores espacios de decisión, libertad y responsabilidad, pero explicándole que cada acto y palabra tiene sus consecuencias, positivas o negativas, y que debe tenerlas en cuenta antes de actuar o hablar.

María Jesús Ribas

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