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Comer fuera conlleva riesgos para la salud de los niños

Los niños que comen fuera de sus hogares con mayor frecuencia son más vulnerables a la presión sanguínea elevada, puntuaciones deficientes de colesterol y a otros factores de riesgo para enfermedades cardiovasculares, según halla una nueva investigación.

“Si este problema no se enfrenta, podría extenderse hasta la vida adulta”, señaló Karen Olson, enfermera y coautora del estudio presentado el lunes en las Sesiones Científicas 2005 de la American Heart Association en Dallas.

El Dr. Lawrence Appel, profesor de medicina de la Universidad de Johns Hopkins en Baltimore, agregó, “esto confirma una vez más que cuando comemos fuera, perdemos el control de los nutrientes”.

Pero comer fuera podría ser sólo la mitad del problema, añadió Appel. “Cuando comemos fuera, comemos peor, aunque el ambiente del hogar tampoco es el ideal”, destacó. Una combinación de pobres hábitos alimenticios, dentro y fuera del hogar, incrementa de forma dramática la posibilidad de problemas de salud importantes posteriormente en la vida, afirmó.

Tanto la obesidad infantil como la adulta se han convertido en problemas de salud de consideración pública en los Estados Unidos y, cada vez más, en otros países desarrollados.

“No es algo nuevo que la obesidad y los trastornos relacionados sean una preocupación de salud principal en los EE.UU.”, señaló Olson, quien es director ejecutivo de la Cardiovascular Research and Education Foundation en Wausau, Wisconsin. “Si no ha sucedido ya, muchos expertos creen que muy pronto superará el tabaco como la causa número uno de muertes prevenibles en este país”.

Y los cuerpos de los niños son el espejo de ese incremento en el peso corporal de los adultos, agregó Olson.

Este estudio, parte del Wausau SCHOOL Project, es un esfuerzo comunitario para abordar la salud cardiovascular de los estudiantes en el distrito escolar de Wausau en el norte central de Wisconsin.

En general, 621 estudiantes de segundo, quinto, octavo y decimoprimero grado fueron seleccionados de forma aleatoria para ofrecer datos completos, incluyendo encuestas sobre la altura, peso, dieta y ejercicios así como pruebas de laboratorio en ayunas. La mayoría de estudiantes estaba en quinto y octavo grado, con una edad promedio de apenas 13 años.

Los estudiantes fueron divididos en dos grupos: Aquéllos que comían fuera cuatro o más veces a la semana, y aquéllos que comían fuera menos de cuatro veces cada semana.

El veinte por ciento de los estudiantes señaló que comía fuera cuatro o más veces a la semana, sin incluir los almuerzos en las cafeterías escolares. Para el decimoprimero grado, el 37 por ciento comía con más frecuencia fuera del hogar, lo que posiblemente indica la disponibilidad de medios independientes de transporte, afirmó Olson.

El grupo que cenaba fuera tenía una presión sanguínea más elevada, menor sensibilidad a la insulina, menores niveles de colesterol HDL “bueno”, y partículas del colesterol LDL “malo” de menor tamaño, lo que está asociado con la arterosclerosis. Su dieta tenía mayores niveles de almidón, azúcar, sodio, grasa y colesterol.

Comer fuera está correlacionado a menudo con menor actividad física y más consumo de soda, casi el doble, encontró el estudio.

Los niños que comían fuera con más frecuencia no eran significativamente más obesos que aquéllos que comían en casa más a menudo, pero esto simplemente podría significar que no hubo un tiempo suficiente de seguimiento para observar el efecto, señalaron los investigadores. De hecho, un estudio que aparece en The Lancet a principios de este año mostró que el consumo de comida rápida estaba altamente asociado al aumento de peso.

Si acaso, los datos de Wisconsin podrían ser más bien una subestimación de pobres hábitos alimenticios, dado que no incluía las comidas para llevar o pizzas congeladas así como otras comidas preparadas, destacó Olson.

“Comer fuera, tener pobres hábitos alimenticios así como las actividades sedentarias resulta una combinación peligrosa”, afirmó Olson. “Existe una preocupación por el desarrollo temprano del síndrome metabólico y de los problemas a largo plazo de diabetes y de enfermedad cardiovascular”.