Como táctica, una huelga de hambre es considerada algo deficiente

Pocos huelguistas parecen durar más de una semana, aunque problemas físicos graves sólo empiezan alrededor de la tercera

NUEVA YORK — Saddam Hussein terminó su huelga de hambre de 19 días el miércoles pasado con una comida compuesta de carne, arroz y Coca-Cola, pero tuvo poco que mostrar como resultado de su ayuno. Los iraquíes en particular, que viven día a día con una brutal violencia sectaria, consideraron el auto-sacrificio de Saddam como un insulto.



“La huelga de hambre de Saddam no funcionó porque la realizó alguien que está acabado en Irak y no tiene valor político o personal para el pueblo iraquí”, dijo Fauwzya al-Attiya, sociólogo de la Universidad de Bagdad. “La mayoría de nosotros deseamos que sea ejecutado sólo para terminar con este problema para que podamos enfrentar nuestros otros problemas”.



Pero si Saddam empañó la imagen idealista de la huelga de hambre, su esfuerzo también reflejó su declinante fuerza como un arma política. El ayunar por una causa ya no es una novedad, lo que constituye un ayuno está definido más laxamente y la tecnología de alimentar a la fuerza se ha vuelto menos cruel, dicen historiadores y activistas de derechos humanos. Consecuentemente, la huelga de hambre ha empezado a perder su poder para llamar la atención.



Los irlandeses pre-cristianos fueron quizá los primeros en ayunar exitosamente contra la injusticia. Ayunar a las puertas de un Lord a menudo avergonzaba al poderoso y lo hacía emprender acciones, según el libro de David Beresford “Ten Men Dead” (Diez hombres muertos), que cuenta la historia de Bobby Sands y otros 9 nacionalistas irlandeses que murieron por huelgas de hambre en 1981. India una vez mantuvo una tradición similar, llamada dharna, que típicamente usaba el ayuno público para cobrar deudas sin pagar.



Sufragistas británicas antes de la Primer Guerra Mundial “lanzaron a la huelga de hambre a su carrera del siglo XX”, dijo Walter Russell Mead, miembro del Consejo sobre Relaciones Exteriores. Los periodistas se arremolinaron cuando varias mujeres iniciaron el ayuno. Después de que las autoridades las alimentaron a la fuerza en 1910 para evitar el espectáculo de la muerte, sólo se volvieron más famosas.



“La alimentación forzada causó tanta consternación como la huelga de hambre”, dijo Mead. “Básicamente introdujeron alimento en la garganta de las mujeres, manteniéndoles la boca abierta. Fue un acto de brutalidad extraordinaria”.



Varias manifestantes murieron en el proceso. Pero después de que las mujeres británicas obtuvieron el derecho a votar, las huelgas de hambre se volvieron una forma popular de resistencia anticolonial. La sucesión de ayunos de Gandhi antes y después de la independencia condujo a otros a seguir el ejemplo, incluso a izquierdistas iraquíes en los años 50, dijo Al-Attiya.



Bernard Haykel, autor de “Revival and Reform in Islam” (Renacimiento y Reforma en el Islamismo), dijo que para los musulmanes las huelgas de hambre son una importación cultural.



“Una huelga de hambre es algo que claramente resuena entre los occidentales, y es una táctica que es usada principalmente para ese propósito”, dijo. “Antes de que Occidente apareciera, nadie protagonizaba huelgas de hambre”.



Ahora, casi todas las regiones del mundo han sido testigo de alguien que deje de comer por una causa, desde la marcha de 66 días de Sands hacia el martirio hasta el ayuno de Nelson Mandela en oposición al apartheid.



En Turquía, docenas murieron en 2001 después de ayunar durante 300 días para protestar por prisiones recientemente restrictivas.



En Medio Oriente, una campaña de ayuno en 1980 por parte de palestinos retenidos en una prisión israelí condujo a la alimentación forzada y la muerte de dos prisioneros. Además de las huelgas de hambre por parte de unos 131 detenidos en la prisión militar estadounidense en la Bahía de Guantánamo, Cuba, ha habido huelgas por parte de activistas promotores de la libre expresión en Irán y Kuwait.



Otros rechazos al alimento han representado dietas de corto plazo. Varias huelgas de hambre anunciadas con gran fanfarria por el reverendo Jesse Jackson resultaron ser esfuerzos de equipo que requirieron poco sacrificio. El 10 de julio, a seis días de iniciado el ayuno de sólo líquidos de Cindy Sheehan para protestar por la guerra en Irak, escribió en su blog que “lo más cerca que pude encontrar a un licuado para ingerir un poco de proteínas fue un café con helado de vainilla”. Expertos conservadores se sintieron motivados a preguntar si ella estaba tratando de ganar peso.



Pocos huelguistas parecen durar más de una semana, aunque problemas físicos graves sólo empiezan alrededor de la tercera semana. Y Saddam se adapta al patrón. Ziyad al-Najdawi, uno de sus abogados, dijo el jueves en una entrevista desde Jordania que la huelga más reciente de Saddam fue su cuarto y más largo esfuerzo; los otros tres duraron de una comida a unos cuantos días.



La muerte —la forma final de llamar la atención— nunca fue una posibilidad. Cuando Saddam se debilitó el fin de semana ante pasado, fue hospitalizado y alimentado con sonda a través de la nariz. Un funcionario estadounidense en Bagdad dijo que Saddam aceptó la alimentación voluntariamente después de que se le dieron varias opciones.

La muerte a través del ayuno, dijo, no fue una de ellas.



De manera similar, las fuerzas militares estadounidenses sometieron y alimentaron a muchos de los manifestantes de Guantánamo. Aunque grupos de derechos humanos denunciaron la medida como cruel, el sufrimiento fue menor comparado con el de las sufragistas británicas.



“Un goteo intravenoso no conlleva el mismo dramatismo”, dijo Mead del Consejo para las Relaciones Exteriores. “La tecnología ha inclinado la balanza política”.



Joost R. Hiltermann, director del proyecto medioriental del Grupo de Crisis Internacionales, estuvo de acuerdo. “Cuando la expectativa es que el prisionero suspenda su ayuno después de 20 días o las autoridades forcen la alimentación”, dijo, “entonces obviamente el poder simbólico de la huelga disminuye”.



Sin embargo, como todas las formas de protesta, la huelga de hambre es exitosa en la medida en que el manifestante o su causa generen simpatía. El obstáculo más grande para reunir apoyo para Saddam es el propio ex dictador.



“Saddam Hussein”, dijo Hiltermann, “no es Nelson Mandela o Gandhi”.

DAMIEN CAVE

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