Cortejando a Europa, Turquía intenta limpiar su conciencia

El gobierno está promoviendo reformas democráticas que un día, se espera, les permitirá ingresar en la Unión Europea

VAN, Turquía -- La Iglesia Akhtamar del siglo X, con su fachada de piedra repleta de imágenes vívidas de aves, animales, santos y guerreros, domina una pequeña isla frente a la costa sur del Lago Van. Durante casi un milenio, este espectacular monumento armenio fue sede de gran poder religioso y político.



Luego el Imperio Otomano expulsó y arrasó con la población armenia aquí en las matanzas de 1915, y la iglesia se deterioró hasta quedar casi en ruinas. Su condición simbolizó las relaciones abismales entre muchos armenios, quienes creen que sus ancestros fueron víctimas de genocidio en 1915, y la República Turca, que rechaza esa afirmación.



Este otoño, con financiamiento del gobierno turco, restauradores empezaron a reparar la iglesia. Han limpiado el exterior y reemplazado el techo desplomado, y planean regresar el próximo verano para trabajar en el interior.



Aunque este es un acto de preservación histórica y promoción turística, también refleja algo mucho mayor. Para horror de los nacionalistas conservadores, hay una nueva sensación de libertad que está echando raíces en Turquía. El gobierno está promoviendo reformas democráticas que un día, se espera, permitirán a Turquía ingresar en la Unión Europea. En el proceso, viejos tabús, como admitir la posibilidad de que los armenios cristianos fueron víctimas de genocidio, están cayendo.



Si medidas como restaurar la iglesia Akhtamar facilitan el ingreso de Turquía en la Unión Europea, sin embargo, está lejos de ser seguro.



En Europa, la resistencia al ingreso turco de hecho ha estado creciendo. Fue una razón de que los votantes en Francia y Holanda rechazaran el borrador de constitución de la Unión la primavera pasada. La encuesta de una revista encontró hace un año que la oposición francesa al ingreso de Turquía había aumentado a 72 por ciento, respecto de 58 por ciento dos años antes. Sondeos más recientes sugieren que la resistencia de Europa no ha disminuido. Funcionarios franceses han prometido un referéndum sobre algún plan para aprobar el ingreso turco a la Unión Europea.



Aquí en Turquía, aun cuando la reconstrucción de la iglesia estaba en marcha, un tribunal dio a Hrant Dink, editor de un periódico dirigido a la comunidad armenia de Estambul, una sentencia de cárcel suspendida por hacer comentarios "irrespetuosos para nuestros ancestros turcos". Un fiscal ha encausado al principal novelista de Turquía, Orhan Pamuk, por cargos similares, y varios casos más están pendientes.



Para los forasteros, en ocasiones parece que los turcos ya no pueden decidir si quieren adoptar los estándares de los derechos humanos y la libre expresión que la Unión Europea demanda de sus miembros.



De hecho, sin embargo, muchos turcos dicen que quieren fervientemente que su país cumpla esos estándares. Así también, en la mayoría de los días, el gobierno del Primer Ministro Tayyip Erdogan. Pero los defensores del antiguo orden, incluidos los fiscales, jueces y funcionarios con influencia en el ejército y la burocracia, temen que las medidas para abrir la sociedad turca debiliten la unidad nacional, y están tratando de suprimirlas.



Los nacionalistas han evitado que el gobierno reabra la frontera terrestre de Turquía con Armenia, y han tratado de evitar investigaciones serias sobre incidentes como un reciente atentado explosivo en la provincia sudoriental de Hakkari, que fue hecho parecer como obra de terroristas curdos pero resultó haber sido llevado a cabo por agentes policiales.



La tensión dentro de la clase política de Turquía se está intensificando conforme los ciudadanos empiezan a expresar opiniones que durante mucho tiempo han sido execrables.



En septiembre, por ejemplo, un grupo de historiadores y otros académicos, la mayoría de ellos turcos, se reunieron en Estambul para desafiar el tabí de sugerir que el régimen otomano cometió crímenes brutales, quizá incluso genocidio, en 1915. Resultó ser una conferencia histórica sobre el destino de los armenios otomanos.



El evento había sido postergado dos veces, una vez después de que el ministro de Justicia, Cemil Cicek, dijo que constituiría una "puñalada por la espalda" a Turquía y de nuevo después de que un juez prohibió que dos universidades fueran el escenario. Finalmente se celebró en una tercera universidad.



Los participantes tuvieron que caminar a través de un grupo de airados manifestantes, pero una vez que encontraron sus asientos, y empezaron a hablar, no pusieron límite a su debate. Sus ensayos tenían títulos como "Lo Que el Mundo Sabe pero Turquía No" y "Las Raíces de un Tabú: La Sofocación Histórico-Sicológica de la Opinión Pública Turca sobre el Problema Armenio".



La conferencia produjo una avalancha de cobertura noticiosa y llevó a semanas de análisis. Algunos columnistas y líderes de opinión objetaron partes de lo que escucharon, pero casi todos dieron la bienvenida al avance de abrir el debate sobre este tema doloroso.



"Estuve ahí, y sentí como si estuvieramos haciendo historia, como si algo increíble hubiera sucedido de repente", dijo Yavuz Baydar, columnista del diario masivo Sabah. "Todos estaban conscientes de ello. Esto ya no es un tabú".



La respuesta a la conferencia sugiere que otros tabús perdurables también podrían estar maduros para ser desafiados. Si la gente aquí puede discutir ahora libremente que los otomanos fueron culpables de genocidio en 1915, quizá no pase mucho tiempo antes de que promuevan otras ideas largo tiempo suprimidas como el nacionalismo curdo, con el que simpatizan algunos europeos, o el islamismo político, que casi todos ellos detestan.



Los recientes disturbios en Francia en alienadas comunidades de inmigrantes argelinos, sin embargo, plantean nuevos interrogantes sobre la disposición de Europa a aceptar la solicitud de Turquía en cualquier caso. El líder francés antiinmigrante Jean-Marie Le Pen, por ejemplo, se apresuró a usar los disturbios como un argumento adicional para no admitir a "otros 75 millones de musulmanes" en Europa.



Pudieran fácilmente pasar 10 años o más antes de que Turquía esté lista para unirse a la Unión Europea, y los disturbios de este otoño quizá no se olviden para entonces. Omer Taspinar, director del programa sobre Turquía del Instituto Brookings en Washington,, dijo que no le preocupaba el impacto de turbulencia como ésta.



"Los turcos respondieron a esos disturbios en forma muy interesante, diciendo que mostraban cuán urgente es dar a los musulmanes en Europa un sentido de pertenencia, y que admitir a Turquía en la UE sería una forma de hacerlo", dijo. "Muchos políticos en Europa, como Tony Blair, están diciendo lo mismo".



"Tengo otra preocupación, sin embargo", dijo Taspinar, "y es la del terrorismo". Si hay otro ataque en Europa que se vincule a Al Qaeda, dijo, "entonces que la balanza de la opinión pública pudiera volverse contra Turquía. Los europeos podrían concluir que no quieren que la UE tenga una frontera con Irán, Irak y Siria, que es lo que significaría admitir a Turquía. En ese escenario, aun cuando los turcos hagan todo bien, los acontecimientos sobre los cuales no tienen control pudieran evitar que se unan".



STEPHEN KINZER
The New York Times News Service

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