Cuando se tienen muertitos en el clóset…

No recuerdo si alguna vez he mencionado en este espacio un curioso episodio de mi primera juventud, protagonizado por un vecino de aquella vieja Barranquilla de los años setenta, donde muchos de nosotros creíamos que el Puente Pumarejo era un prodigio de la ingeniería moderna y que el mertiolate curaba casi todo. Mi madre, la vieja Susa, todavía cree que es así y le tiene una fe ciega. Y lo mejor es que lo usa para cortaduras, hinchazones y hasta molestias de la garganta. Otra de sus medicinas ‘benditas’ es el ‘vick vaporub’. Pero esa es otra historia.

Retomo el hilo. El vecino de marras, joven, fuerte, impetuoso y un poco de malas pulgas, no permitía que los dos homosexuales que vivían en la cuadra pisaran la acera de su casa y cuando alguno de ellos se acercaba por allí, les amenazaba con “levantarlos a patadas”. Los dos le evitaban. Le tenían miedo.

En esos tiempos yo me ‘rebuscaba’ vendiendo algunas cositas ‘importadas’ y tenía en mi lista de clientes a unos cuantos salones de belleza y otros sitios no tan santos, en los que siempre me compraban perfumes, prendas y fantasía variada. Buenos clientes aquellos. Una tarde llegué a uno de esos locales y al pasar a la parte trasera, en donde vivía el dueño —un reconocido gay currambero—, le encontré con un grupo departiendo de lo más alegres. Todo era risas y guachafita, pero cuál no sería mi sorpresa cuando me di cuenta que en medio de ese jolgorio se encontraba el intolerante de mi vecino. El mismo que se la tenía montada a los dos personajes ‘de ambiente’ —así se describían ellos— del vecindario. ¡Vaya pa’l carajo!, dijo la garza. Y no me pregunten cuándo fue eso.

Luego de la sorpresa inicial, el asunto para mí hubiera quedado sólo en dato curioso, pero resulta que el dueño de casa se dio cuenta del nerviosismo que invadió al joven aquel al verme y decidió ‘marcar’ su territorio plantándole un beso, como para que no quedara duda de la relación que sostenían, preguntándole en voz alta: ¿Qué te pasa? ¿No quieres que él sepa que eres mi marido? Directo a la yugular.

Recordé esto leyendo declaraciones de Susanne Atanus, una candidata republicana al Congreso de Estados Unidos, quien dice que los desastres naturales, tornados, autismo y demencia son “castigos divinos” por culpa de los gays y los abortos. ¿Cómo les parece? Esta debe tener algunos muertitos en el clóset.
Alfredo Mantilla
editor@elcolombiano.net

Acerca del Autor