De pronóstico reservado…


Las cartas en Venezuela están echadas. Lo que está en juego en la crucial elección del domingo 7 de octubre no es una presidencia cualquiera, se trata del primer cargo en un país polarizado y con profundas cicatrices sociales, producto principalmente de la retórica incendiaria y diaria de un jefe de estado que ya lleva 14 años en el poder y que pretende seguir allí por toda una eternidad. Según la muchas veces manoseada Constitución del país petrolero, hasta el año 2019, aunque en alguna oportunidad Hugo Chávez —con ínfulas de inmortal— amenazó con martirizar a su pueblo un poquito más. ¡Hasta 2030!

El escenario que vislumbro en la distancia, alimentado por informes de colegas, amigos, medios de comunicación, internet y las activas redes sociales, no es de aguas mansas y por el contrario me lleva a pensar que Venezuela puede estar a las puertas de un capítulo nefasto de su historia reciente.

Quisiera equivocarme. Mi interés no apunta a sonar como ave de mal agüero, pero estimo que tanto Chávez como sus adlátares están listos a propiciar una ‘guerra civil’ en caso que el ex teniente coronel sea derrotado por su contendor Henrique Capriles.

El jefe de estado lo ha dicho clara y tajantemente: Si no es él, el caos. Y esos no son juegos. Su ministro de defensa en una ocasión amenazó con no permitir que alguien diferente de su patrón se sentara en la silla de los presidentes del palacio de Miraflores y hay que creerle. Los de bota, gorra y sables son así y este además tiene pinta de bruto.

De otro lado, una incontrolable horda de milicianos chavistas armados ya está generando pánico con ataques constantes y asesinato de opositores, como una suerte de advertencia del oscuro porvenir.

Con ese cuadro, cobra fuerza el anuncio del lobo de una guerra fratricida en la que perderían todos, pero si el voto les es adverso creo que poco le importaría al régimen y mucho menos a sus aliados y consejeros ubicados en la mayor de las Antillas, porque Cuba, cual sanguijuela, se mantiene chupando del erario venezolano y los Castro no están dispuestos a soltar esa teta así como así. Allí echarán el resto con tal de garantizarse la chequera del manirroto Hugo.
Alfredo Mantilla
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