Del ahogado, el sombrero…


No tengo idea de cuántas veces rechazó Gustavo Petro el referendo revocatorio de su mandato liderado por el representante a la Cámara Miguel Gómez Martínez, quien junto a otros políticos acusan al vapuleado alcalde de Bogotá de administrar mal a la capital colombiana, pero debieron ser algunas cuantas. Hoy el burgomaestre más importante de Colombia quiere agarrarse a ese clavo caliente como recurso in extremis para sacarle el cuerpo a la destitución e inhabilitación de 15 años para ocupar cargos públicos que le dictó el procurador general Alejandro Ordóñez, esa suerte de dictadorcillo experto en quemar libros que contraríen sus creencias de camandulero.

Pero al tiempo que saluda la ejecutoria del referendo para que los electores bogotanos digan si lo botan o lo siguen contratando, Petro mueve cielo y tierra a otras instancias con la intención de tumbar o bloquear lo dispuesto por el ocupante del ministerio público al que un día le dio su voto para que fuera reelecto en el cargo. ¡Hoy debe estar más arrepentido que Luigi Boria —su colega de Doral— por haber contratado a Joe Carollo en la administración de esa urbe del condado Miami-Dade.

Esa rebuscadera de respaldo trajo a Petro con su batería de abogados a Washington —¿quién pagará esos traslados?—, concretamente hasta la oficina de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, para denunciar que el fallo de Ordóñez viola un articulito de la Convención Americana de Derechos Humanos que Colombia firmó en 1969 y que se refiere a los derechos políticos de los ciudadanos.

El argumento del equipo petrista ante el organismo adscrito a la OEA es que a los funcionarios públicos electos sólo les pueden aplicar el código penal y no el disciplinario con el que le está midiendo el aceite Ordóñez y que da paso a las inhabilidad de 15 años.

Petro aspira que la CIDH tome su caso y actúe frenando lo dispuesto por el procurador, pero lo curioso es que ese organismo tiene tantos asuntos pendientes que hoy apenas está revisando peticiones de 2009 y por más que le diera rápido al tema del alcalde bogotano, no resolvería antes de 2015, justo cuando finaliza el periodo para el que fue electo el ex guerrillero del M19.

Por cierto, no resulta muy de izquierda estar pidiendo intervencionismos extranjeros en asuntos internos del país. ¿O será que si?

Alfredo Mantilla
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