Disputa sobre la inmigración llega a conservadores y cardenales

La participación de líderes religiosos — especialmente católicos— en el debate inmigratorio, ha encontrado un rechazo frontal republicano

WASHINGTON — La fiera batalla en torno al futuro del sistema de inmigración de Estados Unidos está desbordando al Capitolio y llegando a las ondas aéreas, conforme los conservadores acusan a los demócratas, a grupos defensores de los derechos humanos e incluso a algunos sindicatos de tratar de frustar los esfuerzos republicanos para frenar la ola de inmigración ilegal.



Pero en las últimas semanas, algunos comentaristas y republicanos prominentes han vuelto sus espadas contra otro enemigo formidable en su batalla para cerrar herméticamente las fronteras: la Iglesia Católica Romana.



La inmigración ha causado desde hace tiempo fricción entre la Iglesia, con su defensa de los migrantes, y los conservadores, que quieren frenar los cruces ilegales en la frontera mexicana. Pero conforme el Congreso debate el destino de 11 millones de inmigrantes ilegales en la nación, esa tensión ha estallado en una dura guerra de palabras, destacando la división entre algunos republicanos y católicos que han luchado hombro a hombro en otros asuntos como el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo.



En diciembre, después de que la Cámara de Representantes controlada por los republicanos aprobó un estricto proyecto de ley sobre seguridad fronteriza que, entre otras cosas, convertiría en delito ayudar a inmigrantes ilegales, la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos lo criticó como extremadamente punitivo y llamó a sus feligreses a oponerse a él. Funcionarios eclesiásticos han enviado cabilderos al Congreso y este mes las parroquias enviaron a sus miembros a mítines en Chicago y Washington para promover una legislación que legalizaría a los inmigrantes indocumentados y los pondría en el camino de la ciudadanía.



Algunos republicanos están respondiendo el ataque



En febrero, el representante Tom Tancredo, republicano de Colorado que se opone a la inmigración ilegal, criticó a obispos católicos, entre otros líderes religiosos, “por invocar a Dios cuando argüyen en favor de una amnistía general” para los inmigrantes ilegales. Este mes, dos representantes republicanos poderosos, Peter King de Nueva York y F. James Sensenbrenner de Wisconsin, los copatrocinadores del proyecto de ley sobre seguridad fronteriza, criticaron al liderazgo de la Iglesia en “The O’ Reilly Factor” en Fox News Channel, particularmente al cardenal Roger Mahony de Los Angeles, quien ha dicho que instruiría a sus sacerdotes y feligreses para que desafíen la legislación si llega a ser promulgada ley.



Mientras tanto, los comentaristas noticiosos de la televisión por cable Tucker Carlson y Lou Dobbs han cuestionado si la Iglesia debiera mantener su estatus de exención de impuestos, dado su activismo político sobre la inmigración. Y en una entrevista, King acusó a líderes eclesiásticos de “cometer el pecado de la hipocresía” en su campaña para influir en el Congreso y los votantes católicos.



“Esta es el ala izquierdista de la Iglesia Católica, estos son los trabajadores sociales frustrados”, dijo King, quien se describió como un católico practicante. “Están dando un incentivo para que vengan más ilegales. No pienso que esté bien”.



De hecho, el liderazgo católico está unido en torno a este asunto, e incluye a varios obispos que sugirieron firmemente en 2004 que los católicos deberían votar por el Presidente George W. Bush debido a su oposición al aborto. Ambos bandos dicen que continuarán trabajando juntos en esas campañas. Pero los ataques directos por parte de algunos republicanos son notables, dado que el partido ha trabajado duro para atraer a votantes católicos en los últimos años. Algunos analistas advierten que esas críticas a la iglesia y a los inmigrantes pudieran molestar a un bloque crítico de votantes de orígenes en gran medida inmigrantes. Pero otros señalan que, a diferencia de sus clérigos, la mayoría blancos, los católicos no hispanos, siguen profundamente divididos sobre la inmigración, y parece estarse gestando una batalla en pos de sus corazones y sus mentes.



Hay implicaciones políticas. En preparación para la elección presidencial de 2004, el gobierno de Bush cultivó los lazos con los líderes eclesiásticos, organizó a más de 50,000 voluntarios y contrató a empleados para acercarse a los votantes católicos. El objetivo fue romper la tradicional fidelidad al Partido Demócrata, una afiliación que empezó a desmoronarse con Ronald Reagan.



La campaña rindió frutos: En 2004, una mayoría de católicos votó por un candidato presidencial republicano por primera vez en 16 años.



Pero algunos analistas advierten que los republicanos necesitan irse con cuidado cuando critican a la Iglesia y a los inmigrantes ilegales. “El peligro de esta situación políticamente es que habrá toda una temporada en que los políticos republicanos estarán diciendo cosas críticas sobre la jerarquía católica”, dijo Deal Hudson, arquitecto republicano del esfuerzo por cortejar a los votantes católicos en 2004. “Eso no va a ser útil en términos de mantener unida a la coalición”.



Pero el reverendo Richard John Neuhaus, editor de First Things, una publicación conservadora sobre religión y vida pública, dijo que dudaba que el desacuerdo tuviera mucho impacto en los católicos. Dijo que los escándalos sobre abuso sexual ya habían debilitado la credibilidad del liderazgo eclesiástico en la mente de algunos católicos.



Los republicanos y los clérigos católicos han diferido antes sobre otros asuntos —como la guerra en Irak y la pena de muerte— sin que eso afecte profundamente a los feligreses. Y Neuhaus señaló que aun cuando los católicos a menudo están profundamente conectados con su historia de inmigrantes, algunos hacen distinciones claras entre sus padres y abuelos y los que han llegado más recientemente procedentes de Latinoamérica.



“Mi presentimiento es que, si se excluye del grupo al tercio de la población católica que es de origen hispano, probablemente la mayoría de los demás católicos se dividirán sobre estas cuestiones de la misma manera que la población en general”, dijo Neuhaus.



Los líderes católicos están bastante conscientes de las divisiones entre los fieles sobre este tema. Setenta de las 197 diócesis católicas se han comprometido formalmente con la campaña de inmigración, y funcionarios están trabajando duro para reclutar a las otras.

Leo Anchondo, quien dirige la campaña sobre inmigración en nombre de la Conferencia de Obispos Católicos, dijo que los cardenales y obispos no se sorprendieron de que hubiera una reacción negativa contra esos esfuerzos.



“La inmigración se ha convertido desafortunadamente en un tema muy controvertido”, dijo.



Pero el cardenal Theodore E. McCarrick de Washington dijo que él y otros líderes decidieron que no podían quedarse callados después de atestiguar las penurias soportadas por los inmigrantes ilegales, particularmente conforme la ola procedente de Latinoamérica ha aumentado. “Esta es una cuestión de justicia”, dijo. “Sentimos que debemos atender a la gente”.



Sensenbrenner, el presidente republicano del Comité Judicial de la Cámara de Representantes, dijo que los republicanos tenían la obligación de hacer más estricta la seguridad en la frontera. Lo contrario, dijo, probablemente transformaría a los inmigrantes ilegales en una subclase permanente en Estados Unidos.



Eso, señaló en “The O'Reilly Factor”, era una opción indeseable. “Y no pienso que sea cristiano tampoco”, dijo.



RACHEL L. SWARNS

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