¿Dónde están…? ¿A dónde han ido? ¿Qué les pasó?


Me llama mucho la atención que la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes de Colombia haya abierto una investigación formal al expresidente don Alvarito, por su supuesta participación en los sobornos a congresistas para que votaran a favor de su reelección en el 2004 —con el caso de Yidis Medina como bandera— y los hasta hace pocos ‘furibistas’ no hayan salido a incendiar micrófonos, páginas de periódicos, ni redes sociales. La casi total indiferencia es elocuente. ¡Y contundente!

Uno que otro ha salido a quejarse públicamente, pero de una manera tan tibia que no ha tenido resonancia y tal pareciera que dejan el asunto —¿sabrán que eso será más ruido que nueces?— al cuidado del ‘tuitiador’ más rápido del país. El propio interesado.

La comisión tiene programado escuchar al expresidente el 20 de noviembre próximo, cuando debería responder sobre su implicación en el cohecho que tiene a la excongresista Medina purgando condena de 47 meses, la cual fue dictada en 2008, aunque recientemente fue condenada a 32 años de prisión por un caso paralelo de secuestro extorsivo de dos exfuncionarios de la alcaldía de Barrancabermeja, a quienes ella aparentemente exigió que pagaran unas cuentas a nombre de una cooperativa. ¡Un verdadero culebrón! Y es que desde que se abrió ese oscuro capítulo de la historia reciente de Colombia, ha habido tal rosario de inconsistencias e incongruencias que servirían para armar catálogo y medio de bizarrías.

Era público que Yidis votaría en contra de la reelección, pero súbitamente en una voltereta circense saltó al otro bando y más adelante se supo que ella y otro colega habían recibido prebendas para ejecutar la pirueta.

Luego del escándalo y cuando se autoincriminó, la excongresista confesó que Uribe le había dicho: “Yidis Medina: haga patria por favor, por favor, vote la reelección. Todos los puestos de Barrancabermeja que tenga Horacio Serpa Uribe se los doy a usted”. Y algunos de esos cargos recibió. Y negoció con ellos, ¡vaya!, que ella no es ninguna santita.

Un bombazo de ese calibre sería suficiente para que las carnitas y huesitos del expresi estuvieran tras las rejas, pero en Colombia —como asegura mi excondiscípulo Alejandro Saltarín— ‘la ley’ castiga a quien se roba una pastilla de caldo ‘knorr’ y no a ‘cacaos’ como el patrón del ‘Ubérrimo’.

Alfredo Mantilla
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