El carnicero de Trípoli…


¿Qué tal este rufián de Gadafi? Muamar Gadafi, el sanguinario de Trípoli. El caricaturista Grosso, quien ‘despacha’ al lado de estas líneas, lo ha calificado como ‘el carnicero libio’. ¡Y tiene razón! Ese fascineroso e impresentable dictador, acorralado por el incremento de las protestas de su pueblo que clama libertad, luego de sufrirlo por 42 años, amenazó con perseguir “casa por casa” a las “ratas que siembran la revolución”.

Vale la pena resaltar que este pillo forma parte del círculo de los ‘mejores amigos’ del ‘tiranosaurio Hugo Chávez. También es amiguito —¿de quién va a ser?— de Fidel Castro, quien tuvo hasta el tupé de escribir en una de sus reflexiones que su carnal Muamar es otra víctima más del ogro del norte. De Estados Unidos.

Igualmente salió en su defensa el incestuoso de Daniel Ortega, quien dejó a un lado el vaso para sumarse a lo dicho por el ‘fantasmón’ de La Habana, aunque es claro que las voces de esta cofradía no son las que van a arredrar a los libios sedientos de libertad.

Como ya ha perdido el control de buena parte de su país, desde la frontera con Egipto, hasta la segunda ciudad Libia, Bengasi, donde los comités populares se han hecho dueños de la situación, al cierre de esta edición Gadafi parecía resuelto a montar trinchera en la capital, Trípoli, esperando la llegada de un grueso contingente de milicianos y mercenarios subsaharianos que con trató para que le ayudaran a someter a sangre y fuego a sus oponentes.

Sin embargo, y a pesar de las fuertes amenazas vertidas por Gadafi en su breve aparición en la televisión, los opositores al régimen preparan su primera protesta organizada en Trípoli para este viernes y han dicho que no se echarán atrás hasta que no logren sacar del poder al líder de ‘la revolución verde’. Van por buen camino.

Me llama la atención que Chávez, quien en más de una ocasión ha visitado a Gadafi, repitiendo el discursito de su entrañable amistad, guarda hoy un sospechoso silencio ante los hechos, lo que me hace pensar que está que se hace en los pantalones, tal como le sucedió en 1992, el año que Venezuela perdió la oportunidad dorada de quitárselo de encima por la estupidez de Pedro Carmona, ‘El breve’.
Alfredo Mantilla
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