El circo Petro vuelve al ruedo…


El circo que se ha montado en Bogotá en torno a la figura del destituido-restituido alcalde de la capital colombiana, Gustavo Petro, a mí me produce eso que coloquialmente mencionamos como ‘pena ajena’. Sin entrar en esta oportunidad a comentar sobre los antecedentes del bochornoso caso —lo que por lo demás he hecho en este mismo espacio en dos ocasiones—, no tiene presentación toda la cadena de acontecimientos que han girado alrededor del segundo cargo ejecutivo de importancia en el país, desde que al procurador general de Colombia, Alejandro Ordóñez, se le metió en la cabeza que su camino a una eventual candidatura presidencial pasaba por meterle miedo a todo el estamento político de la nación y que no había mejor manera de hacerlo que sacando del palacio Liévano al ponepapaya de Petro.

Y como si las protestas, las marchas, el rosario interminable de tutelas, el tíbiri-tábara del presidente JotaEme sobre si lo raspaba o lo perdonaba, la intervención de una corte internacional que supuestamente vincula al país con sus decisiones, pero a la que el jefe de estado no le paró bolas, el nombramiento de dos alcaldes interinos y todas las demás perlas alrededor del tema no fueran suficiente sopa, ayer el Tribunal Superior de Bogotá puso sobre la mesa dos platos rebosantes de politiquería y le metió reversa a la destitución, ordenándole a JotaEme que le devolviera el coroto al ex guerrillero del M19. Un verdadero circo por donde se le mire y, como uno que se respete, no ha puesto en escena su último acto. Ahora le corresponde el turno a las despedidas.

Una de esas despedidas —o funciones— ya la destapó el omnipotente Ordóñez al anunciar que dará la guerra por volver a botar a Petro, sin importarle un carajo el destino de una ciudad tan compleja como Bogotá, especialmente en este momento cuando su popularidad por cuenta del mismo caso se vino a pique y sabe que Colombia lo elegiría presidente cuando llueva hacia arriba, o cuando el expresidente don Alvarito deje de enviar trinos incendiarios en contra de su sucesor, los cuales se han convertido en fuente de inspiración para la inventiva criolla, como esa foto viral que circuló hace unos días en la que aparece el ex con su puño en alto y la leyenda: “En mi gobierno nunca se murió Gabo”. Humor macondiano para despedir al hijo del telegrafista.

Alfredo Mantilla
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