El diablo está de fiesta


Por cuenta de dos casos que no tienen relación —más allá del estupor que han causado en la opinión pública nacional y mundial—, nuevamente el sistema de justicia de Estados Unidos se encuentra en entredicho. Primero, por el desenlace inesperado de la absolución de Casey Anthony del cargo de homicidio de su propia hija de dos años, Caylee y, segundo, por el casi seguro retiro de los cargos contra el ex director del Fondo Monetario Internacional (FMI), el francés Dominique Strauss-Kahn (DSK), acusado de violar a una mucama en Nueva York.

En un juicio que concitó la atención de toda la nación y más allá, al punto que estuvieron pendientes y presentes personas llegadas de varias regiones de Estados Unidos y Europa, un jurado de Orlando declaró no culpable de homicidio en primer grado a Casey Anthony, de 25 años, quien había sido acusada de asesinato, entre otros delitos, por la muerte de su hija Caylee Marie Anthony, cuya osamenta fue encontrada en 2008 en una zona boscosa a pocos metros de la casa de la mujer, tras seis meses de búsqueda.

La Fiscalía sostuvo en el trámite del juicio que la acusada había sellado con cinta adhesiva la boca de su hija hasta asfixiarla para seguir con su vida de rumbas y excesos.

El jurado halló no culpable a la acusada de otros dos cargos: homicidio sin premeditación agravado de un menor y abuso infantil agravado; mientras que la declaró culpable de varios cargos menores relacionados con suministrar falsa información a agentes policiales.

En lo que tiene que ver con DSK, luego que todo apuntaba a que recibiría una condena ejemplar por la supuesta violación de una empleada de un hotel de lujo de la Gran Manzana hace seis semanas y cuando incluso han surgido en su propio país otros casos de acoso sexual en su contra, especialmente el de la escritora francesa Tristane Banon, que alega intento de violación cuando ella tenía 22 años, la Fiscalía de Manhattan dio un giro inesperado señalando que la presunta víctima había mentido para acogerse al programa de asilados de Estados Unidos y sobre su declaración fiscal, además de admitir que cambió su relato de los hechos sucedidos, lo que podría interpretarse como un paso previo a la absolución total del acusado.

Por eso es que —como destacamos en el titular — el diablo debe estar de fiesta.

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