El ‘drama’ de las niñas sin muñecas

Nacer mujer, en cualquier parte del mundo, supone un mayor riesgo de ser discriminada, y si el nacimiento tiene lugar en un país del Sur las posibilidades de vivir en la pobreza y ser madre prematura se multiplican

Mientras las niñas de los países del Norte juegan a ser “mamás”, decenas de millones de niñas son obligadas a casarse y tener hijos. Uno de cada diez partos que se producen en el mundo es protagonizado por una madre que aún es una niña, según denuncia el informe de Estado Mundial de las Madres publicado por la ONG Save the Children.



Nacer mujer, en cualquier parte del mundo, supone un mayor riesgo de ser discriminada, y si el nacimiento tiene lugar en un país del Sur las posibilidades de vivir en la pobreza y ser madre prematura se multiplican. Más de una de cuatro niñas entre 15 y 19 años están casadas. La discriminación de la mujer es más cruel si se piensa en las niñas. “La pobreza tiene cara de mujer y especialmente de niña”, lamenta la Secretaria de Estado de Cooperación española, Leire Pajín. No hay que olvidar que según Naciones Unidas, a mediados de los años 90 había un 50% más de mujeres que vivían en condiciones de pobreza que treinta años antes.



El arma más poderosa con la que se cuenta para conseguir invertir esta realidad es la educación. La vida de una niña que va a la escuela es completamente diferente de las niñas que no son escolarizadas. Hoy, de los más de cien millones de niños que no van al colegio, 58 millones son niñas. Niñas que son analfabetas, que se casan y tienen hijos de manera prematura, y niñas que mueren antes de tiempo. Más de un millón de niñas y sus hijos en todo el mundo mueren por complicaciones en el parto o durante el embarazo.



Una niña que recibe educación se casará más tarde, tendrá menos hijos, proporcionará mejor atención y alimentación a su familia y solicitará atención médica para sus hijos y para ella. Así, se abrirá el camino de un círculo “virtuoso” para la comunidad: se reducirá el índice de mortalidad infantil, se controlará el índice demográfico, mejorará la nutrición y la salud de población y mejorará, en general, el índice de desarrollo y se producirá una mejora en su progreso económico. Cada año que una niña consigue permanecer en la escuela reduce en dos puntos la posibilidad de muerte.



Los 189 países que firmaron los Objetivos Del Milenio (ODM) en el año 2000 en la Cumbre de Nueva York tenían claro que la igualdad de acceso en educación era necesaria para el desarrollo de los pueblos más empobrecidos. Sin embargo, este objetivo está aún lejos de cumplirse. El estudio de Save the Children pone de manifiesto que si las desigualdades en educación desapareciesen se evitarían casi 250.000 muertes sólo en la India.



Estudios de Naciones Unidas han revelado que la falta de educación tiene un alto coste. Han demostrado que si a una mujer se le dan las mismas posibilidades y apoyos que a los hombres, éstas aumentan el rendimiento de la tierra de cultivo o que si se eliminasen las desigualdades de género, muchos países aumentarían su PIB en más de un 5%.



Sin embargo, luchar contra la desigualdad a la hora de acceder a la educación no es sólo cuestión de dinero. Países como Kenia con una renta per cápita de 1.000 dólares supera las expectativas de escolarización de las niñas, mientras que Arabia Saudí, 12.650 dólares de renta, queda por debajo de ellas. Así, es fundamental la voluntad de los gobiernos de todo el mundo para hacer universal la educación primaria para niños y niñas. La falta de formación hace que millones de personas se encuentren atrapadas, no crean en sus posibilidades y su crecimiento personal.



Para acabar con la discriminación de las mujeres y las niñas, además, hay que luchar por poner fin a leyes que perpetúan esta situación y regular la edad en la que las niñas pueden casarse, impulsar la participación de las mujeres en todos los ámbitos de la sociedad, apoyar el acceso al mercado laboral, promover una educación que no esté basada en los roles tradicionales, mejorar el acceso de la mujer al sistema de salud e, incluso, crear servicios adaptados a las mujeres y las niñas. Baste como ejemplo que la mayoría de los medicamentos son “probados” en hombres.



La comunidad internacional tiene que aceptar el desafío y devolver a las niñas sus juguetes.







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