El imperio de favores de Tom

Algunos miembros del Congreso norteamericano tienen muchas razones para sentirse obligados con DeLay

WASHINGTON -- Los políticos no siempre son el grupo más valiente. El primer soplo de escándalo, la primera mancha de derrota, regularmente los hace huir; de ahí el dicho popular de que si se quiere un amigo en esta ciudad, hay que conseguirse un perro.



Pero los republicanos en la Cámara de Representantes no han huido de Tom DeLay, quien, como Bill Clinton antes que él, ha desafiado la gravedad política en los últimos meses. Tres de sus ex colaboradores han sido encausados en una investigación de prácticas de recaudación de fondos de campaña; un amigo cabildero cercano está bajo investigación criminal; el comité de ética de la cámara baja está preparándose para reconsiderar denuncias de que DeLay y miembros de su personal violaron reglas de viaje.



En vez de tratar de protegerse e idear un golpe, miembros republicanos están organizando una fiesta en su honor esta semana. El Presidente George W. Bush también está permaneciendo firme, incluso llevándolo consigo en el avión presidencial.

Planteamos una pregunta simple: ¿Por qué?



Sus simpatizantes dicen que DeLay, el líder de la mayoría de la cámara baja, no ha hecho nada malo, que es el blanco de ataques injustos de demócratas que buscan venganza partidista.



Sin embargo, el volumen del apoyo expresado también habla de la fuerte lealtad personal que muchos tienen por DeLay. ¿Cómo es que es más popular entre los republicanos que, digamos, las propuestas del Presidente Bush para la Seguridad Social?



La razón, al parecer, es que a través de los años, ladrillo por ladrillo, DeLay ha construido un muro de apoyo político. Sus pequeños actos de bondad se han convertido en lección. Pizza durante las votaciones que se prolongaban en la noche. Concertación de viajes para legisladores de bajo nivel. Felicitaciones de cumpleaños, tarjetas de aliviate pronto, condolencias para los miembros de la cámara que pasaban momentos emocionales difíciles.



A una escala mayor, amigos -- y enemigos -- lo describen como un otorgante de favores extraordinario, apilando una montaña de buena voluntad. Casi todos los republicanos en la cámara baja deben algo a DeLay, un empleo, una pieza de legislación o una gran contribución de campaña.



Aunque la caricatura democrática familiar de Tom DeLay es la de un tirano de mejillas sonrojadas que empezó como exterminador de plagas y ascendió al poder en el Congreso con una fuerza que le hizo ganarse el apodo de "el Martillo", es su lado más agradable y más dispuesto a responder lo que parece haberle ganado esa vigorosa defensa.



Los poderosos están en deuda con él. J. Dennis Hastert era un congresista de Illinois relativamente poco conocido antes de que DeLay lo lanzara al puesto de líder de la cámara en 1998.



Los débiles le deben también. Para los miembros republicanos de la cámara baja más en peligro, DeLay creó el programa "conservemos nuestra mayoría", o ROMP por sus siglas en inglés.



La delegación de su estado natal está en deuda debido a su campaña para retrazar los distritos de Texas en favor de su partido. K Street, el principal lastre de los cabilderos de Washington, alberga a muchos ex miembros del personal de DeLay, como lo hacen empresas petroleras basadas en Texas (para las cuales ha desactivado estándares ambientales más estrictos).



¿Y George W. Bush? DeLay ha presionado implacablemente a su mayoría republicana para que apoyen la legislación del presidente.



Evidentemente, DeLay tiene una influencia geográfica e ideológica sobre amplias porciones de su partido con la que otros políticos sólo pueden soñar.



"Es un sicólogo extraordinario al saber lo que hace a los miembros funcionar y lo que hace a los miembros exitosos, dice el representante Tom Feeney, republicano de Florida, quien es ardiente defensor de DeLay y también está bajo escrutinio por sus propios viajes. "Tom conoce el distrito de cada miembro, conoce sus necesidades políticas, conoce sus intereses, sus situaciones políticas, casi siempre comprende sus situaciones familiares".



Casi todos los republicanos tienen una anécdota, incluido Feeney. "Mi mamá falleció el 30 de enero", dice. "La primera persona que me envió flores y una nota fue mi buen amigo Tom DeLay".



Pero los miembros están comprometidos en otras formas discutiblemente más convenientes también. El representante Roy Blunt de Missouri -- el republicano de tercer rango en la cámara baja -- le debe su rápido ascenso en las filas del liderazgo a DeLay, quien lo guió hacia el comité de dirección del partido y lo seleccionó en 1999 para sublíder de la cámara.



Tres años después, cuando Blunt se postuló para el liderazgo de la mayoría, se rumoreó ampliamente que Hastert apoyó a Ray LaHood de la delegación de su estado natal de Illinois.



Pero DeLay respaldó a Blunt, y LaHood eventualmente renunció a la contienda, confirmando las sospechas de que era DeLay, no Hastert, quien llevaba los pantalones entre los republicanos de la cámara baja.



Hastert, también, debe su ascenso en gran medida al líder de la mayoría. Cuando Newt Gingrich renunció como líder en 1998 y su sucesor designado, Bob Livingston, renunció, DeLay pareció tener la mayor parte del apoyo para el máximo papel de liderazgo.



Pero reconoció que era "demasiado explosivo" para la posición de alto perfil, especialmente en una época de tal turbulencia. De manera que ungió a Hastert. "Aparté a Denny y le dije que tenía que postularse", dijo DeLay según fue citado posteriormente, un comentario incluido en su perfil en el Almanaque de la Política Estadounidense. "Y se puso blanco como una hoja de papel".



Desde entonces, el comité de campaña para el liderazgo de DeLay -- Americanos para una Mayoría Republicana PAC -- ha entregado millones a candidatos republicanos, una proeza que le anotaría puntos en cualquier ambiente. Los cinco miembros republicanos del comité de ética han recibido impulso de ese comité en el pasado; la representante Melissa Hart de Pensilvania, designada para dirigir la investigación de ética sobre DeLay, ha recibido 15,000 dólares a través de los años.



Algunos miembros tienen más razón para sentirse obligados con DeLay.

El representante Joe Barton, republicano de Texas, fue elevado a presidente del comité de energía y comercio de la cámara el año pasado después de especulación de que el puesto iría a otro miembro de más edad. El mes pasado, cuando la cámara baja votó sobre nuevas reglas de ética que pudieran ser problemáticas para DeLay, sólo 20 legisladores votaron contra ellas. El señor Barton fue uno de esos 20 votos. Así lo hicieron otros seis representantes de Texas.



De hecho, el nuevo trazo de los distritos de Texas podría resultar invaluable para DeLay si necesita cobrar todas esas deudas. Hastert le debe la mayoría duradera; el gobierno de Bush le debe una nueva expansión de los escaños, dandole mayor capacidad para lograr la aprobación de legislación siguiendo líneas partidistas; los cinco nuevos miembros de Texas le dben sus puestos.



Dos republicanos más de Texas, Mike Burgess y John Carter, también han obtenido puestos en comités poderosos (el comité de energía y comercio, y el comité de asignaciones, respectivamente).



Asimismo, el líder de la mayoría se libró de un enemigo, Martin Frost, un demócrata cuyo distrito fue retrazado para hacerlo más competitivo, resultando en la contienda más costosa en la cámara baja. DeLay, con su campaña de recaudación de fondos, ayudó a financiar la contienda de 8 millones de dólares, en la cual el republicano, Pete Sessions, prevaleció. Así, dicen los críticos de DeLay, es como él trabaja a menudo, castigando a enemigos percibidos y recompensando a los favoritos para inspirar temor y admiración en ambos.



Los asesores de DeLay dicen que es la naturaleza indignante de los ataques contra el líder de la mayoría -- no su historia de maniobras de castigo y estímulo -- lo que ha provocado que tantos republicanos salgan en su defensa.



"La conferencia comprende estos ataques por lo que son", dijo Dan Allen, portavoz del líder de la mayoría, "un ataque bien organizado y bien financiado por parte de los demócratas de la cámara baja y sus aliados liberales, con la esperanza de evitar que los republicanos hagan avanzar nuestra agenda bipartidista".



Algunos analistas dicen que su estrategia es otra parte del juego de ajedrez de DeLay. Su movimiento más hábil, dijo Norman Ornstein del Instituto Empresarial Americano, "es asegurarse de que la gente se convenza de que éste no es un ataque contra Tom DeLay, es un ataque contra lo que Tom DeLay representa".



"Y por ello se unen a su alrededor", dijo, "porque lo ven como un ataque contra ellos".

Pero cuando el comité de ética de la Cámara de Representantes inició el proceso de examinar las actividades de DeLay la semana pasada, dos de sus miembros republicanos, Lamar Smith de Texas y Tom Cole de Oklahoma, renuentemente se excluyeron porque habían donado dinero al fondo de defensa legal de DeLay. Las exclusiones sirven como recordatorio de que aunque sus aliados están dispersos en todas partes, quizá no siempre funcionen en su ventaja y quizá no sean lo suficientemente fuertes para soportar todas las tormentas.



ANNE E. KORNBLUT

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