El infierno del ‘Mono’

Recién había despertado. La radio no paraba de informar hechos que se me antojan repetitivos: otra masacre en México; Fidel Castro no estaba muerto y hoy está más activo que nunca; un nuevo huracán golpea el Caribe. Mi atención se agudiza de repente: las Fuerzas Militares de Colombia dan de baja al “Mono Jojoy”. Subo el volumen de la radio; mi esposa me percibe ansioso, alterado. Los gritos de felicidad se ahogan en mi interior.

En mi entorno cristiano la venganza es un pecado de última opción. El perdón, como lo enseñó Jesucristo, está en primer lugar de ese cúmulo de opciones que constituyen lo que se denomina “libre albedrío”. Pero ¿debo sentirme triste, o muy feliz –como lo estoy- por la muerte del mayor criminal que haya parido la fértil tierra colombiana?

Dios conoce mi corazón, y también el de los colombianos que tanto hemos sufrido con los embates de una guerrilla de doctrina pueril, símil de dolor y llanto; una subversión que se acostumbró a la farsa, al engaño para justificar el lucrativo negocio del narcotráfico, el secuestro y la extorsión.

Al conocer en detalle la noticia no puedo más que dejarme embargar por un sentimiento que aún no atino a describir, entre justicia y alegría, impropio en un ser de principios cristianos, pues reza la palabra de Dios: No devolváis mal por mal ni insulto por insulto. Al contrario, devolved bendición.

Sin embargo, y por esto pido nuevamente perdón al Señor, cómo podría el pueblo colombiano bendecir a un demonio de la calaña de Víctor Julio Suárez Rojas, alias “Jorge Briceño”, más conocido por los 43 millones de colombianos, y el mundo entero, como un hombre sanguinario, despiadado y cruel en extremo. A este individuo, como se le quiera calificar, el Anticristo por venir le quedaría “en pañales”.

Pero anota también el libro sagrado: ¡Ay del malvado, pues le irá mal! Dios le pagará según sus propias acciones. Al “Mono Jojoy” le llegó la hora de pagar por todo aquello que le permitió a Colombia ingresar, con ‘honores’ merecidos, al listado de países más violentos del planeta.
A “Jorge Briceño” le debemos semejante inversión de valores. Y hoy no está más; se ha ido lejos al mismo infierno de sus iniquidades.

Rogar por el alma de un hombre de la naturaleza del “Mono Jojoy” es tanto como enjugar las lágrimas de millares de compatriotas, que han padecido en carne propia el dolor, haciendo una especie de borrón y cuenta nueva. Orar a Dios por la suerte de este tirano es similar a tener una herida abierta en el corazón y pretender sanarla con extracto de limón puro. Nadie se atrevería a tanto.

Si bien alias “Jorge Briceño” murió abatido en forma trágica, no puede ser otro sino Dios quien lo perdone. Para el Supremo nada es imposible. Él mismo dice en la biblia: Todos han ido por mal camino, todos por igual se han pervertido. ¡No hay quien haga lo bueno! ¡No hay ni siquiera uno! Lo dice Dios, no un hombre. ¿Podría alcanzar perdón divino ese rebelde sin causa?

Lo que sí creo es que Colombia entera debe celebrar los resultados del operativo que permitió la desaparición del jefe del ala militar de las Farc. El “Mono”: directo al infierno; Colombia: feliz, muy feliz. Vítores a nuestras Fuerzas Militares.

Daniel Castro Peñaloza
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