El programa nuclear iraní “inquieta” a la Casa Blanca

Aunque los expertos no han detectado hasta la fecha indicio alguno de incumplimiento de la normativa internacional

Al término de un maratoniano y dificultoso debate que duró casi una semana, la Junta de Gobernadores de la Agencia Internacional para la Energía Atómica (AIEA) aprobó una resolución presentada por la UE que abre la vía para denunciar a la República Islámica de Irán ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.



En efecto, los países comunitarios –Alemania, Francia e Inglaterra– estiman que las autoridades de Teherán han incumplido el artículo XII de los reglamentos de la AIEA, relativo a posibles violaciones por parte de los Estados miembros del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP). Según la normativa vigente, la Junta puede informar al Consejo de Seguridad acerca de las violaciones del TNP y éste puede dictar sanciones –económicas y de otra índole – contra los Estados “rebeldes”.



“Hemos detectado muchas irregularidades en el programa nuclear iraní”, aseguran los occidentales, visiblemente molestos por la decisión de Teherán de interrumpir las consultas con la “troika” europea encargada en mantener el diálogo con los herederos espirituales del ayatolá Jomeyni.



¿Irregularidades? Según los directivos de la AIEA, los expertos de la Agencia no han detectado hasta la fecha indicio alguno de incumplimiento de la normativa internacional. Conviene señalar que, en este caso concreto, los comunitarios actúan como simples intermediarios entre Teherán y la Administración estadounidense. Un papel éste deseado por Washington y asumido gustosamente por los atlantistas incrustados en las altas esferas de la Comisión de Bruselas.



Los inspectores de la Agencia para la Energía Atómica tendrán que presentar, pues, antes de la próxima reunión de la Junta, prevista para el 25 de noviembre, un nuevo informe relativo a las supuestas violaciones del Tratado de No Proliferación por parte de Irán. La trama recuerda, curiosamente, el affaire de las inexistentes armas de destrucción masiva, que allanó el camino para la intervención militar estadounidense en Iraq.



Huelga decir que en los últimos meses, los negociadores comunitarios presentaron una serie de ofertas totalmente inaceptables para los iraníes. Se pedía a las autoridades de Teherán renunciar a su programa de investigación “con fines bélicos”, cuya existencia fue negada en reiteradas ocasiones por los iraníes, a cambio del mantenimiento y/o fortalecimiento de las relaciones económicas y comerciales con Occidente. Más aún; la UE se comprometía a tutelar a la República Islámica, si sus líderes aceptaban el papel de arrepentidos. “Arrepentidos, ¿de qué?”, preguntan los iraníes, asegurando que, hoy por hoy, su único interés consiste en disponer de fluido eléctrico de origen nuclear para acelerar el desarrollo industrial del país. Por su parte, la Federación Rusa, cuyos técnicos lideran el programa de investigación nuclear persa, denuncia la existencia de una operación de acoso y derribo llevada a cabo por Occidente. Los rusos, que participan en la construcción de la central nuclear de Boucher’h, estarían dispuestos a poner la mano en el fuego: Irán no dispone actualmente de tecnología militar. Nada que ver con la versión catastrofista, ofrecida por Israel a las cancillerías occidentales. En efecto, el jefe de la diplomacia hebrea, Sivan Shalom, manifestó esta semana que “Irán estará en condiciones de emplear la tecnología bélica en un plazo de seis meses”. Sus palabras llegaron a “inquietar sobremanera” al inquilino de la Casa Blanca.



Quienes están acostumbrados a armar el rompecabezas de la política de Oriente Medio, recuerdan, sin embargo, que hace apenas una década Israel, única potencia nuclear de la zona, trató de establecer un “diálogo atómico” con las autoridades de Teherán. No se trataba, claro está, de una oferta altruista, sino de un simple intento de… controlar el entonces incipiente programa nuclear iraní. Pero los ayatolás rechazaron la poco desinteresada propuesta. Hace apenas unos meses, el lobby judío de Washington logró la aceptación tácita de los círculos ultraconservadores norteamericanos para un “posible” ataque aéreo israelí contra las instalaciones atómicas iraníes. Curiosamente, unos de los principales objetivos de los estrategas hebreos es la central de Boucher’h, feudo de los científicos rusos.



Algunos recuerdan con temor el bombardeo israelí contra la central franco-iraquí de OsIraq; otros se preguntan si detrás de la preocupación israelo-americano-europea no se disimulan otros intereses: el deseo de Washington de preservar la hegemonía occidental en la zona.



Un último apunte: a finales de 2004, pocas semanas antes de ser reelegido, George W. Bush confesó a sus colaboradores directos que tenía intención de aprovechar su segundo mandato para “poner un poco de orden en Irán”. Más claro…







Adrián Mac Liman
ccs@solidarios.org.es

Acerca del Autor