El Senado de EU se disculpa, bueno, en su mayor parte

En el pasado reciente, el Congreso ha estado diciendo "lo siento" con mayor frecuencia

WASHINGTON -- ¿Estar en el Congreso significa siempre tener que decir lo siento?

La semana pasada, el Senado emitió una disculpa formal a las víctimas de linchamientos y sus descendientes, marcando la primera vez que el Congreso se disculpaba con afroamericanos por cualquier razón. La intención era borrar lo que legisladores llamaron una mancha en la historia del Senado: su repetida negativa, durante la primera mitad del siglo XX, a hacer del linchamiento un delito federal.



Siendo éste Washington, sin embargo, no todos estuvieron de acuerdo.



Cuando la resolución fue aprobada el lunes -- por voto oral, de manera que no quedaran registros -- 20 senadores no se habían convertido en copatrocinadores ni habían incluido su firma en un pancarta expresando apoyo. Para el final de la semana, con sitios de Web liberales que ofrecían camisetas ("Mi senador fue a Washington y todo lo que recibí fue un asqueroso linchamiento") enlistando las firmas faltantes, el número había disminuido a ocho, todos republicanos.



"¿Quiénes son los sucios ocho?", demandó Donna Brazile, estratega demócrata, cuya autobiografía, "Cooking With Grease" (Cocinar con manteca), es un recuento de recuerdos de su niñez negra en la racialmente segregada Louisiana.



Sus identidades pudieran conocerse analizando una lista de simpatizantes del Senado llevada por la senadora Mary Landrieu de Louisiana, la principal patrocinadora demócrata de la medida. Faltaban Lamar Alexander de Tennessee; Thad Cochran de Mississippi; John Cornyn de Texas; Mike Enzi de Wyoming; Judd Gregg de Nueva Hampshire; Trent Lott de Mississippi; John Sununu de Nueva Hampshire; y Craig Thomas de Wyoming.



Cada uno tuvo sus razones. Algunos dijeron que no consideraron necesario "copatrocinar todas las piezas de legislación agradables", en palabras de Sununu. Otros, como Enzi y Gregg, dijeron a través de portavoces que apoyaban la medida, señalando que no podía haber sido aprobada por voto oral si ellos la hubieran objetado.



Alexander, en un prolongado discurso presentado para el Registro Congresional, argumentó que la mejor forma de que el Senado "condene el linchamiento es poniéndose a trabajar" en legislación que promueva buenas escuelas y mejor atención médica para los negros.



Pero algunos, como Cochran, Cornyn y Lott, plantearon dudas sobre la sensatex de las disculpas oficiales.



¿Es necesario, preguntaron, que los políticos confiesen pecados que personalmente no cometieron? Y cuándo el gobierno empieza a disculparse, ¿dónde y cuándo se detiene?

"No creo que me involucre en la acción de disculparme por actos que cometieron Senados anteriores", dijo Cochran.



Su colega de Mississippi, Lott, quien perdió su puesto como líder de la mayoría hace varios años por declaraciones racialmente sensibles, dijo: "¿Dónde ponemos fin a todo esto? ¿Vamos a disculparnos por no hacer lo correcto sobre la Seguridad Social?".



Pero en el pasado reciente, el Congreso ha estado diciendo "lo siento" con mayor frecuencia. En 1988, el Congreso aprobó, y el Presidente Ronald Reagan firmó, una medida disculpándose con los japoneses-estadounidenses por su internamiento durante la Segunda Guerra Mundial, y ofreciendo 20,000 dólares en compensación a los internos sobrevivientes. Cheques y cartas de disculpa empezaron a ser emitidas al año siguiente.



En 1990, el Congreso se disculpó con mineros que extraen uranio y otros lesionados por pruebas nucleares. En 1993, se disculpó con los hawaianos nativos por el papel que desempeñó el gobierno en el derrocamiento de su reino. Y algunos, incluso el representante John Lewis, demócrata de Georgia y activista de derechos humanos, quiere que el Congreso se disculpe por la esclavitud.



Las disculpas políticas no salen fácilmente, sin embargo, y los políticos saben elegir sus palabras con precisión.



El Presidente Bill Clinton, quien llegó a la Casa Blanca sintiendo el dolor de otras personas, era un maestro del arrepentimiento cuidadoso. En 1998, en una gira por Uganda, casi llegó a disculparse por la esclavitud; en vez de ello expresó pesar por el papel estadounidense en el comercio de esclavos. Los republicanos, incluido el representante Tom DeLay de Texas, ahora líder republicano de la cámara baja, se burlaron de él.



"He aquí un portador de flores con el cabello gris", dijo DeLay en ese entonces, "haciendo exactamente lo que hizo en los años 60: Se está disculpando por las acciones de Estados Unidos". Cuando el Senado aprobó el anteproyecto de compensación para los japoneses-estadounidenses, la votación fue 69 a 27, un apoyo considerable, pero no abrumador.



Algunos dijeron que el dinero abarató la disculpa, y algunos dijeron que el lenguaje mismo fue barato. No fue así, según decenas de familiares de víctimas de linchamientos que llegaron al Capitolio la semana pasada, así como otros receptores de otras disculpas oficiales.



"Mi suegro tenía la carta de disculpa, del presidente de Estados Unidos, enmarcada y colgada en su casa", dijo la representante Doris Matsui, demócrata de California, cuyos padres, suegros y difunto esposo, Robert, fueron todos internados durante la Segunda Guerra Mundial. "Fue muy importante para los miembros de su generación".



Un interrogante abierto es qué beneficio recibe un político de disculparse. El senador George Allen, republicano de Virginia, por ejemplo, ha sido criticado en el pasado por exhibir un dogal en su despacho legal; le llamó "laso" y dijo que era parte de una colección de parafernalia del oeste. Ahora contemplando postularse para la presidencia, Allen fue el principal patrocinador republicano de la disculpa por los linchamientos; una acción sensata, dijo Scott Reed, estratega republicano.



"En el momento en que uno va a postularse para un cargo nacional, hace una lista de quiénes serán sus atacantes", dijo Reed. "Cualquier cosa que se pueda hacer para suavizarlos o sacarlos de esa lista es una medida inteligente".



Pero Brazile, la estratega demócrata, no estuvo tan segura. "Todo depende", dijo, "de qué venga tras la disculpa. Tienen que actuar después de que hablan".



SHERYL GAY STOLBERG

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