En el país de la belleza audaz, se agrieta un espejo de confianza

Este verano, lo que está más de moda, según reportes de la prensa local, es la liposucción en los dedos de los pies

Como rey del carnaval, se supone que el corpulento Rei Momo personifica todo el jolgorio, sensualidad y excesos asociados con la más brasileña de las bacanales. Por ello cuando el monarca reinante del evento se somete a una cirugía de desviación gástrica, pierde 75 kilos e inicia un programa de ejercicios, uno se empieza a preguntar qué está pasando.


Y cuando seis jovencitas mueren de anorexia en rápida sucesión —dos en las dos últimas semanas— la curiosidad se convierte en perplejidad. Brasil bien podría ser la sociedad más consciente del cuerpo en el mundo, pero ese cuerpo siempre ha sido el propio de Brasil, no uno norteamericano o europeo.


Para las mujeres aquí eso ha significado tener un poco más de carnosidad, distribuida de manera diferente para enfatizar la parte inferior en vez de la superior, el contorno de una guitarra en vez de un reloj de arena, y más ciertamente no una ramita. La anorexia, aunque largo tiempo asociada con países industrializados más ricos, era un motivo de aflicción en Brasil, pero del que casi no se oía hablar.


Pero eso fue antes de las incursiones de la estética tipo Barbie, las modelos famosas, la televisión vía satélite y las reconstrucciones médicas pusieran en claro en qué medida algunas ideas importadas de belleza, deseabilidad y salud han echado raíces en ideales brasileños alguna vez considerados inviolables.


Al “'mejorar' a los estándares internacionales de belleza”, dijo Mary del Priore, historiadora y co-autora de “La Historia de la Vida Privada en Brasil”, el país está abandonando su creencia tradicional de que “la corpulencia es un signo de belleza y la delgadez debe ser evitada”. El resultado contradictorio, añadió, es que “hoy son los ricos en Brasil los que están delgados y los pobres los que están gordos”.


Hace una generación, el tipo ideal aquí era Martha Rocha, una Señorita Brasil de mediados de los años 50. Terminó en segundo lugar en la competencia de Miss Universo supuestamente porque su cuerpo era demasiado generoso en sus caderas, nalgas y muslos, pero como esas características eran tan altamente valoradas en Brasil, como lo sugieren las caricaturas y la popularidad de los dibujos semi-pornográficos de Carlos Zefiro que circulaban, fue el gusto del resto del mundo el que se puso en tela de juicio.


Incluso la famosa “chica de Ipanema”, inmortalizada en la canción de bossa nova escrita en 1962, ilustraba las diferencias culturales que prevalecían entonces: Sólo en la versión en inglés es “alta y bronceada y joven y adorable”. En la letra original en portugués, el énfasis está en “el dulce oscilar” de sus caderas y trasero mientras camina, un balanceo descrito como “más que un poema, la cosa más hermosa que yo haya visto”.


Hoy, en agudo contraste, el epítome de belleza es Gisele Bundchen, la modelo internacional cuyo enorme éxito internacional ha inspirado a las miles de muchachas brasileñas que sueñan con imitarla inscribiéndose en escuelas de modelaje y competencias. Pero muy poco del cuerpo de Bundchen —alta y rubia, largirucha aunque con busto abundante— la conecta con su patria y la auto-imagen tradicional de ésta.


“La suya es una belleza globalizada que no tiene nada que ver con el biotipo brasileño”, dijo la doctora Joana de Vilhena Novaes, autora de “El Peso Intolerable de la Fealdad: Sobre las Mujeres y sus Cuerpos” y psicóloga aquí. “Tiene muy poco de caderas, muslos o trasero. Es una Barbie”, cuyos padres son de ascendencia alemana.


Novaes y otros han señalado que durante los años 60 y 70, las muchachas brasileñas jugaban con muñecas de fabricación local llamada Susi, que, reflejando la estética nacional, era de piel más oscura y más rolliza que sus contrapartes extranjeras. Pero en los 70, llegó Barbie, y para mediados de los 80, cesó la producción de muñecas Susi, aunque se reanudó en los últimos años en una especie de reacción.


Sin embargo, hasta recientemente nadie aquí habría hablado con admiración sobre tener una figura de reloj de arena como la de Barbie, ya no digamos el físico de perchero de las pasarelas internacionales. Más bien, el ideal era lo que se conoce como “um corpo de violao”, o “cuerpo de guitarra”; es decir, como el de Susi, más grueso en las caderas, muslos y trasero.


Un indicio de cuán rápidamente están cambiando los valores puede desprenderse de un estudio gubernamental divulgado en noviembre, apenas después de la primera de la oleada de muertes por anorexia, la de Ana Carolina Reston, una modelo de 21 años. Según el sondeo, el porcentaje de la población que toma supresores de alimentos aumentó en más del doble entre 2001 y 2005, haciendo de Brasil el principal país del mundo en consumo de píldoras dietéticas.


“Las razones son puramente estéticas, no médicas, especialmente para las mujeres”, que representan al menos 80 por ciento del mercado, dijo el doctor Elisaldo de Araujo Carlini, profesor de la Universidad Federal de Sao Paulo que es autor del estudio. “Quieren adelgazar como sea, todo debido a las imágenes procedentes del norte del Ecuador. Es una imposición cultural cruel sobre la mujer brasileña”.


Las mujeres en países de todo el mundo están sujetas a esas presiones, por supuesto. Pero las brasileñas argumentan que la situación aquí es más extrema: éste es, después de todo, un país tropical en el que, mucho más que en Estados Unidos, Europa o Japón, la gente vive al aire libre, a menudo, por comodidad, con ropa ligera que muestra las glorias o defectos del cuerpo.


Un resultado es una cultura de vanidad que parece no conocer fronteras. Este verano, lo que está más de moda, según reportes de la prensa local, es la liposucción en los dedos de los pies, y también ha habido versiones de un auge en la cirugía plástica entre mujeres de más de 80 años de edad.


Los hombres no son inmunes. Se dice que el Presidente Luiz Inacio Lula da Silva se sometió recientemente a un tratamiento cosmético en los dientes, e incluso el jefe de una tribu indígena en el Amazonas se sometió a cirugía plástica porque, como lo expresó sinceramente, “me encontraba feo y quería tener buena apariencia de nuevo”.


Pero la mayoría de las quejas sobre la tiranía de la cultura de la belleza aquí provienen de las mujeres. Cada año sigue el mismo patrón: La inscripción en gimnasios, llamados aquí “academias”, declina conforme llega el clima frío y sube de nuevo en el último trimestre del año, cuando las mujeres tratan de preparar sus cuerpos para lucir bien en las playas durante la temporada vacacional veraniega del Hemisferio Sur, que va de antes de Navidad hasta el carnaval, unos dos meses después.


Pero los hábitos alimenticios brasileños no facilitan el proceso. Si la comida emblemática estadounidense consiste de pollo frito, una mazorca de maís y pay de manzana, su equivalente brasileño es el siguiente: arroz con frijoles, papas, pasta, pan, ensalada y una rebanada de carne sazonada con farofa, o harina de yuca molida y tostada.


La dieta brasileña es mucha más alta en carbohidratos y más baja en proteínas de lo recomendado, dijo Claudia Carahyba, nutrióloga de Sao Paulo cuyos clientes incluyen a agencias de modelaje que quieren romper los malos hábitos de sus muchachas. “Eso es especialmente cierto entre los pobres”, dijo. “Ya que las proteínas cuestan más, las intercambian por carbohidratos como la yuca, que son más baratos y les dan sensación de saciedad”.


De hecho, el nuevo paradigma ha tardado más en penetrar en las regiones más pobres, como la Amazonia y el noreste, donde el hambre sigue tan extendida y la idea de “fartura”, o abundancia, es especialmente valorada. Ahí, los hombres en particular se sienten orgullosos de mostrar esposas e hijos cuyos cuerpos son más redondeados, como signo de que son buenos proveedores.


“Estar gordo era considerado maravilloso en Brasil, porque demostraba que uno comía muy bien, lo cual es importante para los brasileños”, dijo Roberto da Matta, antropólogo y columnista que es un importante comentarista social. “Que se tomen tres alimentos al día y se coman carne y frijoles, tranquilamente, ante una mesa con amigos y familiares, significa que alguien está atendiéndote bien”.


Expertos también coinciden en que los hombres brasileños, cualquiera que sea su clase o raza, han sido mucho más lentos en aceptar la delgadez como una medida de la belleza femenina. Cuando están buscando una pareja sexual, los hombres brasileños son consistentes y claros al decir que prefieren a mujeres bien dotadas en el trasero — “popozuda” es el término maravillosamente eufónico usado aquí— y que tengan curvas pronunciadas.


En el pasado, ese estándar estaba tan firmemente establecido que algunas mujeres brasileñas recurrían a la cirugía de reducción de senos o aumento de nalgas, en ocasiones incluso transfiriendo su propio tejido de una zona a otra.


Pero conforme el estándar internacional ha echado raíces, los gustos están cambiando.


“Esos bustos enormes que se ven en Estados Unidos, como en Playboy, siempre eran considerados ridículos en Brasil”, dijo Ivo Pitanguy, el más famoso cirujano plástico del país. “Pero ahora hay más tendencia que antes a querer senos que sean un poco más grandes, no hasta hacerlos enormes, sino más proporcionales como parte de un cuerpo que es más esbelto y más atlético”.


Aunque esos estándares globalizados de belleza se originaron en vecindarios ricos y principalmente blancos, gradualmente están siendo extendidos al resto de Brasil y cruzando las líneas raciales por las actrices y modelos que viven aquí y actúan en las populares telenovelas. Pueden encontrarse academias de ejercicio en áreas pobres, y los periódicos señalaron que la más reciente víctima de anorexia fue una adolescente de piel oscura de un suburbio de clase obrera de Río que soñaba con convertirse en modelo.


De hecho, las seis mujeres que murieron de anorexia vivían en Río de Janeiro o en Sao Paulo, los estados más cosmopolitas de Brasil y centros de la industria de la moda brasileña. La muerte que siguió a la de Reston fue la de una estudiante de moda de 21 años de edad. También murió una estudiante y oficinista de 23 años que tenía una página en la Web y daba clases de inglés.


Del Priore, la historiadora, señaló otros cambios fundamentales, los cuales dijo han conducido a una rebelión contra el machismo y la estructura patriarcal que cree persisten aquí.


“Este abrupto cambio es una decisión femenina que reflaja papeles cambiantes”, conforme las mujeres salen de casa y entran en el ámbito laboral, dijo. “Los hombres se siguen resistiendo y claramente prefieren el tipo más redondeado. Pero las mujeres quieren ser libres y poderosas, y una forma de rechazar la sumisión es adoptar estos estándares internacionales que no tienen absolutamente nada que ver con la sociedad brasileña”.

LARRY ROHTER
RIO DE JANEIRO, Brasil

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