Es ya hora de amarrar al orate

por Alfredo Mantilla


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Leí por allí unas declaraciones atribuidas al presidente bocón de Venezuela en las que jura y se da golpes de pecho señalando que la actual crisis mundial y la vertiginosa reducción de los precios del petróleo no van a afectar en nada los planes de crecimiento económico de su país.


"Si el precio del petróleo cayera al nivel de 2007, ubicado en 64,7 dólares por barril, o al (nivel) de 2006, de 55,21 dólares por barril, Venezuela no se vería afectada, por el contrario, seguiría creciendo", aseguró Chávez en un acto oficial transmitido en cadena nacional obligatoria de radio y televisión.


Ahora si creo que llegó el momento de que las personas sensatas de Venezuela —no necesariamente tienen que hacerlo sus opositores—busquen la manera de amarrar al orate, porque simple y llanamente anda meando fuera del pote. Que lo recluyan en una clínica siquiátrica, que lo declaren impedido para gobernar, que hagan algo parecido a lo que en su momento hicieron los ecuatorianos con Abdalá Bucaram, al declararlo incompetente —por sus desviaciones y locuras— para ejercer la presidencia. Así de simple. Lo sacaron del ‘coroto’ cuando comenzó a jugar fútbol, a cantar en bares, a desfilar en traje de baño por pasarelas... etc., etc. y por allá tuvo que refugiarse en Panamá.


El bocón venezolano ha hecho más locuras —sazonándolas con desmanes de todo tipo— y la comunidad internacional está ya cansada de tanta babosada, así que estimo que ha llegado el momento de que lo amarren con una camisa de fuerza.


No importa que ese comentario del patrocinador de las farc sea una postura política de cara al interior del país, porque en noviembre los venezolanos van a elecciones para escoger nuevos gobernadores y alcaldes y las huestes del chavismo sienten pasos de animal gigante, dado que todo indica que el mapa político se alterará en esos comicios regionales, lo que limitará la capacidad de Chávez para avanzar en su locura de expansión continental. Y eso, pienso yo, lo hace aun más peligroso... ¡lo pondrá más loco!


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