Mónika Ertl: izquierdista, protectora de huérfanos … y también una fría asesina

Hija del “fotógrafo de Hitler” Hans Ertl, sus vivencias en Bolivia serán tema de un largometraje

por Javier Aliaga


Hija del “fotógrafo de Hitler” Hans Ertl, militante de izquierda dispuesta a morir por sus ideas, protectora de huérfanos y también un fría asesina: así fue Mónika Ertl, la alemana cuya vida en Bolivia será llevada al cine el próximo año.


Llena de tremendos contrastes en un momento de gran tensión por la Guerra Fría, su vida de novela será contada en el filme “One Woman: Imilla”, un proyecto del director costarricense Mauricio Mendiola (“Marasmo” y “The Editor”) y el productor alemán Nikolaus Lohmann.


Los realizadores aseguran que, al contrario del apoyo recibido de autoridades y productores de Costa Rica, España, Alemania y Chile, no han encontrado mucho interés en Bolivia para este proyecto que prevé un presupuesto, como mínimo, de diez millones de dólares y la participación de al menos dos actores ganadores del Oscar, aunque sus nombres aún son un secreto.


Entre su llegada al país andino en 1953 -cuando tenía 15 años- y su asesinato en 1973 a manos de agentes bolivianos, Mónika tuvo una vida comparable en intensidad con la de su padre, que llegó a ser fotógrafo de Hitler y del mariscal Erwín Rommel durante su campaña en África en la Segunda Guerra Mundial.


Hans Ertl (Alemania 1908-Bolivia 2000) vivió en Bolivia medio siglo entre los Andes y la Amazonía, lugar donde finalmente se instaló en una hacienda bautizada como “La Dolorida”, en el departamento oriental de Santa Cruz, y donde Mónika alguna vez pretendió entrenar guerrilleros, un ímpetu que frenó su padre.


Hans Ertl llegó a Bolivia el 3 de marzo de 1950 a través de un vía que muchos conocieron como “la ruta de las ratas” y que facilitó la huida de miembros del régimen de Adolf Hitler hacia Suramérica. Hans, según dijo su hija Beatrix, quien aún vive en La Paz, nunca se consideró un nazi sino un artista y pacifista que sirvió en el Ejército alemán por obligación.


Al llegar a Bolivia, deseaba comenzar una nueva vida con su familia, al igual que otros de sus compatriotas, entre ellos algunos criminales nazis como Klaus Barbie, el tristemente conocido como “carnicero de Lyon”, que vivió en Bolivia, asesoró a dictaduras y tuvo que ver con la muerte de Mónika.


En su juventud, Hans también trabajó como camarógrafo de Leni Riefensthal, la célebre cineasta alemana que glorificó a los nazis y de quien fue su amante. En Bolivia realizó varios filmes (Paitití y Hito Hito) y trasmitió a Mónika la pasión por la fotografía y el cine.


Mónika, según Beatrix, fue la mayor y la “preferida” de las tres hijas de Hans que llegaron desde Alemania a La Paz tras una travesía por barco en el Atlántico y un viaje por tren entre Argentina y Bolivia.


Beatrix ha respaldado la idea del filme y ayudado a Mendiola y Lohmann con sus precisos recuerdos sobre nombres, fechas y circunstancias sobre la vida de Mónika y de Hans, aunque más que un documental los productores planean una película que destaque el lado humano de la protagonista en una época políticamente agitada.


Vida intensa


Mónika vivió su niñez en medio de la efervescencia del nazismo de Alemania hasta sus 15 años. Su familia emigró a Bolivia para tener una nueva vida tras el fin de la guerra. Aprendió el arte de su padre lo que le valió trabajar después para el documentalista boliviano Jorge Ruiz.


Se casó con un alemán en La Paz y vivió en las minas de cobre del norte de Chile. A los diez años, su matrimonio fracasó y ella entonces ayudó a fundar un hogar para huérfanos en un barrio de la ciudad, ahora convertido en un hospital.


En 1969 -según su hermana Beatrix- Monika se radicalizó y se vinculó con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), seguidor del guerrillero argentino-cubano Ernesto “Che” Guevara, quien dos años antes había sido derrotado y dado de baja por el Ejército boliviano, con ayuda de agentes de Estados Unidos.


En Hamburgo en 1972, Mónika asesinó a sangre fría al cónsul boliviano Roberto “Toto” Quitanilla como una venganza porque éste en su momento, como jefe de Inteligencia en Bolivia, supuestamente ordenó cercenar las manos del “Che” muerto para tener una prueba de que el mítico guerrillero había caído en La Higuera, en el sureste boliviano.


Monika, que “adoraba al Che como si fuera un Dios y tenía bronca con Quintanilla”, según Beatrix, acaparó entonces las portadas de los diarios del mundo al convertirse en la mujer más buscada de América.


“Mi padre se sentía muy triste. Él no quería que la tomaran presa porque sabía que harían con ella lo que quisieran. Cuando escuchó que la mataron quedó aliviado”, comentó Beatrix. Y es que Hans sabía que una vez que su hija había entrado a un grupo subversivo no podría retirarse y, peor aún, podía ser torturada hasta su muerte. La familia Ertl cree que en el asesinato de Mónika tuvo que ver Barbie, el nazi que asesoraba a las dictaduras bolivianas de las épocas.


Klaus Barbie, quien cambió su apellido por Altmann para iniciar una nueva vida en Bolivia, conoció a la familia Ertl en el estrecho círculo de inmigrantes alemanes en La Paz.


Paradójicamente, el padre de Mónika fue quien le consiguió el primer trabajo al nazi en este país con un judío alemán, según reveló el mismo Hans en una entrevista concedida en 1996.


Una película ambiciosa


La película es un proyecto ambicioso en el que participarán al menos dos actores galardonados con Oscar, cuyos nombres se mantienen en secreto, según Mendiola, entrevistado por Efe por medio de correo electrónico.


“Nik (Nikolaus Lohmann.) se interesó de inmediato por el proyecto pues vio, al igual que yo, el potencial de contar una historia situada en dos mundos tan aparte, y cubriendo desde Europa hasta América Latina en el pico más álgido de la Guerra Fría”, comentó el director costarricense.


El filme también dará la oportunidad de conocer en parte la situación de los refugiados alemanes de la postguerra que cambiaron sus vidas en Latinoamérica, entre ellas la del nazi Barbie, sobre quien también se estrenó una película francesa hace poco en Bolivia.


Se trata, según Mendiola, de una parte de la historia alemana de la que no se había contado mucho antes en el cine, pero que involucra a nazis como Barbie, además de Joseph Menguele que vivió en Paraguay o Erich Priebke y Adolf Eichmann en Argentina.


“Comprendí que detrás de la fría asesina de Quintanilla en Hamburgo había una mujer que nos podía hablar de una época convulsa como pocas”, apuntó el director costarricense.


El filme ahondará también en el alma de Mónika, su lado humano y en la sensibilidad social porque, aparte de su relación con el ELN que fue corta “tuvo una vida muy rica” como “hija, esposa, cineasta, hermana, y madre de muchos niños huérfanos”.


Se trata de una historia muy poco conocida en Bolivia donde las autoridades, al parecer, según Mendiola, continúan con una “falta de interés en cooperar con este tipo de proyectos”.


“Hemos esperado lo prudente, ellos tienen nuestros datos pero probablemente tienen otras cosas más urgentes entre manos”, comentó.


Los productores están buscando escenarios de filmación alternativos a Bolivia, pese a su deseo inicial de llevar a cabo la mayor parte del trabajo en este país, al que prevén volver para grabar “las cosas imposibles de filmar en ninguna otra parte del mundo”.

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