Esa Colombia homofóbica…


La Colombia pacata y retrechera se estremece hasta los cimientos cuando por diferentes vías quedan expuestas al paredón público dos parejas de lesbianas vinculadas a los poderes del estado. ¡Desvergüenza! ¡Inmoralidad! ¡Desfachatez! Deberían quemarlas en la hoguera, pero antes que dejen sus puestos, gritan los rectores de la moral colombiana y esperan que sus alaridos resuenen tan alto como se requiera para que del cielo caigan rayos y centellas que fulminen a esas cuatro desviadas. ¡Mujeres del demonio!, mascullan mientras rezan a sus dioses.

Desde que la semana pasada la ministra de transporte, Cecilia Álvarez, reveló en un programa de radio que era lesbiana y que su pareja era la también ministra —de educación— Gina Parodi, la Colombia que sigue los cánones moralistas del procurador Alejandro Ordóñez y del senador Roberto Gerlein, ese país homofóbico a rajatabla, el mismo que se muestra quizá más retardatario si la pareja homosexual es femenina, empezó a ponerle velas a sus ‘santos’ para que caiga sobre ellas el castigo divino. ¡Es que ellos son tan misericordiosos!

Pero la gota rebozó el vaso cuando saltó a la palestra otra pareja de famosas: las congresistas Claudia López y Angélica Lozano, senadora y representante a la cámara por el partido Alianza Verde respectivamente, quienes hicieron pública una relación que, a diferencia de la de Álvarez y Parodi, ya era conocida en algunos círculos.

El martes, el abogado Víctor Velásquez presentó una demanda de pérdida de investidura contra las dos congresistas, argumentando que la ley vigente en Colombia prohíbe que dos parlamentarios que mantienen una relación de pareja trabajen en el mismo lugar.

"Dos personas que estén casadas o tengan unión libre o sean compañeros permanentes no pueden ser elegidos para la misma corporación en la misma fecha, en la misma elección y por el mismo partido", sentenció Velásquez al justificar la retaliación disfrazada de denuncia, a la cual las involucradas le salieron al paso señalando que ellas apenas son novias.

Pienso que Ordóñez debe estar en este momento afilando sus garras para propinar un zarpazo. O varios.

Alfredo Mantilla
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