¿Estamos —o vamos— camino a la venezolanización?


La caricatura muestra a una pareja amancebándose en la cama cuando entra a la habitación una dama que por el gesto debe ser la ‘oficial’ del fulano y como tal le espeta: ¡¿Cariño, qué es esto!?, a lo que el caballero pillado in fraganti, pero con su cara bien lavada responde: “¡Un montaje que tú me hiciste!”.

Creo que la situación no podría retratar mejor lo que viene sucediendo en la escena política colombiana, luego que la revista Semana divulgó un video en el que aparece Óscar Zuluaga, el candidato del expresidente Álvaro Uribe, planeando estrategias de guerra sucia con un hacker que estaba dedicado a sabotear el proceso de paz que se adelanta en La Habana y él olímpicamente sale a la palestra pública con aires de ofendido y diciendo que lo que se ve allí y se habla allí, en esa suerte de prueba reina, no es más que un montaje urdido por la campaña de Santos para perjudicarle y no permitir que él llegue a la presidencia que cree tener ya casi en el bolsillo. Que él no ha hecho nada malo, que él es un señor honorable, aunque varios días atrás había asegurado que no conocía al pirata cibernético que fue detenido por la Fiscalía. Y sigue tan campante, pidiéndoles a los colombianos que este domingo voten por él, perdón, que voten por Uribe, porque en el país todo se vale. Todo está permitido y la picardía paga. ¡Qué ejemplo!

Más de uno me tildará de exagerado, pero estimo que este tipo de situaciones y el resto de agua sucia que ha venido salpicando la atípica campaña presidencial, han creado un peligroso clima de polarización en Colombia, que de alguna manera me hace mirar hacia la vecina Venezuela, un país que se encuentra dividido en dos bandos y no se asoma en el horizonte el punto de encuentro que les permita llegar a un escenario de reconciliación. ¿Es eso lo que nosotros queremos para nuestra patria? ¡Yo no lo creo! Por eso considero que los colombianos estamos obligados a rechazar esa política del odio que nos quieren imponer y un primer paso debe reflejarse el domingo en las urnas, hasta donde debemos acudir respetando las posiciones ajenas, pero sin dejarnos arrastrar al terreno de la confrontación, como si el país no tuviera derecho a vivir en paz.

Alfredo Mantilla
editor@elcolombiano.net

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