Fin de semana en barrio de chabolas, una nueva forma de “turismo social”

En este país, que será anfitrión del próximo Mundial de Fútbol, la mayoría de la gente vive en “townships”

El turismo en Suráfrica ha roto un tabú, asentado en el país desde la época del “apartheid”, con el lanzamiento de un nuevo programa denominado “Staesa Mini Adventures Tour”, que permite vivir la experiencia de una estancia de fin de semana en un “township”, o barrio chabolista.


Laia Samper, de 28 años, una española de Barcelona y trabajadora de la Organización No Gubernamental STAESA, que ha puesto en marcha la experiencia, subrayó a EFE que “la mayoría de la gente en Sudáfrica vive en 'townships' y no visitar uno de ellos es renunciar a ver la Sudáfrica real, es como ir a París y no visitar la torre Eiffel”.


Gracias a esta iniciativa, alejada del concepto tradicional del “souvenir” y del “pasar, mirar y marcharse”, personas de raza blanca visitan barrios chabolistas habitados por gentes de color, en este caso el Reiger Park, ubicado a las afueras de Johannesburgo y cuyos habitantes son los primeros interesados en difundir la nueva imagen del asentamiento urbano.


El programa “Staesa Mini Adventure Tours” se inició el pasado fin de semana con la participación de cinco mujeres blancas, quienes pasaron dos días en un “township”, un lugar antes de difícil acceso para los miembros de esta raza por razones de seguridad y por prejuicios raciales.


Los “townships” están habitados por mayoría negra o mestiza y fueron promovidos por el gobierno segregacionista del “apartheid” en los años 60 para separar a los ciudadanos siguiendo criterios raciales.


Normalmente son barrios en los que abundan los barracones y chabolas de hojalata y madera, y están ubicados en la periferia de las principales ciudades, como Durban, Ciudad del Cabo y Johannesburgo, la mayor y más importante de Suráfrica.


El programa “Staesa...” está previsto que se lleve a cabo al menos una vez al mes. Las muchachas blancas que convivieron con los habitantes del “township” el pasado fin de semana estuvieron acompañadas durante toda la estancia por dos pastores religiosos, Robert Milton y Simon Kudzo, ambos líderes muy respetados en la comunidad por su profunda implicación con los problemas cotidianos de la gente.


El “tour” incluyó una visita a las principales organizaciones del “township” para conocer sus proyectos, intercambio de opiniones con la gente, degustación de comida típica del suburbio, pernoctación en casas de familias residentes y asistencia a la misa “gospel” del domingo.


Las visitantes también pudieron pasear por algunos de los lugares más “emblemáticos” de Reiger Park, que cuenta con unos 115.000 habitantes.


Algunos de los barrios del “township” tienen nombres curiosos: “Jerusalem”, por los numerosos templos allí concentrados; “Pop corn”, por el rápido crecimiento del número de casas, similar a las palomitas de maíz, o “Excuse me”, por la proximidad y la precariedad de las viviendas, donde se escucha hasta el estornudo del vecino.


Algunos residentes de Reiger Park aseguraron estar muy contentos de alojar a los visitantes en sus casas.


“Creo que es muy bueno conocer otra gente, alojarlos en casa, saber qué piensan, que vengan aquí y vean cómo se vive”, añadió Zelda Kotzen, viuda, de 52 años y vecina del “township” desde que nació.


Zelda acogió en su casa a la española Carmen Heriz, de 28 años, una economista procedente de Madrid, quien destacó la generosidad y la amabilidad de la gente.


“Te abren sus casas, tienen poquísimo y te lo dan todo, es increíble”, aseguró.


Aunque el tour “es muy bueno para la comunidad”, Zelda lamentó que los blancos aún teman acercarse a los “townships”: “La gente blanca tiene mucho miedo por el crimen, las bandas, el SIDA y porque la televisión sólo muestra las cosas malas de aquí, nunca lo bueno”.


Para la joven española, la experiencia fue todo un éxito, sobre todo porque “para nosotros, que venimos de un país desarrollado, ayuda mucho a relativizar nuestras preocupaciones”.


Carmen coincidió con su anfitriona en que los blancos tienen miedo porque aún hay mucho racismo y prejuicios sobre los “townships”.


Valeria Solís, una diplomática de 26 años de México, también encontró muy positiva la experiencia: “Es una buena oportunidad para conocer una realidad muy escondida y salir de la burbuja en la que viven los blancos en este país”.


Para el pastor Simon Kudzo, uno de los organizadores, este programa es muy positivo porque “todo lo que se recaude va directo a las familias que han colaborado”.

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