Hay que gritar ‘fuego’ en un planeta que está caliente

Un sondeo de Gallup el mes pasado muestra que la gente sigue sin preocuparse por el cambio climático

El calentamiento global está siendo motivo de noticias sensacionalistas en los días que corren.



Los osos polares se están ahogando; una ciudad estadounidense está bajo el agua; capas de hielo se están desmoronando. La revista Time proclamó que los lectores deberían preocuparse. Preocuparse mucho. Hay nuevos libros éxitos en ventas y una serie de documentales, incluido uno protagonizado por el ex vicepresidente Al Gore y su evangelista del clima que es descrito como “la película más aterrorizadora que verá jamás”.



¿Los humanos son como ranas en una olla hirviendo, inconscientes de que las temperaturas han alcanzado el punto de ebullición? ¿O el calentamiento global ha entrado en un “ciclo alarmista”, como escribió Richard S. Lindzen, climatólogo del MIT en un artículo recientemente publicado en la página de opinión de The Wall Street Journal?



Hay suficiente estática en el aire para simultáneamente confundir, alarmar y paralizar al público. ¿El calentamiento global es ahora una realidad? ¿Qué saben los científicos en concreto y cuándo sólo están especulando?



¿Y qué puede lograrse realmente cambiando de comportamiento? Después de todo, ha habido los tradicionales llamados a limitar las emisiones de gases de invernadero que atrapan el calor, pero un creciente número de expertos también dice lo que anteriormente era impensable: los humanos tendrían que adaptarse a un planeta más cálido.



He aquí un intento de proyectar algo de luz en medio de todo el calor.



Qué sabemos



Entre los polos de la catástrofe del tiempo real y la falta de acontecimientos se ubica la opinión científica prevaleciente: Sin grandes cambios en las tasas de emisiones, el calentamiento global por la acumulación de gases de invernadero probablemente conducirá a transformaciones sustanciales, y en gran medida irreversibles, del clima, los ecosistemas y las líneas costeras posteriormente este siglo.



La temperatura promedio de la superficie de la Tierra se elevó en 0.2 grados centígrados durante el siglo XX, a alrededor de 15 grados centígrados, pero la tasa de calentamiento respecto de los años 70 hasta ahora ha sido tres veces más alta que la tasa promedio de calentamiento desde 1900. Los mares se han elevado entre 15 y 20 centímetros globalmente en el último siglo y la tasa de ascenso ha aumentado en la última década.



En 2001, un gran equipo de científicos emitió la más reciente evaluación del cambio climático y concluyó que más de la mitad del calentamiento reciente probablemente había sido causado por la gente, principalmente porque estamos añadiendo decenas de miles de millones de toneladas de bióxido de carbono y otros gases de invernadero de larga vida a la atmósfera, principalmente quemando carbón y petróleo.



No existe ya un debate en torno a una cosa: más de estos gases causarán más calentamiento. Lindzen, quien sostiene que cualquier influencia climática humana es insignificante y ha criticado a quienes llaman al calentamiento global una catástrofe, coincidió con este hecho básico en su artículo.



Al mismo tiempo, pocos científicos coinciden con la idea de que el exceso reciente de huracanes potentes, olas de calor europeas, sequías africanas y otros extremos climáticos son, en esencia, nuestra culpa. Hay una variabilidad natural más que suficiente en la naturaleza para encubrir una conexión directa, dicen.



Incluso avistamientos recientes de osos polares ahogados no pueden atribuirse firmemente a la influencia humana en el clima dadas las grandes fluctuaciones cíclicas de las formaciones de hielo en el Ártico.



Qué se debate



Las preguntas sin resolver conciernen al ritmo y extensión del calentamiento futuro y el impacto en la fauna, la agricultura, las enfermedades, el clima local y el peso de los océanos del mundo; en otras palabras, todas las cosas que importan a la gente.



Las estimaciones más recientes, incluido un estudio publicado la semana pasada en la revista especializada Nature, prevén un calentamiento probable de alrededor de un grado centígrado si la concentración de bióxido de carbono alcanza el doble de la cifra de 280 partes por millón que ha sido la norma en la Tierra durante al menos 400,000 años. Esto es mucho más bajo que algunas de las proyecciones apocalípticas de los últimos años, pero también mucho más alta que las tasas de calentamiento moderadas en que se enfocan los escépticos y los cabilderos de las industrias.



Como resultado, para 2100 más o menos, los niveles del mar pudieran estar varios centímetros por encima de donde están ahora, y la nueva normalidad en el planeta durante los siguientes siglos pudiera ser costas que se retraen conforme las capas de hielo del Antártico y Groenlandia se erosionan constantemente.



Los ríos alimentados por glaciares montañosos, incluidos los que nutren a gran parte del sur de Asia, pudieran secarse. Los grandiosos planes para restaurar a Nueva Orléans y los Everglades carecerían de significado conforme avancen las aguas marítimas. Manhattan se convertiría en Nueva Orléans, una ciudad semi-sumergida rodeada por diques. En los veranos, los osos polares quedarían varados en las pocas costas cubiertas de hielo restantes en torno al Océano Ártico cada vez más azul.



Las proyecciones de cómo podrían cambiar los patrones de sequías, inundaciones, calor y frío están entre las más difíciles, y seguirán llenas de enormes incertidumbres durante mucho tiempo, dijo M. Granger Morgan, físico y experto en políticas de la Universidad Carnegie Mellon en Pittsburgh.



Por ejemplo, aunque las simulaciones computacionales del clima consistentemente muestran que los centros de los grandes continentes probablemente se volverán más secos, y los inviernos y noches generalmente serán más cálidos, no pueden predecir de manera confiable las condiciones en Chicago y Shangai.



¿Cuál es la prisa?



Para el reloj de la geología, este cambio climático está desarrollándose a un ritmo vertiginoso, quizá sin precedentes, pero para la escala del tiempo relevante para la gente, está sucediendo en cámara lenta. Si lo malo no sucede en 100 años más o menos, es difícil convencer a los gobiernos y los electores de que emprenden acciones.



Y he ahí el meollo del asunto. Muchos científicos dicen que para evitar una duplicación de las concentraciones de bióxido de carbono, debe aumentarse drásticamente la eficiencia energética, y pronto. Y para mediados de siglo, añaden, debe completarse una transformación de la tecnología energética. Esa pudiera ser la razón de que algunos ambientalistas traten de vincular el clima de hoy con el problema de mañana. Aunque los científicos dicen que carecen de evidencia firme que conecte al clima reciente con la influencia humana en el clima, los activistas ambientales siguen impulsando esa idea.



“El asunto evidentemente tiene un problema respecto a la urgencia”, dijo Billy Parish, fundador de Energy Action, una coalición de grupos estudiantiles. “Quizá soy un paranoico que ve calentamiento global en todas partes, pero los efectos aquí y ahora parecen estarse acumulando, y pienso que necesitamos hacérselo comprender a la gente”.



Un sondeo de Gallup el mes pasado muestra que la gente sigue sin preocuparse por el cambio climático. Cuando se pidió a los participantes que clasificaran 10 problemas ambientales, el calentamiento global casi estuvo en el fondo, muy por debajo de la contaminación del agua y los desechos tóxicos (ambos en gran medida controlados).



Sin una conexión con los desastres actuales, el calentamiento global es el tipo de problema en cuya resolución las personas, y las instituciones democráticas, han resultado singularmente torpes: una amenaza a largo plazo que sólo puede limitarse actuando rápidamente, antes de que el daño sea claro.



Los problemas que atraen la atención son “inminentes, sobresalientes y seguros”, dijo Helen Ingram, profesora de planeación, política y diseño de la Universidad de California en Irvine.



Insistir en la urgencia del problema bien pudiera ser contraproducente, según “Americans and Climate Change” (Los estadounidenses y el cambio climático), un nuevo libro de la Escuela de Estudios Forestales y Ambientales de Yale.



El libro señala que la urgencia no parece ser algo que pueda imponerse a la gente. Además, dice, “la urgencia es especialmente propensa a ser descartada como alarmismo no razonado o incluso pasión”.



Entre sus recomendaciones, el libro de Yale sugiere algo radical: desechar la renuencia a aceptar la adaptación como estrategia. La adaptación a los extremos climáticos ha sido descartada por muchos ambientalistas como derrotismo. Pero, dice el libro, la adaptación pudiera ayudar a la gente a enfocarse en la realidad de lo que está por venir; y eso podría motivarles a reducir las emisiones para limitar la probabilidad de cambios mayores en el futuro.



Las acciones pudieran ir desde desarrollar cosechas resistentes a las sequías hasta eliminar el seguro federal y otros subsidios que desde hace tiempo han alentado el desarrollo costero.



¿Pudiera funcionar insistir en la adaptación? El grupo de Yale llama al calentamiento global “el problema perfecto”; queriendo decir que una confluencia de características lo hacen difícil, si no imposible, de resolver. Su impacto sigue eclipsado por la incertidumbre científica, sus efectos se sentirán a lo largo de generaciones, y está siendo ampliado por todo, desde el uso de hornos de microondas para descongelar alimentos hasta el llevar electricidad a una aldea india.



“Deseo que pudiera ser más optimista de nuestra capacidad para lograr que una porción más amplia del público comprenda esto y se sienta motivada a actuar”, dijo David G. Hawkins, quien dirige el programa climático del Consejo de Defensa de los Recursos Naturales, un grupo privado.



En un mensaje de correo electrónico, escribió: “Somos organismos sensoriales; comprendemos el tizne del diesel porque podemos olerlo y verlo. Comprender el calentamiento global es en demasía un proceso intelectual. Quizá las imágenes de osos polares ahogados (que estamos tratando de encontrar) conmuevan a la gente, pero incluso así la gente necesitará creer que esos ahogamientos se deben a nuestro fracaso para crear plantas de energía y autos más limpios”.



ANDREW C. REVKIN
NUEVA YORK
The New York Times News

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