Hay que tener fe…


Luego de un receso de dos semanas, en el que me fui de plan familiar a visitar a la vieja Susa y a los hermanitos, primitos y relacionados que se mueven por allá en esas tierras ricas y agrestes de Texas, vengo con las pilas renovadas. Definitivamente no hay como el descansar, descansar y descansar para poder mirar la vida y las cosas desde otra óptica.


En esos largos y fríos días de ocio hice algunas reflexiones y hasta me alcanzó el tiempo para pedirle a papá noel que me trajera algunas cositas. Lo primero que anoté en la lista fue que si no había más remedio —debido al frío tan berraco que hacía— me trajera algunos estornudos, para que así los que me rodean siempre me estén deseando salud, dinero y amor. Que de lo demás me encargo yo.


Le pedí por mi viejita. Por los hermanos que allí estaban y también por un par que andan rebeldes por allí. Le pedí por mi bella y adorada esposa. Por los familiares de ella, a quienes siento como míos. Por mis pocos y buenos amigos. Por mis muchos y buenos conocidos. Hasta le pedí que a mis enemigos gratuitos les vaya bien, para que así no se metan conmigo. Que me olviden. Le pedí por Colombia. Por mis paisanos. Y cuando estaba en esa etapa del listado de peticiones se me ocurrió pedir un mejor futuro para el país y fue entonces cuando se fue la luz.


¡Si!, en Houston, cuna de la industria petrolera de Estados Unidos, por un momento que no puedo ahora precisar, se fue la luz. Todo quedó en penumbras. Me pareció que esa falla eléctrica fue como una suerte de premonición. Me quedé reflexionando sobre el asunto y llegué a la conclusión que esa petición sobre el futuro de mi querida Colombia estaba como sobrando, porque como van las cosas al país le espera lo mejor, porque está en las manos de Dios y de su infinita bondad.


Bueno, en realidad ese futuro debe cumplir apenas un trámite en dos pasos: Corte y pueblo, para de allí pasar a las manos divinas y seguro que de esas saldrá la mejor decisión posible, porque el altísimo nunca se equivoca y sabe escribir derecho con renglones torcidos.


Yo por eso tengo fe. ¿Y tú?

Alfredo Mantilla
editor@elcolombiano.net

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