Heriberto Fiorillo: Suerte de alquimista que convierte lo imposible en realidad

Este polifacético personaje, con la reapertura de "La Cueva" se coronó de gloria hasta su próximo proyecto, porque nunca se queda quieto

Es una verdadera luminaria en la Costa Atlántica, triunfador además en el competitivo escenario nacional con base en Bogotá, en diferentes áreas de la comunicación, desde el periodismo, pasando por director de cine, escritor e impulsador de proyectos novedosos, que sólo con el entusiasmo y enorme talento pudieron realizarse.



Me refiero a Heriberto Forrillo, actualmente acariciando la gloria, con su más reciente realización profesional como fue haber rescatado el tertuliadero de lecturas y bohemia “LA CUEVA”, en Barranquilla, que sirvió de cuna literaria a quienes posteriormente dieron de que hablar por sus cercanías con el laureado Nobel de literatura Gabriel García Márquez, entre otros Álvaro Cepeda Samudio, Alfonso Fuenmayor, Alejandro Obregón y Germán Vargas.



Con el tiempo, LA CUEVA había quedado en el olvido y como una simple referencia a Fiorillo, que nació muy cerca del sitio se le convirtió en una obsesión restaurar el mítico lugar, ponerlo en circulación y ubicarlo como un escenario permanente cultural en Barranquilla, en la Costa, en Colombia y en nuestra América Latina. Lo que parecía imposible ya es una realidad.



Heriberto, primero escribió un libro contando la historia de los protagonistas asistentes a LA CUEVA, contando pormenores de las reuniones, obra que tuvo mucha resonancia y que animó a la empresa privada barranquillera a darle apoyo económico al periodista para que hiciera una ‘cueva’ del siglo XXI pero guardando los añejos recuerdos fotográficos y los mismos lugares y espacios del tertuliadero original.



La inauguración fue todo un acontecimiento en el país y ya LA CUEVA está abierta para el público y Heriberto se coronó de gloria hasta su próximo proyecto, porque nunca se queda quieto, ya debe estar pensando en otra realización tan importante o quizás más novedosa, porque siempre nos sorprende.



¿Trataste muy brevemente a Obregón?



“De Obregón llegué a ser durante un breve espacio de tiempo un buen amigo porque él estaba encarretado con la historia del cuento del “Ahogado más hermoso del mundo”, historia de Gabo y que él quería filmar. Hablamos varias veces sobre el tema y él quería hacer de autor. Hablamos en su casa en Cartagena, nos fuimos a esos lugares secretos hablando en medio de la escandalosa ladrada de los perros, bebíamos y conversábamos. El cuento del ahogado, su texto se lo querían apadrinar además de Gabo, Cepeda, y se decía que era un caso real y no de la imaginación…”



¿Algunas vez soñaste que realizarías este proyecto tan grande?



“Yo desde pelao lo único que quería ser era periodista, yo creía que ser periodista era como vender periódico, a mi casa llegaba la prensa y llegaba El Heraldo y yo me lo metía debajo del brazo y gritaba ¡prensa Heraldo! Eso fue como el primer contacto con el periodismo y además yo aprendí a leer muy temprano, aprendí como a los tres años, pero no sabía lo que leía, es decir yo podía identificar lo que decía por ejemplo catástrofe yo no sabía que era catástrofe pero leía perfectamente, cosa que asombró a mi abuela y yo aprendía a leer porque mi mamá me leía comics y en los comics como tú ves la figura y ves la letra y asocias la acción con lo que están diciendo, entonces mi mamá siempre me leía comics al acostarme después de haber leído”.



¿Pero siempre tu vocación era ser periodista?



“Mi vocación era las palabras, las letras y sigo insistiendo que el periodismo bien hecho es literatura…”



¿Alguna vez hiciste en el colegio un mimiógrafo?



“Yo no me acuerdo como se llamaba, era en el colegio San José, no solamente hacía eso a mano y se lo pasaba a los estudiantes sino que también hice una cartelera extraoficial porque había una cartelera oficial del colegio pero yo quería publicar otras cosas, entonces me invente esa cartelera que me la hizo un carpintero cercano a la casa que se llama Cristóbal, y yo empecé a escribirle a presidentes famosos y algunos me contestaron y yo publicaba la respuesta de esos presidentes”.



¿Tienes ese material reunido?



“Yo creo que mi mamá reunió muchas cosas de esas, deben estar en las casas de mis hermanas que son como las más fetichistas, yo soy más desordenado”.



¿Cuál fue tu escuela periodística?



“Bueno la escuela que más recuerdo es la escuela de los cronistas en esa época, los cronistas de Cromos, recuerdo a Gossaín, recuerdo a Henry Olguín, eran los maestros de la fábula, ellos eran unos fabuladores, hacían creer una cantidad de cosas que no eran ciertas y esos eran los periodistas realmente literatos”.



Eso no está en el libro, es interesante que reveles cosas que no están en él...


“Pues es interesante porque cuando yo escribí LA CUEVA, lo hice con base en los personajes que vienen del Café Colombia. Yo creo que, por ejemplo, los personajes de la época de la Cueva del 54 al 69 ó 70 no están tan profundamente dibujados como están los de que vienen del Café Colombia”.



Los inventos de Racedo es muy fabulista...



“A mi me dieron una explicación buenísima sobre la desmesura, la desmesura literaria, que es lo bonito que lo popular le discute a la academia y es parecido como aquel episodio de Vargas Llosa en Cartagena con Raymundo de la Espriella cuando le dice a Eligio García: “en esa cosa de García Márquez que está basada, inspirada en la influencia de Gargantúa y Pantagruel de Rabelais... y entonces alguien le dice ¿cuál Revelen? Era que había un señor (te lo voy a contar) que tenía un pene muy grande aquí en Cartagena, que tenía el pene tan grande que lo llevaba a pasear, era como una persona, lo llevaba a cine y a veces el pene le decía “ñoño no me gusta esa película vámonos”. Y es lo mismo que estábamos conversando con Racedo. Racedo decía una cosa maravillosa. Él decía que la desmesura venía de los cazadores y no de los literatos. Porque los cazadores cazaban una cosita chiquitica y decían que era así de grande. De ahí viene la desmesura”.



¡Tú has hecho de un grupo de una situación ubicarlo a la grandeza que lo has ubicado!



“Yo lo he repetido varias veces, yo pasé de los comics de Batman y Robin a Cepeda Samudio y Obregón, ellos son mis superiores”.



¿Qué hubiera pasado con Cepeda si no muere?



“No sabemos, muere muy joven, muere a los 46 años; hay mucha gente que critica el hecho de que quizás no hubiera hecho nada, pero a qué edad comenzó a escribir Saramago? Muy tarde”.



¿Crees que sus dos obras son tan importantes como las presenta?



“Yo si creo por una razón fundamental, ‘Todos estábamos a la espera’ (1954) es un libro de cuentos dentro de una ciudad, una ciudad enorme que es incluso entre otra vaina Nueva York-Barranquilla, que es una mezcla de eso, nadie estaba escribiendo urbano en esa época o sea cuando sale ‘Todos estábamos a la espera’ la cuentística nacional era una cuentística de pueblos, de situaciones que ocurrían en los pueblos y él como tuvo mundo y viajó nos presentó otras historias”.



¿Gabo por que no menciona que estuvo en La Cueva de Barranquilla?



“De pronto lo va a mencionar en el segundo libro. De pronto siente que La Cueva es más de sus amigos que de él. Él produce su gran obra en la época de La Cueva, o sea la época de La Cueva es del 54 al 69-70 y él produce su gran trabajo del 55 al 67, es exactamente la misma época, lo que pasa es que es la época de su gran literatura y de sus grandes viajes.


Lo que ocurre es lo siguiente, García Márquez es el mayor difusor de La Cueva, es el hombre que la vuelve famosa porque Gabito cuando se ganó por ejemplo el premio a la palabra, lo que dijo fue “se lo dedico a mis amigos de La Cueva” y en efecto, Germán Vargas recibió el premio por él y lo trajo y lo pegó en una pared de La Cueva que no sabemos donde quedó. Luego, cuando gana otro premio, el premio de cuentos, en todo caso le preguntaba en una entrevista Guillermo Angulo otro amigo de él fotógrafo, bueno y ¿tú que vas a hacer ahora? yo, que me dejen de joder y me dejen ir con Álvaro Cepeda a La Cueva a tomá trago y que no jodan más.

Él habla en ‘Funerales de la Mamá Grande’ de los camajanes de La Cueva o sea que fue una referencia a sus amigos de Barranquilla, que son los amigos del grupo de Barranquilla, y por eso el grupo de Barranquilla también se le llama el grupo de la Cueva, es gracias a eso y gracias a eso también es el Nobel de García Márquez, quizás sin un Nobel de pronto la bullaranga no sería tan alta, lo que hay que reconocer es cómo nosotros nos dejamos llevar por el sol y no miramos otros planetas y sus atributos”.



Talentos es un programa televisivo tuyo, un logro mayor que el de La Cueva, ¿por qué no le dieron las dimensiones que tenía eso?



“Pero más que un diseño la intención de hacerlo es la forma, cómo tu puedes ver hoy en día esos programas y todavía tienen validez, se pueden ver veinte años después porque son reflexiones, si te das cuenta, sobre la vida, la muerte, los amigos, el amor, son reflexiones que te nutren”



¿Cuál fue el personaje que más te impresionó?



“Rubén Afanador el fotógrafo que me enseñó muchas cosas sobre manejar la imagen, Rodolfo Llinás, los que me gustan a mí también son los sentimentales con los actores como Emiliano Suarez que vive en París, Omar Porras que vivió en Suiza, que ahora anda creo que por Bogotá, que tiene un grupo de teatro en Suiza y tienen una editorial llamada ‘La Mondá’”.



¿Te pareció bueno el de rincón el oftalmólogo, en España?



“Ah pero esa habilidad a mi me gustó mucho. Es un personaje muy singular, yo no moralizo a los personajes que entrevisto porque incluso puede ser Al Capone, un talento puede ser Pablo Escobar de alguna manera, la moralización es un proceso que viene después, que no es artístico y sin embargo talento serán tipos que tenían algo en el cerebro y ese tenía”.



¿Cuánto tiempo duraste en ese proceso?



“Como dos años”.



¿Hubo personajes que no entrevistaste y lo lamentas?



“Por supuesto que sí. Además hago mía la crítica de que había mucho talento que se quedaba en el país y no se iban y a los cuales había que hacerles, pero no se trataba de un repartir de medallas, se trataba simplemente de un programa de televisión con unas limitantes de cierto número de programas y había que escoger los que iban a salir”.



¿De todo lo que has hecho, cuál te ha llenado de más satisfacción?



“Yo soy un “Bon Vivan”, tú te has dado cuenta, me gusta la buena vida, yo me he buscado trabajos que me den placer también, o sea que me de mucho placer hacerlos. “Cine revista” era un programa como el del Mundo al Instante y se pasaba por los 240 teatros de Cine Colombia que andábamos por todo el país filmando en 35 minutos cine mudo y que lo post-producíamos en Caracas y luego en Nueva Cork, que es donde me enamoro yo de Nueva York y luego me voy a vivir 8 años”.



¿También hiciste cine?



“Claro, he hecho cinco películas. Una es “Ay Carnaval” que es una película experimental de 9 minutos que hicimos con las uñas con la misma plata de nosotros. Hicimos también “Aroma de muerte”, es un mediometraje de 25 minutos que ganó un premio, hicimos “Amores Ilícitos” que es un largo de una hora para televisión, no es un telefilme, es la historia de amor entre un blanco español y una negra nuestra. Estuve en “Los Elegidos” como director asociado. En la película “El Guacamaya” fui coguionista, una película que fue Opera Prima en el Festival de Nantes”.



¿Háblanos de la crónica que hiciste del hombre que le mostró el pene al presidente?



“El episodio que me cuenta es de Juan Darío Moreu, quien lo vivió y lo sufrió en carne ajena porque el pipí era de mentira. Fue en la época de Andrés Pastrana, invitado como presidente al Carnaval y entonces Darío Moreno que se pone un disfraz de sátiro enorme, grandote, lúdico, rojo, pasa al lado del sitio donde está el presidente y se coge el falo gigante y le dice al presidente: esto es lo que usted nos ha estado metiendo durante todo este tiempo y entonces alguien en la autoridad, al otro día, no lo deja desfilar y obliga a que el falo viaje con un grupo de policías de la parte de afuera hasta el final del desfile y él acepta desfilar sin falo y se pone un parche en la boca y otro en donde va el falo y desfila igual como acto de protesta. Y es uno de los más grandes teatreros que tenemos en Barranquilla”.



¿Cuéntanos por que te enamoraste del escritor cordobés de quien hiciste un libro?



“Yo llegué primero a él a través de los poemas, un amigo mío, Eligio García Márquez, que murió y a quien le dedico el libro de La Cueva. Estando en Nueva York, él me mandaba poemas, me mandaba cosas, entonces me mando un libro de Gómez Jattin y a mi me encantó, me estremeció la poesía de Gómez como no me había estremecido ningún otro poema de poetas colombianos con breves excepciones como Aurelio Arturo, Darío Jaramillo Agudelo, Juan Manuel Roca. Él me manda un pedazo de un libro, no recuerdo bien, creo que era ‘Retratos’, que me encantaron, entonces yo le dije mándame más y fui conociendo más a través de la poesía de Gómez Jattin y luego me fui enterando de su vida que era un tipo que se botó a la calle y su costo de la buena poesía era derrumbar su propio cuerpo, su propia dormida, como efecto lo inmoló en Cartagena, entonces me parecía interesante reconstruirlo dado que yo no lo conocía. Además que fue un libro como objeto muy bonito, la primera edición fue una edición de lujo”.



Tus libros tienen precios exorbitantes...



“La primera edición. Siempre hay una edición popular. La edición popular de La Cueva cuesta 40 mil pesos y nadie lo dice. Y la edición popular de Raúl aquí se vende a 20 mil pesos y nadie lo dice. Siempre te critican cuando te sales de las normas y uno se puede salir de las normas por arriba o por abajo y por qué no salimos por arriba, hay otros que se salen de las normas haciendo por ejemplo libritos a mano, escribiéndolos a mano y repartiéndoselos a los amigos, eso no se lo critican porque es pobre, a la gente le gusta emparejarte por la pobreza, el mismo Gabo y el fundador del M-19 Jaime Bateman decían que lo interesante era que la burguesía se apoderara, que todos fuéramos burgueses, que todos viviéramos bien que todos tuviéramos acceso al ron y al Whiskey, no que todos los que tiene se volvieran pobres, la repartición de la miseria no me parece inteligente”.



¿Después de esto que viene?



“Esto apenas comienza, nosotros estamos realmente estableciendo, imponiendo el bar restaurante primero incluso en su aspecto también cultural o sea que abrace a los periodistas, a los fotógrafos, a los pintores, que encuentren aquí también un lugar propicio para que ellos estén, se la gocen, vivan su ocio y muestren sus obras, para todo eso se necesita capital, entonces hay que solidificar primero la parte económica y luego abrir las puertas en ese sentido, un poco ya altruista hacía los artistas. Eso hay que apoyarlo, hay que garantizar una programación musical permanente, una programación literaria permanente, aún cuando sea periódica de cada mes.

Nosotros no tenemos ninguna obligación sino con nuestros amigos de La Cueva, que no nos están patrocinando, sino dando fondos, incluso a personas que nos dan un millón de pesos, dos millones al año y nos ayudan a levantar los proyectos; pero después de esos millones, por ejemplo, la publicación que se llama Crónicas, como también Crónicas Alfonso Fuenmayor, la familia Fuenmayor nos ha dejado utilizar el nombre. Crónicas saldrá bimestral y tendremos también un programa de radio de una hora semanal que se llamará Cueva en el Aire”.



¿Tendrá apoyo nacional?



“Si, el Ministerio de Cultura ya es una entidad semilla dio 50 millones de pesos para la restauración y se ha ofrecido también a apoyarnos como sala de concertación, es decir que muchos programas que se lleven a cabo aquí serán cofinanciados también por el Ministerio de Cultura”.



¿Aún no ha llegado la avalancha internacional?



“La curiosidad ya está despierta, los bogotanos quieren que llegue rápido diciembre para pegarse la escapadita desde Cartagena”.



¿Llegará el momento que habrá que ampliarlo?



“Lo que me parece importante es fortalecer la Cueva en ayuda de la gente que tiene producción tanto literaria como pictórica, fotográfica que sean de las líneas que ellos marcaron hacía allá me parece a mí que hay que fortalecer, más la fundación que el bar-restaurante, yo creo que el sitio ya tiene una gran inversión, se puede sostener por si mismo, hay es que aprovechar eso en beneficio de la cultura, aprovechar el bar-restaurante, que la gente lo conozca, para que nosotros podamos seguir financiando otros proyectos, por ejemplo salida de libros, que generalmente son gastos, porque en un libro uno no invierte, invierte sus energías, su talento, pero nunca te pagan lo que vale un libro ¡por eso hay que venderlo ¡caro! (risas)”.



¿Te desvinculas de Bogotá periodísticamente?



“Yo estoy trabajando en un proyecto que me solicitaron unos amigos para licitar un diario cultural en Señal Colombia, yo viajaré a Bogotá precisamente a estudiar eso a reforzar el proyecto. Es un programa que yo dirigiría, pero me imagino que a nivel conceptual tendría que ir cada semana, cada quince días”.



¿Estabas en la terna para ser el director de la Comisión Nacional de Televisión?



“Yo estuve como en una supuesta terna para ser Comisionado pero nunca me dijeron, en eso se pone a lanzar nombres pero yo no me hubiera ido, a mi no me interesa irme a Bogotá”.



¿En tus planes no tienes escribir otro libro?



“Gracias a las columnas que estoy haciendo en El Heraldo, estoy sacando temas de reflexión que podrían darme un libro de ensayos y de ubicarme otra vez en la eterna novela que he estado escribiendo desde hace muchos años”.



¿Como ves a nivel internacional la prensa, radio y televisión de Colombia?



“A mi no me gusta meter en el mismo saco a todo el mundo, creo que aquí hay personajes de la radio y del periodismo que son maravillosos, que hacen escuela internacional, que dan ejemplo, pero así también pienso que hay basura como en todo”.









Edgar García Ochoa
flash@elcolombiano.net

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