Japón no se está apoderando del mundo, pero China…

La preocupación no sólo apunta a que China tenga éxito en su intento de convertirse en superpotencia, también se teme que, al cabo de un tiempo, fracase

NUEVA YORK -- Ni siquiera 20 años han pasado desde que la fuerza económica inexorable y aparentemente irrefrenable de Japón provocara temor en el corazón de los estadounidenses, y ahora ha surgido China para ser vista como la nueva amenaza económica que podría afectar a los intereses estratégico vitales de Estados Unidos.



El auge de Estados Unidos en los años 90, aunado al deslizamiento de Japón en un pantano económico durante gran parte de la década, acalló la mayoría de los temores de que los japoneses se fueran a comer el almuerzo económico de los estadounidenses.



Pero ahora China está dispuesta a apoderarse de todo desde Unocal hasta Maytag, sin mencionar una dieta constante de bonos de la Tesorería de Estados Unidos. Y muchas de las voces principales que se preocuparon por Japón en los años 80 están advirtiendo que China representa un acertijo mayor y más complejo.



“En retrospectiva, probablemente exageré la naturaleza del desafío japonés”, dijo Chalmers Johnson, prominente experto en Asia que a principios de los 90 argumentó que Japón era “la única nación con verdadera influencia sobre Estados Unidos”. Pero, añadió, “China es varios grados de magnitud diferente de Japón”.



China no es sólo mucho más grande y poblada. Su economía probablemente se convertirá en la más grande del mundo en algún momento en los próximos 50 años. Mientras China siga creciendo a un ritmo tan acelerado, la competencia con Estados Unidos por los recursos energéticos pudiera causar una tensión sustancial.



El temor que tuvieron los estadounidenses del ascenso japonés en los años 80 fue inspirado por la economía y el orgullo. El creciente déficit del comercio bilateral, conforme compañías japonesas adquirían liderazgo en industrias que anteriormente eran dominadas por empresas estadounidenses, proyectó una nube sobre la autoconfianza de Estados Unidos. La compra japonesa de activos estadounidenses de alto perfil, ya fuera Columbia Pictures o el campo de golf Pebble Beach, simplemente lo reiteró.



Las relaciones con China tienen una dimensión geopolítica más compleja. A diferencia de Japón, China es una potencia militar. Y no es un aliado incondicional de Estados Unidos. Desde Taiwán hasta Oriente Medio, los intereses estratégicos de China difieren de los de Estados Unidos. Conforme haga sentir su poder, para asegurarse suministros de energía, por ejemplo, o para beneficiarse de la tecnología estratégica, China puede causar que los formuladores de políticas estadounidenses no terminen de desconcertarse.



Por ejemplo, si el gobierno estadounidense bloqueara la oferta de China National Offshore Oil Corp. para adquirir Unocal, podría simplemente empujar a China a firmar acuerdos energéticos que el gobierno de Estados Unidos más bien no haría con países como Rusia o Irán.



“Evidentemente la relación entre Estados Unidos y China es mucho más ambivalente que entre Estados Unidos y Japón”, dijo Clyde V. Prestowitz, negociador comercial durante el gobierno de Ronald Reagan que en los años 80 advirtió que el ascenso de Japón pudiera eclipsar el poder de Estados Unidos y comprometer su prosperidad.



Esas diferencias pudieran garantizar una revisión más cuidadosa de acuerdos como la pretendida compra de Unocal por parte de la compañía petrolera estatal de China.



Robert b. Reich, ex secretario del Trabajo del gobierno de Bill Clinton que como profesor de Harvard a principios de los años 90 argumentó que las grandes inversiones japonesas en Estados Unidos no eran amanazadoras, dice hoy que una adquisición china de un activo potencialmente estratégico como Unocal pudiera ser inquietante.



“En términos económicos, no hay razón para bloquear la propiedad china de activos estadounidenses al igual que no había razón para bloquear el que Japón comprara activos estadounidenses en los años 80”, dijo Reich. “Pero en términos políticos en el 2005, quizá haya una razón para tomer en serio la desventaja de que China posea Unocal”.



Pero incluso los más preocupados por el ascenso de China en la escalera económica, política y militar reconocen otra diferencia, quizá más importante, entre China y el Japón de los años 80. Estados Unidos tiene un interés creado en el éxito de China.



Para los novatos, mientras que el éxito de Japón en su momento era inevitablemente vissto como el fracaso de Estados Unidos, hoy las empresas estadounidenses están todas empeñadas en que China tenga éxito. Porque poseen muchas plantas ahí.



“Era virtualmente imposible que un extranjero hiciera una adquisición en Japón”, dijo Prestowitz. “En China, ya están ahí. Las empresas estadounidenses cabildean en favor de China, no en contra de China”.



Algunos de los viejos enemigos de Japón ven la creciente interdependencia de Estados Unidos con China con sospecha. “Interdependencia significa dependencia”, dijo Susan J. Tolchin, profesora de política pública en la Universidad George Mason quien en 1993 fue coautora de “Selling Our Security” (Vendiendo Nuestra Seguridad), el cual argumentaba contra permitir la inversión extranjera en las compañías tecnológicas estadounidenses. “Si perdemos nuestra independencia económica vamos a perder nuestra independencia de movimiento en política exterior”.



Sin embargo, la mayoría reconoce que la transformación de China de un estado comunista que luchaba por salir adelante a una nación próspera con una creciente participación en el sistema global de economías de mercado es en beneficio de Estados Unidos. Por ejemplo, si el banco central chino posee montones de bonos de la Tesorería de Estados Unidos, tiene razón para no querer desestabilizar al mercado de bonos.



“No puedo ver como una China burguesa rica no pudiera ser de nuestro interés”, dijo Johnson. “Si estamos interesados en nuestra seguridad, deberíamos establecer lazos de colaboración con China ahora”.



La diferencia en el énfasis aparece en un cambio en los ensayos de Prestowitz sobre Asia. En 1988, publicó “Trading Places: How we are giving our future to Japan and how to reclaim it” (Cambiando de lugar: cómo estamos cediendo nuestro futuro a Japón y cómo reclamarlo”. Este año, publicó “Three billion new capitalists: the great shift of wealth and power to the east” (Tres mil millones de nuevos capitalistas: el gran viraje de la riqueza y el poder hacia el este).



Actualmente, dijo Prestowitz, el mayor riesgo no es que China tenga éxito en su ascenso para convertirse en una superpotencia económica. El mayor riesgo es que fracase.



EDUARDO PORTER
The New York Times News Service

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