La “bomba” demográfica quizá no explote

La amenaza es ahora más regional que global, explosiva sólo en lugares como India y Pakistán

¿Recuerda la bomba poblacional, la explosión de fertilidad que devoraría los alimentos del mundo y absorbería o contaminaría todo su aire y agua? Su mecha de ninguna manera ha sido encendida. Pero en las últimas tres décadas, mucho de su poder de detonación malthusiano se ha fugado.



Las tasas de natalidad en países desarrollados desde Italia hasta Corea se han hundido por debajo de los niveles necesarios para que sus poblaciones se reemplacen; la edad típica para el matrimonio y el embarazo se ha elevado, y el uso del control de natalidad ha aumentado más allá de los sueños de Margaret Sanger y las pesadillas del Vaticano.



La amenaza es ahora más regional que global, explosiva sólo en lugares como India y Pakistán. Desde 1968, cuando la División de Población de la ONU predijo que la población mundial, ahora dde 6,300 millones de habitantes, crecería a por lo menos 12,000 millones para el 2050, la agencia ha revisado regularmente a la baja sus estimaciones. Ahora espera que la población alcance una meseta en 9,000 millones.



¿Dónde fueron esos miles de millones? Millones de bebés han muerto, una fracción de ellos de sida, muchos más de malaria, diarrea, neumonía, incluso sarampión. Más millones han sido víctimas de abortos, ya sea para evitar el nacimiento o, como en China e India, para evitar dar a luz una niña. (La tecnología del ultrasonido barata ha facilitado en la última década determinar el sexo de un feto.)



Pero incluso el sida y el aborto son gotas en la cubeta demográfica. Los miles de millones verdaderamente desaparecidos son los bebés que simplemente nunca fueron concebidos. No fueron concebidos porque sobrevivieron sus potenciales hermanos y hermanas mayores, o porque la vida de las mujeres mejoró. En el Oeste rico, mamá fue a la universidad y decidió que tener tres hijos mientras acudía a la escuela de graduados no sería posible. En las partes oriental y sureña pobres del planeta, mamá encontró empleo en un taller y no necesitaba un cuarto o quinto hijo para cortar leña.



"En un granja, los hijos ayudan con los cerdos o los pollos", explicó Joseph Chamie, director de la división de población de la ONU. Casi la mitad de los habitantes del mundo viven en ciudades ahora, dijo, "y cuando uno se traslada a una ciudad, los niños no son tan útiles".



Más allá de eso, simples medidas de salud pública como presas para tener agua limpia, vitaminas para mujeres embarazadas, el lavado de manos de las comadronas, las sales de rehidratación oral para los bebés, las vacunas para los pequeños y los antibióticos para todos ayudaron a duplicar la esperanza de vida mundial en el siglo XX, de 30 a 60 años.



Más niños sobrevivientes significan menos incentivo para dar a luz con frecuencia. A fines de los años 70, el nivel de fertilidad promedio del mundo era de 5.4 nacimientos por mujer; en el 2000, era de 2.9. Salvo la guerra, la hambruna, la epidemia o el desastre, un país necesita una tasa de natalidad de 2.1 niños por mujer para mantenerse constante.



El ejemplo mejor conocido de reducción es Italia, cuyas mujeres alguna vez fueron símbolo de fecundidad en parte debido a las tradiciones campesinas del país y en parte debido a su catolicismo, que rechaza el control de la natalidad. Para el 2000, la tasa de fertilidad de Italia era la más baja de Europa, en 1.2 nacimientos por mujer. Se espera que su población descienda en 20 por ciento para mediados de siglo.



El desplome de Italia superó a la rica, liberal y protestante Dinamarca, donde las mujeres tuvieron acceso antes al control de la natalidad. Dinamarca estaba por debajo de su nivel de reemplazo poblacional en 1970, con 2.0 nacimientos por mujer, y se deslizó a 1.7 para el 2001. En el país más pobre de Europa, Albania, donde los habitantes rurales aún viven en recintos de clanes armados, la tasa de 5.1 nacimientos por mujer de 1970 cayó a 2.1 en 1999.



Incluso en el norte de Africa, considerado la mayor excepción a la tendencia poblacional en contracción, las tasas de natalidad han descendido un poco. La de Egipto, por ejemplo, pasó de 5.4 nacimientos por mujer en 1970 a 3.6 en 1999.



Chamie, de Naciones Unidas, dice que las cifras refutan lo que él llama el "mito de la fertilidad musulmana", una descripción injusta, dice, que desaparecerá conforme sea más fácil la vida para las mujeres musulmanas. Las jordanas, por ejemplo, dijo, tenían ocho hijos por mujer en los años 60; ahora la tasa es de 3.5. (Al otro lado del río, las cifras de Israel pasaron de cuatro en los años 50 a 2.7 actualmente.) En Túnez e Irán, el número podría estar cerca de dos hijos, dijo.



Las viejas ideas de la fertilidad asiática son similarmente falsas. China ha llevado su tasa de fertilidad por debajo de la de Francia; la población de Japón está menguando con la edad; y después de cinco décadas de industrialización, Corea del Sur, un país predominantemente rural con seis nacimientos por mujer durante los años 50, ahora tiene 1.17 nacimientos por mujer.



Alarmados por las tendencias, muchos países están pagando a sus ciudadanas para que se embaracen. Estonia paga una licencia de maternidad de un año. El ministro del Tesoro de Australia, Peter Costello, introdujo subsidios de 2,000 dólares por bebé en el presupuesto de 2004 de ese país. Dijo a sus conciudadanos que "vayan a casa y cumplan con su deber patriótico esta noche".



Las prefecturas japonesas, enfrentando el problema en una primera etapa, organizan cruceros de solteros. Unico entre los países desarrollados, Estados Unidos tiene poca necesidad de financiar el romance porque su tasa de natalidad se ha mantenido constante en 2.13 por mujer. Su crecimiento, alrededor de 3 millones de personas al año, es alimentado principalmente por la inmigración, como lo ha sido desde la llegada de los primeros colonizadores.



La mitad del crecimiento poblacional del mundo se da en seis países: India, Pakistán, Nigeria, Indonesia, Bangladesh y China (pese a su desacelerada tasa de natalidad). Eso dificulta la predicción de calamidades más que en 1968, cuando Paul R. Ehrlich asustó a todos con su libro "The Population Bomb" (La Bomba Poblacional). Los cambios en la fertilidad en países individuales son notoriamente impredecibles, dijo Nicholas Eberstadt, experto en población del Instituto Americano de Empresa, de manera que igual se podría usar una Ouija para predecir las consecuencias.



Los cambios locales pueden ser incluso más difíciles de anticipar. Calcuta, por ejemplo, alguna vez epítome de sobrepoblación, está empezando a contraerse, dijo Eberstadt.



El padre de la bomba poblacional, Ehrlich, profesor de estudios poblacionales y biología en Stanford, dice que se sintió "agradablemente sorprendido" por los cambios globales que han socavado las proyecciones más sombrías del libro. Incluyen la política de un solo hijo de China y la rápida adopción de mejores semillas y fertilizantes por parte de los agricultores del Tercer Mundo, lo que significa que pueden alimentarse más bocas, aunque sólo con maíz y arroz. (Señala, sin embargo, citando cifras de la ONU, que alrededor de 600 millones de personas van a la cama con hambre cada noche.) Pero Ehrlich aún argumenta que el "tamaño poblacional óptimo" de la Tierra es de 2,000 millones. Eso es diferente del tamaño máximo sustentable, que depende del consumo de recursos.



"Tengo severas dudas de que podamos dar sustento incluso a 2,000 millones si todos vivieran como ciudadanos en Estados Unidos", dijo. "El mundo puede dar sustento a muchos más santos vegetarianos que a idiotas que conducen Hummer".





Por DONALD G. McNEILL Jr.

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