La ceguera del bribón…


Un diciembre, por allá a finales del siglo pasado —1998 ó 1999 —, mi hijo Armando Ed llegó de Maracaibo (Venezuela) a pasar vacaciones conmigo y luego de los abrazos, besos de bienvenida, preguntas sobre el viaje y ‘puesta al día’ sobre varios temas, sacó de la maleta una boina roja que su madre me enviaba ‘de regalo’, con el mensaje implícito del orgullo que sentía por ser una de las fervientes seguidoras del —en sus palabras— ‘redentor de Venezuela’. Pioneras con Hugo.

Creo que se la devolví en la misma maleta, advirtiéndole que no fuera tan ilusa, que ese mequetrefe era un lobazo con piel de yo no fui. El tiempo hizo el resto y un buen día recibí una llamada desde los terrenos del desengaño, en la que la ‘proge’ de mi hijo me confesó que hacía campaña en un referendo revocatorio que buscaba sacar a Hugo del coroto.

Trampa de por medio, eso no se dio y a los que firmaron en contra del tiranozuelo comenzaron a cerrarles todas las puertas del máximo contratador de ese país: Papá Estado. Las empresas satélites que medran del erario público imitaron el mal ejemplo y así poco a poco muchos nuevos profesionales fueron entrando al mercado laboral del paro, por el pecado original de haberse opuesto al mandamás desde la trinchera universitaria. Uno de esos fue mi hijo. También una sobrina. Él, ingeniero mecánico. Ella, doble ingeniera: petrolera e industrial.

Con los nudillos raspados de tocar tantas puertas sin éxito alguno, hace 4 meses ella decidió probar suerte en Bogotá y le salieron ofertas de dos empresas petroleras. Hoy vive en el país de sus padres y reparte su tiempo entre un campo de exploración y la capital. Y es feliz.

Por su parte Armando Ed se mamó de estar ‘resolviendo’ con lo que le saliera y se vino a estos lares hace menos de un mes a buscar mejor suerte.

Por eso no es extraño que hoy el bribonzuelo diga que él no verá la Venezuela que sueña —a pesar que piensa mandar hasta el 2031— pero que si la verán sus hijos, sus nietos... y los muchachos venezolanos de hoy. Lo que no dice es que sus sueños están signados por el drama cubano, por la Cuba destruida y miserable que Fidel le deja a la generación que un día también creyó en él. Y a sus hijos. Y a sus...
Alfredo Mantilla
editor@elcolombiano.net

Acerca del Autor