La cosa se puso buena en ‘la nevera’


El salto de rana que acaba de producirse en el ambiente político colombiano, con la alianza entre Gina Parody y Antanas Mockus, no sólo le insufla emoción a una campaña sosa que parecía decantada entre dos personajes: Gustavo Petro y Enrique Peñalosa, sino que más allá de esa carga de adrenalina —impensada hasta hace unos días, dado que las cábalas de todos los entendidos apuntaban a un respaldo del hombre de los mimos al ex del Polo— mete en el paquete de las emociones un ‘picadito’ extra: el reto de la discípula a su maestro y mentor, además de la confrontación entre dos tendencias antagónicas frente a la cultura del ‘todo vale’.

La joven Parody —criticada por muchos dizque por sus orígenes de cuna de plata—, cada vez que tiene la oportunidad desliza que al ex presidente Álvaro Uribe lo sigue llevando en el corazón —porque entró a la política de la mano suya—, aunque advierte que tomó la distancia que ahora los separa cuando él se alejó de los principios que la enamoraron, con toda esa mezcolanza de respaldo ‘paraco’ a congresistas afectos al gobierno, sin que él dijera nada y antes por el contrario buscara su respaldo para ‘imponer’ sus propuestas parlamentarias, la manipulación para lograr la reelección y el mesianismo en el que cayó el ex jefe de estado hasta llegar a creerse irremplazable.

Hoy Uribe está detrás de la candidatura de Peñalosa y esa fue la principal razón para que Mockus dejara las toldas verdes y, luego de algunas vueltas, hubiera destapado el sombrero de las sorpresas con la revelación del nuevo binomio, en sendas cartas en las que cada uno señala al otro como candidato ideal, aun que es claro que a la final debe ser Parody la abanderada.

¿Por qué lo anterior? Bueno, hay varias razones. ¿La principal? Es poco lo que la joven le puede arrimar al profesor, mientras que Mockus si tiene una legión de seguidores que andaban sumados a Petro por la ‘eventual’ alianza y ahora podrían volver siguiendo la fragancia de una dama que supo plantar como toda una ‘verraquita’ al ‘patrón del Ubérrimo’, cuando muchos peones oportunistas se encaramaban al carro victorioso del todopoderoso don Alvarito.

Eso tiene un valor que nadie puede negar e independientemente de si los bogotanos lo ven así, esta elección podría ser muy interesante. ¡Mucho!
Alfredo Mantilla
editor@elcolombiano.net

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