La de 1994… una elección proclive de adoptar y, del otro lado, evitar

Ahora los papeles están invertidos y los demócratas son los ‘retadores’ en este reality político

WASHINGTON — Si es una obviedad que el ejército siempre pelea la última guerra, también es cierto que los partidos políticos luchan en la última gran campaña. Este año, los dos partidos están estudiando las culminantes elecciones intermedias para el Congreso de 1994, cuando los republicanos, liderados por Newt Gingrich, arrasaron con los demócratas sacándolos del poder en ambas cámaras por primera vez en 42 años.



Esa campaña enfrentó la disciplina republicana implacable contra los demócratas complacientes, no acostumbrados al combate político. Y el ambiente que había se parece bastante al que rodea a los partidos este otoño: el electorado estaba descontento con el Presidente, profundamente decepcionado del Congreso y preocupado por la dirección del gobierno. En esta ocasión, los demócratas son los aspirantes y los republicanos están en funciones, y la política ha cambiado muchísimo en los últimos 12 años. Sin embargo, este otoño ambos partidos, para bien o para mal, están utilizando muchas de las lecciones de 1994.



A continuación, una revisión de las viejas ideas nuevas.



Prepararse para lo peor



“En 1994, perdieron muchos demócratas en funciones que pensaban que tenían asegurados los escaños”, dijo Philip A. Klinkner, un catedrático de gobierno en el Hamilton College de Nueva York, quien publicó un libro sobre las elecciones de 1994.



Recordando que los demócratas no se dieron cuenta ni comprendieron totalmente que se trataba de tiempos difíciles para el partido en el poder, ahora los republicanos se han estado preparando durante más de un año para la avalancha.



Ken Mehlman, el dirigente del Partido Nacional Republicano, ha recaudado 175.8 millones de dólares para su operación ir tras el voto y anuncios en televisión, en comparación con los 97 millones de dólares obtenidos por su contraparte demócrata, Howard Dean.



Trabajadores republicanos han revisado concienzudamente los antecedentes de potenciales aspirantes demócratas, y han encontrado información potencialmente dañina que se puede ver en anuncios que ahora llueven a cántaros sobre los espectadores del país.



Y los republicanos presionaron el botón del pánico durante el verano, diciéndole en voz alta al mundo que tenían problemas. Es muy posible que esos sentimientos alarmistas hayan sido sinceros, pero también ha habido cierto cálculo político. La advertencia de que los demócratas podrían tomar el poder ha hecho que los donantes extiendan cheques, alienta a los republicanos desanimados a votar, y empuja candidatos asustados a que hagan campaña.



También ha permitido que los líderes republicanos hagan lo que en gran parte los demócratas no hicieron en 1994: persuadir a los que están en funciones y que no enfrentan un reto grave a que den dinero a los que sí lo tienen. El representante por Nueva York Thomas M. Reynolds, jefe de la campaña republicana para el Congreso, ha dejado claro que espera que los candidatos en funciones que parecen tener certeza de su reelección que aporten fondos de su campaña para ayudar a los republicanos en problemas.



Ponerlos por escrito



Una de las pocas cosas en las que Gingrich y Dean están de acuerdo, al parecer, es que los republicanos, en no poca medida, ganaron en 1994 porque expusieron una agenda: el Contrato con Estados Unidos.



“El contrato realmente importó por un amplio espectro de razones”, dijo Gingrich, quien en ese entonces era el líder republicano. “Le decía a cada candidato republicano: 'Puedes tener confianza, puedes ser positivo'. Si hubiésemos hecho una campaña negativa, si hubiésemos hecho una campaña de odio contra Clinton, no hubiésemos obtenido el control de la Cámara de Representantes”.



Joe Gaylord, un consultor republicano que fue lugarteniente de Gingrich para organizar la toma del poder, dijo que ellos determinaron que la primera prioridad en una campaña insurgente era detallar “lo que haremos cuando lleguemos al poder”.



“Si la gente va a votar por el cambio, necesita saber cuál es el tipo de cambio por el que está votando”, dijo Gaylord. También hubo beneficios menos obvios: una agenda diseñada en Washington proporcionó a los candidatos más débiles “una cuerda de salvamento de la que colgarse y explicar lo que harían de ser elegidos”.



Algunos demócratas argumentan que este año al partido le iría mejor si se hace a un lado para mantener el centro de atención en una Casa Blanca vacilante. Después de todo, ¿para qué sacar ideas que den a los republicanos un blanco en los días que vienen? Y algunos analistas políticos argumentan que se exageró el impacto del Contrato con Estados Unidos: la mayoría del electorado ni siquiera lo conocía. Sin embargo, la mayoría de los demócratas ya está de acuerdo en que esa parte de la estrategia de 1994 es lo que el partido necesita en 2006: Dean dijo que está convencido de que los republicanos tomaron el poder porque “tenían claro que estaban unificados y querían una dirección nueva”.



Los demócratas han dado a conocer su propia agenda de seis puntos —”Seis para el 06”—, pero al parecer aún no ha tenido gran efecto. En una encuesta de opinión de New York Times/CBS News dada a conocer la semana pasada, sólo 38 por ciento de los encuestados dijo que los demócratas habían proporcionado una idea clara de lo que harían si ganan la Casa Blanca.



Eso puede deberse a que los demócratas del 2006 no han podido equiparar la unidad de los republicanos en 1994. Por ejemplo, Dean y el representante por Illinois Rahm Emanuel, el jefe del comité para las campañas congresionales demócratas, no se hablan por un pleito de dinero.



Atacar primero



Gaylord, el consultor republicano, dijo que aprendió una cosa de los demócratas en 1994: que la vieja regla de la política —no hacer caso del oponente— está equivocada. Dijo que un partido en el poder tiene que regresar el golpe con prontitud y firmeza ante las amenazas. El partido en el poder las debe desacreditar —los profesionales de la política prefieren la palabra “definir”— antes de que haya la oportunidad de que se den a conocer.



Eso es lo que precisamente están haciendo ahora los republicanos. El viernes, en Carolina del Norte, los republicanos lanzaron un anuncio furioso en la televisión en el que atacan a Heath Shuler, un demócrata que contiende contra el representante Charles Taylor, por un retraso en el pago de sus impuestos. Los republicanos dijeron que esperan gastar la mayor parte de su presupuesto en publicidad en anuncios negativos.



Los demócratas han aprendido la misma lección, y han regresado el ataque con el suyo propio. Y también se han movilizado para aprovechar la ventaja haciendo lo que Gingrich hizo en 1994: transformar las elecciones en un referendo sobre el partido en el poder y un Presidente impopular.



Por ejemplo, Emanuel dijo que su comité tomó prestado algo de un anuncio republicano por radio transmitido en 1994, en el cual una voz que parecía la del presidente Bill Clinton dejaba un mensaje en la contestadora de un congresista demócrata en el que agradecía por votar por la Casa Blanca. Este año, un anuncio demócrata presenta una voz que se parece mucho a la de Bush, que deja un mensaje parecido para el controvertido representante Chris Chocola, un republicano de Indiana.



Controlar el mapa electoral



Finalmente, en 1994, la cantidad de escaños en juego era grande: alrededor de 100, en comparación con sólo 40 de ahora. Eso daba a los republicanos suficientes blancos contra los cuales atacar, lo que, en retrospectiva, hacía que su victoria pareciera fácil. Ninguno de los partidos ha perdido de vista esa lección este año.



Los demócratas han hecho un esfuerzo concertado para aumentar la cantidad de contiendas competidas, para la evidente ansiedad de los republicanos.



Los republicanos han contraatacado invirtiendo pronto y mucho en contiendas que parecen estar al borde de ser competidas —por ejemplo, en el norte de Nueva York y en Florida— para tratar de contenerlas de inmediato.



Es claro que tanto retadores como candidatos en funciones han extraído lo que consideran son las lecciones correctas de 1994. Sin embargo, con el debido respeto para Gingrich y Gaylord, al paso que va esta campaña, parece una apuesta bastante buena que la próxima vez que haya una elección intermedia crucial será la de 2006 —y no la de 1994— la que estarán estudiando republicanos y demócratas.



ADAM NAGOURNEY

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