La diáspora necesita un representante que no bese traseros

A propósito de símbolos y cleptocracia

Uno de los elementos mas difíciles de entender al interior de una sociedad es el desarrollo de símbolos, mitos o arquetipos que se conviertan con el tiempo en referencia inevitables.



Lo que podría darle un vuelco completo a la historia política de Colombia, seria el surgimiento de un líder o un grupo de líderes que entendieran y manejaran los símbolos y a través de sus actos afectaran efectivamente el destino político del país.



Desde el interior de Colombia es físicamente imposible que surja un cambio real, cada 4 años asistimos al deprimente espectáculo de cambios cosméticos, mejor ejemplificado en el nombramiento del ex presidente Pastrana a la embajada en Washington. Y mejor resumido en el popular adagio de <>



La Alternativa Exterior, es como toda idea, algo difuso, un sueno lejano. Un cambio positivo y efectivo para el país surgido desde el exterior, por una generación de colombianos cultivados en medios ajenos a la Cleptocracia institucionalizada y aparentemente ya natural en Colombia.



En otras palabras, todo el ambiente político en Colombia esta contaminado desde sus genes por la corrupción, todo aquel que se dedica a la política lo sabe, lo acepta y lo maneja; y todo aquel que trata de ir en contra es eliminado moral o físicamente. La alternativa armada esta agotada y ha mostrado no ser el camino y ahora surge la posibilidad de un cambio desde el exterior.



A pesar de todo, surge la Flor del Fango y hay belleza y esperanza en medio de pantano contaminado.



Un maestro en el manejo de los Símbolos es el catedrático, ex alcalde de Bogota Antanas Mockus, quien debutara en el mundillo político con un acto simbólico, al bajarse los pantalones ante un auditorio repleto de estudiantes cuando ejercía la rectoría de la U Nacional. Acto simbólico utilizado en la antigüedad y el medioevo, para ofender a los enemigos antes del combate y bajar su moral.



Mockus con su idea de educación ciudadana, sus tarjetas rojas y amarillas, sus pulgares arriba y abajo. Mimos en las esquinas y matrimonios en elefantes afecto la cultura capitalina, creando la posibilidad de un desarrollo sostenible en las estrategias de desarrollo de Bogota, como quedo demostrado posteriormente.



Actualmente entre los Candidatos y precandidatos a la curul internacional, no se vislumbra un líder con sufriente capacidad en el manejo de los símbolos, al menos no nos lo han demostrado aun.



Nuestro Representante, será conciente o inconcientemente un SIMBOLO que marcara positiva o negativamente a este proceso de encuentro de la diáspora. Deberá entender que su presencia por si sola aglutinara y será responsable del surgimiento de un tejido social que nos permita a mediano y largo plazo, trabajar con herramientas democráticas, para alcanzar nuestras metas sin necesidad de depender de las costumbres políticas del Congreso colombiano.



Prefiero un líder romántico a un experto un besar traseros.



Jairo Martínez, tuvo una oportunidad histórica, cuando en su llegada a Bogota hace 4 años se encontró sin oficina en el congreso para trabajar. Si hubiera entendido el poder de los símbolos, habría localizado a algún tinterillo de Bogota, le habría alquilado su toldo callejero e instalado en plena plaza de Bolívar, hubiera llamado a todos los medio para que se viera la forma como el representante de 4 millones de colombianos era recibido en los círculos del Congreso de Colombia -después de 11 años de espera.



Esa primera imagen habría sido demoledora, titular de primera pagina, micrófonos y tribunas para exponer sus ideas. Un icono para nuestro desarrollo.



Tristemente el problema de la oficina y todo lo demás lo resolvió en forma mas tradicional, con las rodilleras invisibles de las que habla Piñeres y adoptando posiciones sumisas ante lo instituido.



Yo no quiero otro Martínez. Pero necesito la lámpara de Diógenes, pues aun no veo al hombre (o mujer) que nos pueda guiar.



Saludos



Aguilera

Diego Aguilera
dbaguilera@aol.com

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