La enfermedad cubana…


He tenido la oportunidad de conocer personalmente a una inmensa cantidad de cubanos en Europa. Hay de todo, como es de esperarse. Desde escritores, artistas geniales, amas de casa, boxeadores, héroes, asilados, hasta putas mitómanos, locos, iluminados, de todo.

Conocí incluso a un ex preso político cubano que salió para Alemania con ayuda de Günter Grass, después de tres largos años de prisión, por el delito de haber fundado un periódico independiente. Dicho personaje es actualmente agente de la CIA, le pega a su mujer alemana y dedica todo su tiempo esfuerzo, energía y talento, en apoyar la ultraderecha mundial en todas sus formas. Le envía dinero generoso a sus hijas en Cuba, ya que pese a ser médicas, ganan una miseria, y el desea evitar que tengan la tentación de convertirse en jineteras. Una jinetera cubana gana 100 veces más que una médico cubana. Siempre me han llamado la atención los ultraderechistas negros.

Conocí también a Madeleine, una cubana negra, cincuentona, fea y llena de cicatrices, que enamoró a un alemán de vacaciones en la isla y se instaló con él en la ribera del rio Rhin. Dedica sus días a cocinar delicias para sus amigos y ser una perfecta anfitriona, hasta que alguien nombra a Fidel para algo, entonces deja de ser una dama sensata y se transforma en una verdulera arrogante, chillona y prepotente, que exige respeto incondicional al dictador, al cual venera.

O la inolvidable Ana Castillo, que a los 40 años se hizo preñar de un alemán para poder escapar de la isla, pero inculca a sus gemelos, educados en Europa, que Fidel es el gran héroe del siglo XX y que todo lo que dicen los medios sobre la dictadura es falso y un montaje.

O a un par de escritores asilados, novelistas ambos, que lograron engatusar a las autoridades alemanas con el argumento falso de que serían fusilados si volvían a la isla. Estuve presente en una reunión social en la que ellos, serviles y lambones como alfombras, suplicaban indignamente a los directivos de la organización de escritores que tramitó el asilo para ellos, que aún si caía la dictadura, ellos querían quedarse, por lo felices y agradecidos que están de estar en Alemania (nunca he sentido tanta vergüenza ajena). La caída de los Castro es lo peor que les puede pasar a estos intelectuales. Las mujeres de ambos son depresivas clínicas debido al mal clima de Alemania, pero ese es otro tema.

O a las putas que escuchas conversar en los bares y discotecas latinos, profesionales muchas de ellas, peleándose clientes. O a la que vi sollozar en el baño mientras decía: “Todo lo hago por mis hijos, yo lucho por mis hijos”.

Estas personas fueron mutiladas intelectual y síquicamente desde muy temprano. Sus vidas son un laberinto sin fin de traiciones, contradicciones y verdades a medias.

El mundo entero ha tolerado el infierno castrista durante demasiado tiempo. Es hora de analizar quienes se benefician con todo esto, porqué continúa este estado de cosas, y si la destrucción sistemática de tantos millones de seres humanos seguirá impune hasta el infinito.

La desgracia cubana es el espejo de lo que se le viene encima a Venezuela.

El escenario no podría ser peor.

Eva Durán
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