La historia nos ayuda a explicar la nueva ‘audacia’ de Bolivia

Los recursos naturales siempre han sido fuentes de conflicto entre Bolivia y sus vecinos

SANTA CRUZ, Bolivia — Desde mucho antes de que empezara el siglo pasado, Bolivia ha peleado repetidamente con sus vecinos por las riquezas sobre y bajo su suelo. Hasta ahora, ha perdido todas las veces.



Bolivia alguna vez fue tres veces más grande que el estado de Texas. La mitad del territorio que Bolivia alguna vez tuvo se ha ido, junto con una larga línea costera en el Pacífico y, algunos dicen, la dignidad del país.



Incluso el humilde Paraguay, también empobrecido y sin salida al mar, tomó su tajada; en una guerra de tres años que terminó en 1935, cuando Bolivia tenía ventaja numérica y de equipo, y a un veterano alemán de la Primera Guerra Mundial, el general Hand Kundt, para encabezar sus fuerzas.



Esa historia de humillación estuvo muy presente en la mente de los bolivianos la semana pasada cuando su presidente nacionalizó los campos de gas natural del país, y al hacerlo provocó una pelea con su gigantesco vecino, Brasil.



El Presidente Evo Morales, un izquierdista que hizo campaña para la elección el año pasado en base a promesas de restaurar el orgullo nacional, evidentemente espera que esta medida resulte una apuesta brillante, pero otros dicen que podría llevar a Bolivia a la ruina económica.



La historia predijo la nueva batalla. Los recursos naturales —desde el caucho hasta los nitratos y el petróleo— siempre han sido fuentes de conflicto entre Bolivia y sus vecinos. En una guerra del siglo XIX con Chile, la manzana de la discordia fue el guano, montones de excremento seco de aves entonces apreciado en Europa para hacer fertilizantes y salitre. En la guerra de 1935 con Paraguay, Bolivia buscaba asegurar una disputada región fronteriza en la cual esperaba encontrar petróleo, y terminó perdiendo el Chaco, una región del tamaño de Utah (100,000 vidas después, no se encontró petróleo).

En otro enorme conflicto, perdido ante Brasil hace un siglo, el caucho fue el premio. Los nitratos fueron la recompensa en otras disputas.



La batalla ahora es con compañías extranjeras, pero la apuesta —el control de la riqueza de Bolivia— es la misma. “Ha llegado el momento, el día esperado, un día histórico en el cual Bolivia retoma el control absoluto de nuestros recursos naturales”, dijo Morales el primero de mayo cuando ordenó que las tropas aseguraran las instalaciones de compañías energéticas privadas. “El saqueo de parte de compañías extranjeras ha terminado”.



La medida ciertamente fue audaz. Bolivia tiene las segundas reservas de gas más grandes en Latinoamérica en una época en que la demanda de energía está aumentando. Pero la compañía que tiene más que perder es Petrobras, la empresa energética del estado brasileño. Y al enfrentarse a Petrobras, Morales también está desafiando al país más influyente en Sudamérica.



Petrobras respondió diciendo que suspenderá las inversiones en Bolivia y empezará a buscar gas natural en otro lado. Algunos creen que Morales, quien asumió el poder en enero, se inspiró en, o quizá fue cuidadosamente asesorado por, el Presidente Hugo Chávez de Venezuela, cuyo gobierno izquierdista ha invalidado unilateralmente contratos con compañías petroleras privadas y elevado sus impuestos. Morales también es admirador de Fidel Castro, quien expropió compañías extranjeras poco después de tomar el poder en Cuba en 1959.



Bolivia, sin embargo, es poquita cosa en el mundo energético cuando se le compara con Venezuela, el quinto exportador de petróleo más grande del orbe. Y aunque es carismático y popular, Morales aún no ha logrado la estatura de Castro. “Han sido engañados por Castro y Chávez”, dijo Lawrence J. Goldstein, presidente de PIRA Energy Group, un grupo apoyado por la industria en Nueva York. “Se dejaron convencer de algo que regresará a morderlos, y morderlos duro”.



Gonzalo Chávez, analista político en La Paz, no está de acuerdo. Dijo que aunque la ubicación de Bolivia en el centro del continente fue una desventaja en confrontaciones pasadas, en estos días puede ayudar. Bolivia, afirmó, está en medio de países interesados en más integración económica y energética. Incluso se habla de un gasoducto que cruce el continente.



“Estos son tiempos diferentes”, dijo Chávez. “Hay integración, hay una conformidad ideológica”.



Una falta de unidad regional fue un problema importante en el pasado. Pero, desafortunadamente para Bolivia, también lo fue la incompetencia. En 1884, un ataque chileno contra la provincia Litoral a orillas del mar de Bolivia le costó al país su línea costera. En 1903, en medio del auge del caucho, Bolivia vio indefensa como Brasil convencía al enorme estado de Acre de separarse, privando al país de una gran parte de la Amazonia. Argentina y Perú también se aseguraron áreas ricas a través de demarcaciones diplomáticas.



Con el orgullo herido, los líderes de Bolivia —aconsejados por Standard Oil Co.— posteriormente intensificaron una serie de escaramuzas fronterizas con Paraguay, esperando asegurar territorios para la exploración petrolera y cosechando sólo la debacle en 1935.



El recuerdo de esas pérdidas, aunado a siglos en los cuales las compañías extranjeras han explotado su riqueza, ha amargado a muchos bolivianos y provocado algunas políticas que los forasteros podrían considerar ilógicas. Los resentimientos contra Chile que se originaron en la guerra de 1884, por ejemplo, aniquilaron un reciente plan para un gasoducto hacia la costa chilena aun cuando ya existía el respaldo financiero y los mercados estaban listos.



El decreto de Morales evocó las humillaciones, al señalar que los bolivianos han derramado su sangre por el “derecho a que nuestra riqueza de hidrocarburos regrese a las manos de la nación, para beneficio del país”.



“En este decreto”, dijo Nelson Cabrera, jefe de operaciones de la compañía energética estatal, “está la esperanza del pueblo”.



JUAN FORERO
New York Times Service

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