La mala educación

Siendo realistas, en muchos países el trabajo de los menores de la casa es necesario para que la familia subsista.

“Es un fracaso deplorable la situación de los niños en el mundo”, denuncia el Secretario General de Naciones Unidas, Kofi Annan. Los derechos de los más pequeños siguen sin respetarse tras quince años desde la Convención sobre los Derechos del Niño. En 1989, la Comisión sobre Derechos Humanos de la ONU estableció una serie de principios para proteger a los niños de los abusos y el abandono. Ciento noventa y un países ratificaron el acuerdo, pero la realidad es que todo quedó en una mera declaración de buena voluntad.



Más de 120 millones de niños no reciben educación, uno de cada cuatro sobrevive con menos de un dólar al día, uno de cada 12 muere antes de los cinco años, 20 millones son refugiados, más de 100 millones son explotados, otros muchos son esclavos o utilizados para la guerra... Organismos internacionales como el Banco Mundial han demostrado que ningún país ha conseguido progresar sin invertir antes en los niños. Los países que se han preocupado por su salud, su educación o la nutrición de los menores consiguen mejorar sus valores de desarrollo. La población menor de 16 años supone el 36% del total del planeta. Merece ser tenida en cuenta.



Un tercio de la población infantil no está reconocida en ningún registro, según datos de Unicef. Este trámite administrativo tras el nacimiento es fundamental para reconocer al niño como persona. El que los menores no sean inscritos favorece acciones de abuso y situaciones de desprotección. Además, se hace imposible conocer la verdadera dimensión de los problemas de los menores ya que no se pueden reconocer los derechos de alguien que no existe.



Los escenarios en conflicto son otro grave problema para la infancia. Los niños se han convertido en los “mejores soldados”. Tan sólo en 2001, medio millón de niños fueron reclutados por ejércitos estatales, paramilitares o grupos armados en cerca de 90 países. Y, al menos, 300.000 participaron de manera activa en los frentes. Las secuelas psicológicas de los “niños de la guerra” son tremendas. Son niños que han sido violados, obligados a matar y a denunciar a miembros de su propia familia.



Los niños también sufren la exclusión y la pobreza: más de 100 millones de niños en todo el mundo sobreviven en la calle. Al menos 18 millones deambulan por los suburbios de la India y 40 millones por América Latina. La pobreza, el abandono y la desestructuración familiar son las causas de que los niños vivan, y mueran. Suelen vivir en grupos en alcantarillas o basureros. La mayoría son adictos a las drogas, desde la heroína hasta el pegamento. Unicef denuncia que la mitad de los niños de las calles de Latinoamérica consume 20 millones de galones de pegamento al mes.



La prostitución suele ser una de las “salidas”. El tráfico de niños, la explotación pornográfica y los abusos sexuales son cada vez mayores en países asiáticos y de Europa del Este. El turismo sexual, además, se ha convertido en uno de los mayores reclamos de países como India, con más de 60 millones de niños que “trabajan” en burdeles, o Tailandia, donde miles de niñas son compradas a sus padres para en las redes de prostitución infantil. En este país, la industria del sexo supone el 60% del presupuesto nacional del país.



Ciento cincuenta años después de ser declarada la abolición de la esclavitud, la realidad se muestra bien distinta. Sobre todo, para los niños. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), 250 millones de niños menores de 14 años son esclavizados en el mundo. Muchos de ellos son obligados a trabajar entre 10 y 15 horas diarias en condiciones infrahumanas e insalubres.



La mano de obra infantil es una mano de obra barata. Pero, siendo realistas, en muchos países el trabajo de los menores de la casa es necesario para que la familia subsista. Muchos niños tienen que colaborar en la economía familiar, y los gobiernos tienen que trabajar para garantizar que estos niños puedan también asistir a la escuela y que realicen su trabajo en condiciones dignas. En este sentido, hay experiencias donde los colegios suspenden la actividad en las épocas de recolección para que los niños puedan ayudar en la tarea.



Los derechos de los niños ya están reconocidos por casi todos los países, excepto los lamentables casos de Estados Unidos y Somalia. La voluntad política existe. Ahora hay que actuar con responsabilidad y comprometernos, como adultos, para que todos los niños puedan contar con una infancia feliz.



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