La mujer más rica de Asia llegó al final de sus días, de tribunal en tribunal

La empresaria Nina Wang, la mujer más rica de Asia, murió a los 69 años de edad debido a una enfermedad no especificada, dejando una fortuna de más de 4.200 millones de dólares sin un heredero concreto.


Conocida por sus características trenzas arqueadas y apodada cariñosamente “little sweety” (algo parecido a “pequeña y dulce”), Wang era la presidenta de Chinachem Group, un grupo empresarial dedicado principalmente a las inversiones inmobiliarias y el desarrollo de propiedades.


Aunque ella nunca llegó a confirmarlo, existían rumores sobre su lucha contra el cáncer de mama, posible causa de su muerte, que tampoco fue especificada por su portavoz, Ringo Wong, al anunciar su fallecimiento.


Además de famosa por su riqueza, el nombre de Wang apareció repetidas veces en los titulares de la prensa china por la batalla legal que ganó contra su suegro, relacionada con una propiedad de su desaparecido esposo.


Su marido, Teddy Wang, fue secuestrado en 1990 y declarado muerto nueve años más tarde, aunque su cuerpo nunca fue encontrado.


En 2004, un tribunal dictaminó que Nina Wang había falsificado el testamento de su desaparecido marido y que su suegro, Wang Dinshin, era el único heredero de la fortuna.


Sin embargo, una apelación sirvió un año después para invalidar la sentencia y la magnate hongkonesa heredó la disputada propiedad.


Nina y Teddy se conocieron en los años de colegio a través de sus familias, ambas de la clase alta de Shanghai, que tenían negocios en común. En 1955, con 17 años, se fueron a Hong Kong, donde se casaron un año después.


Según el abogado de la millonaria, tras los ocho años de disputas en los tribunales, Wang y su marido vivían una relación de cuento de hadas y seguían enamorados tras varias décadas de matrimonio, hasta que Teddy fue secuestrado por segunda vez, en esta ocasión para no regresar.


No obstante, el suegro de Wang, con el que se enfrentó en los tribunales, cuenta una versión diferente y asegura que Nina había tenido un amante y que, al descubrirlo, su marido, indignado, la había borrado de su testamento de 1968, dejándole toda la herencia a su padre.


Años después se dio a conocer un nuevo testamento que, según los abogados de Nina, había sido escrito por su marido un mes antes de su desaparición, en 1990, y en la que la magnate aparece como única beneficiaria.


El futuro que tendrán los miles de millones a nombre de Wang y la empresa que presidía es aún incierto, ya que el matrimonio no tuvo hijos, aunque la empresaria tiene al menos un hermano que podría ser el afortunado heredero.


Respecto a su apariencia, Wang era conocida por su atrevida y alegre forma de vestir, ya que abusaba de colores vivos y minifaldas, poco comunes para una mujer de su edad, así como por sus divertidos peinados, entre los cuales destacan sus populares trenzas.


Además, pese a su fortuna de más de 4 mil millones de dólares, evitaba los lujos de la vida millonaria: prefería marcas baratas y comida rápida o sencilla a las ropas de diseñadores famosos y restaurantes de cinco tenedores.


A veces, sin embargo, le costaba esconder su afán de ostentación y a mitad de la década de los 90 planeó construir el rascacielos más alto del mundo, con un presupuesto de 1.300 millones de dólares, que se llamaría “Torre Nina”, con 108 plantas.


No obstante, en 1997 el Gobierno canceló su ambicioso proyecto debido a las restricciones de altitud en la ciudad.


Según el último ránking de la revista Forbes, Wang ocupaba el 35 puesto entre los más ricos de Asia.


Sea por su fortuna, su alegre y atrevida forma de vestir o sus excéntricos planes, Nina Wang será recordada por los siete millones de hongkoneses como uno de sus más emblemáticos personajes.

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