La nobleza de un ‘arrogante’


Algunos le llaman arrogante. Otros engreído. Una buena cantidad, prepotente. Los que de alguna manera guardan las formas, metrosexual. Pero los que no se contienen cuando sacan a pasear el homofóbico que llevan dentro, le tildan con el hiriente marica. ¡No!, no me estoy refiriendo al tenientito que manda en Venezuela, Diosdado Cabello, sino al jugador portugués del Real Madrid de España, Cristiano Ronaldo. CR7. El depredador de las redes de todos los clubes de fútbol que militan en la liga española y de muchos europeos también.

El mismo Cristiano Ronaldo que levantó millones de ronchas cuando un día dijo que a él le tenían envidia porque era guapo, rico y excelente jugador de balompié. Por eso y por otras razones es quizá el futbolista que más pitan los fanáticos de equipos contrarios. Lo cogen de ‘monita’. Pero CR7 parece no pararle bolas a eso y cada vez que convierte un gol —lo cual sucede con mucha frecuencia— lo grita con gestos que parecieran retar a las tribunas que le adversan fuera de la plaza madrileña. Especialmente si la guinda de ese pastel la logra contra el enconado rival del equipo merengue, el Barcelona. El conjunto en el que milita Lionel Messi, el argentino con el que mantiene una guerra aparte por el cartelito del ‘mejor del mundo’. Su némesis. Su ‘enemigo’ número uno en los códigos futboleros. Al que no se le da ni la mano cuando los demás intercambian saludos.

Pues bien, con todos esos antecedentes, me llamó positivamente la atención que al concluir la final de la Copa del Rey disputada entre los dos máximos rivales del fútbol español y ganada por el Real Madrid, Cristiano Ronaldo, quien vio el partido desde un palco debido a una lesión, bajó a la cancha para compartir con sus compañeros la alegría del importante triunfo y en un gesto que nadie esperaba, tuvo la nobleza de acercarse al acongojado Messi —de discreto accionar la noche del miércoles— y le pasó el brazo por encima de los hombros, diciéndole quizá que así es el deporte —“se gana y se pierde, Lio”— como si se tratara del hermano mayor consolando al pequeño de la casa, en una imagen inédita de estos dos ‘monstruos’ del fútbol mundial.

Con esa jugada, no cabe duda que CR7 marcó el gol del broche de oro de la noche. Sin sudar la camiseta. Desde aqui un aplauso.
Alfredo Mantilla
editor@elcolombiano.net

Acerca del Autor