La política significa a veces tener que decir “lo siento”

Algunos de los rivales demócratas de la senadora Hillary Clinton están tratando de convertir en defecto de carácter su negativa a disculparse sobre Irak

Muy bien, así que la senadora Hillary Rodham Clinton no accedió a las demandas de algunos demócratas de disculparse por su voto en 2002 autorizando la acción militar en Irak.


Pero eso no significa que tenga alergia a ofrecer disculpas.


Simplemente lo hace a su modo, muy al estilo de Hillary, como muestra una revisión de sus disculpas.


Clinton puede ser más bien hábil, por ejemplo, al dar la vuelta a sus disculpas para que generen simpatía hacia ella. Durante la campaña de su esposo contra el primer Presidente George Bush en 1992, en medio del escándalo de Gennifer Flowers, Hillary Clinton casualmente mencionó a un periodista rumores de que Bush se había involucrado en “actividad” extramarital. Pronto mostró arrepentimiento por su chismorreo de este modo:


“Fue un error. La gente me hacía preguntas en ese momento y respondí. Pero nadie sabe mejor que yo el dolor que puede causar incluso la discusión de rumores en la conversación privada, y no quise dañar a nadie”.


Mary Matalin, asesora de la campaña de Bush en ese entonces dijo: “¿Llaman a eso una disculpa?”


El autodesprecio también es característico de ella. Después de un desliz de una frase en 2004 —que Gandhi dirigía una estación de gasolina en St. Louis— se atizó a sí misma diciendo: “He admirado el trabajo y la vida de Mahatma Gandhi. Verdaderamente lamento si un torpe intento de ser graciosa lo sugirió de otra manera”.


Como muchos políticos talentosos, en cuestiones de estado —como la derrota de 1994 del esfuerzo de reforma de la atención médica que ella encabezó— su admisión de error puede ser tan matizada que quienes la escuchan se preguntarían si realmente pretendía disculparse.


“No estoy amargada”, dijo en el otoño de 1994. “Cometimos errores. Pero realmente me siento bien sobre la forma en que terminó. Hicimos que la gente hablara de los servicios médicos nacionales. La gente dice: 'No te des por vencida'. Así que no lo haré”.


Por ello, la gente que dice que Clinton es demasiado pedante para admitir un error sobre Irak al menos está equivocada a la mitad. Hay muchos ejemplos de cómo admitió estar equivocada. Y en ocasiones lo hace rápidamente, como en 1992 ante la cantante de country Tammy Wynette, famosa por el éxito de 1969, “Stand by Your Man”, después de decir que ella no era “alguna mujercita de pie al lado de su hombre como Tammy Wynette”.


También puede ser lenta al admitir un error, y lo ha lamentado. Dice en su autobiografía que no apreció el costo político del escándalo de Whitewater, y que, como resultado, se cometieron errores de relaciones públicas. En una conferencia de prensa sobre Whitewater en 1994, dijo que una de las cosas que más lamentaba era que su renuencia a dar información a los medios noticiosos alimentó la imagen de que estaba ocultando algo.


Algunos de sus rivales demócratas están tratando de convertir en defecto de carácter su negativa a disculparse sobre Irak. Dos veces en las dos últimas semanas, el ex senador John Edwards de Carolina del Norte, ha dicho que los votantes quieren un presidente que “diga la verdad cuando se cree que ha cometido un error”, como lo expresó durante una visita a Nueva York.


Pero más allá del hecho de que Clinton dice que no tiene nada de que disculparse, ella sabe, como con Whitewater, que disculparse en medio de una guerra política es riesgoso. En realidad, ha dicho que está dispuesta a perder votantes en vez de dar una disculpa en la que no cree.


“En política, la gente demanda una disculpa de un oponente para humillarlo”, dijo Deborah Tannen, profesora de lingüística de Georgetown que ha escrito sobre las disculpas.


Muchos estadounidenses no aman a los líderes que se disculpan sin ton ni son. En 2004, los votantes eligieron a un republicano para presidente que se mantuvo en su guerra contra todos los críticos en vez de a un demócrata que sonó como si pidiera disculpas cuando dijo que votó en favor de 87 millones de dólares en financiamiento para tropas antes de votar en contra.


Y el Presidente Bill Clinton fue ridiculizado en algunos círculos como el disculpador en jefe, no sólo por fallas personales (ver Lewinsky, Monica) sino por todo un libro de historia de errores nacionales (desde el comercio de esclavos hasta Ruanda).


Graham Dodds, científico político de la Universidad Concordia en Montreal, que ha estudiado las disculpas políticas, dijo de Hillary Clinton: “Proviene de un hogar versado en el arte de la disculpa política, y, estoy seguro, conoce los riesgos de parecer que se disculpa excesivamente”.


Sobre asuntos exteriores, más allá de Irak, Clinton no ha sido blanco de los que buscan disculpas. Habla con cuidado preciso de asuntos de seguridad nacional.


En una revisión de su historial de disculpas, sólo destaca un mea culpa en el escenario internacional: Que no rechazó de inmediato declaraciones de Suha Arafat, esposa del líder palestino Yasser Arafat, en un evento conjunto donde Suha Arafat sugirió que Israel había usado gas tóxico para controlar a los palestinos. Clinton denunció la declaración un día después, diciendo que había recibido una traducción incompleta.


La sabiduría convencional sostiene que un comandante en jefe no puede parecer débil, y una candidata para el cargo enfrenta un estándar de dureza aún más estricto.


“Somos una cultura machista, y pienso que toda mujer en cargos públicos tiene que encontrar su camino para negociar eso”, dijo Tannen. “Como es mujer y tiene que probar que es dura, mantenerse en su posición es lo mejor que puede hacer. Y como es mujer y muchas personas no toleran la dureza en las mujeres, va a ser criticada por eso”.


Tannen ve cuatro elementos en una buena disculpa: Se admite la falla; se expresa pesar; se reconoce el daño hecho; y se debe prometer corregirse o prometer no cometer el mismo error de nuevo.


Sobre la cuestión de su voto sobre Irak en 2002, Clinton ha echado la culpa al Presidente Bush. Ha expresado pesar de que él usara la votación del Senado en 2002 como un medio para la guerra, reconoció que la guerra fue mal dirigida y prometió que no votaría de la misma manera de nuevo. No exactamente el procedimiento de una disculpa.


En este aspecto, dijo Dodds, es más como Bush que su esposo. “Es característico de Bush que se apega a su posición sin importar nada”, dijo Dodds. “Si se disculpara ahora, se abriría a la acusación de voluble.


Las disculpas falsas, también, pueden fracasar fácilmente. Al igual que las admisiones de remordimiento a medias.


“Lo real en una disculpa es que pude hacer parecer débil a una persona poderosa, como si Hillary admitiera errores sobre Irak y los demócratas no aceptaran eso”, dijo Dodds. “Una disculpa no siempre funciona”.

PATRICK HEALY
NUEVA YORK

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